Cada 3 segundos


Por Alberto Morlachetti

(APE).- Chaplin decía en 1939 que “en este mundo hay sitio para todos”. La buena tierra es rica y puede alimentar al entero género humano. Pero una inteligencia brutal -a pesar de la abundancia- nos ha dejado apenas el deseo. La “declamada” renuncia a seguir matando por parte de las grandes transnacionales que manejan a los países llamados ricos los condujo a suscribir los Objetivos del Milenio y -como si fuera proeza- reducir a la mitad la pobreza, el hambre, la mortandad infantil para el año 2015. Pero produjo la utopía contraria: nos ha hecho entrar a mayor velocidad y a “paso de ganso en la miseria y en la sangre”.

Los objetivos se lograrían recién para el año 2215, como denunciara el Presidente Chávez -con singular coraje- el 15 de septiembre en la ONU. El Presidente Venezolano exponía el desamparo de los pueblos y la búsqueda desesperada -en los tiempos oscuros- de una razón para reír.

Ocho días antes -el 7 de septiembre- el informe anual del PNUD de Naciones Unidas reveló que cada tres segundos -en algún lugar del planeta- muere un niño como resultado de la pobreza. Tres casos de sangre en el -quizás- penúltimo grito del mundo y el enigma de un mecanismo perverso distribuidor de la riqueza “que instala la miseria en su centro de difusión” como si la historia tuviese una identidad de naturaleza hostil contra el sueño de la vida que nos tira de la manga para mostrarnos la mirada de esos niños víctimas de la miseria que no regresarán jamás o “regresarán sin palabras”.

La luna gotea dura luz de invierno sobre la nostalgia de las horas que transcurren y todavía soñamos, a pesar de que cada hora la muerte de 1200 niños -cuyos nombres no sabremos jamás- dibuja cartografías de espanto pero apenas consigue despertar alguna tristeza en ese extravío que se llama imaginario.

Pronto estas noticias serán enterradas -quizás- en ocasos conmovedores y el tiempo con sus grandes pasos convertirán las mentas en abono de la tierra y cada uno podrá cultivar para su deleite las rosas más secretas.

Pero ya nadie muere de amor, aunque el hambre sea un crimen.

Fuentes de datos: BBC Mundo 07-09-05 y Diario Página/12 16-09-05

 


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