Caleta Olivia: la basura y la muerte

Caleta Olivia está a 1.800 kilómetros de Buenos Aires. La gloria de la producción de hidrocarburos pasó y la crisis desnuda bolsones de vulnerabilidad poblacional. La ciudad está rodeada de basurales. Los más pobres buscan allí el alimento. Una chica de 19 años, con enfermedades de la pobreza, murió después de comer del basural.
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Por Silvana Melo

(APe).- A mil ochocientos kilómetros de Buenos Aires, tan lejos de las oficinas de dios, Caleta Olivia se va cayendo hacia los pies del país. Nació cuando desembarcó un capitán de la Armada para tender unos cables telegráficos y fundarla con el nombre de su mujer. Pero explotó cuando apareció el chorro de petróleo a los pies de los buscadores de riquezas y ahí empezó la gloria, junto con el amanecer del siglo XX. En estos días, una chica de 19 años, desnutrida y estragada por una situación social insostenible, murió luego de alimentarse en el basural.

Ahora, lejos del hacinamiento extremo del conurbano, la caleta se derrumba cuando YPF se va, la producción se cae, Santa Cruz es un territorio inmenso y vacío, el desempleo avanza y los comercios comienzan a cerrarse, sin esperanza.

En Caleta Olivia los basurales están muy cerca del límite urbano. Son algo así como una frontera entre los que se sostienen y los que se caen. De la basura se alimentan numerosas familias en una población de 56.000 habitantes castigada por una crisis amenazante. La chica de 19 años que murió en estos días es una víctima de todas las puntas de esta tragedia. Una madre analfabeta con nueve hijos sin poder alimentarlos ni aun con el esfuerzo de los comedores que lo intentan en los alrededores de Caleta también quedó internada con tres de sus hijos más pequeños.

La dimensión humana de esta muerte es inmensa. Nadie la evitó. Como nadie evitará que esa misma familia siga buscando alimentos en los basurales suburbiales de la ciudad una vez que el hospital la dé de alta.

Que en Caleta Olivia haya basurales a metros de la ciudad se suma a la contaminación generada en la explotación de hidrocarburos que sostuvo su economía durante gran parte de su historia. Pero el desastre ambiental se asocia con el hambre cuando una parte de su población más vulnerada tiene que revisar los desperdicios de los demás para buscar una sobra que se pueda comer. Es una contaminación ambiental, social, humana, con responsables precisos.

Las organizaciones sociales de Caleta Olivia conocen a la familia de la joven que murió, la definen como “de extrema vulnerabilidad” pero dejan en claro que "no es la única que lleva años buscando comida en el basural". Describieron una situación muy compleja en una geografía donde el frío y la penumbra llegan pronto y se quedan demasiados meses. La ayuda oficial presenta muchas restricciones para su acceso, los merenderos apenas pueden atender una vez por semana, los representantes gubernamentales se desentienden, los insumos no llegan, la última entrega fue en septiembre de 2025 y luego llegaron mínimos aleatorios, muchos de quienes donaban ahora necesitan asistencia, una desigualdad desesperante.

En los arrabales, la alternativa extrema del basural.

Y la muerte adyacente. Esperando agazapada en los desechos.


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