Billie Holiday y la invasión a Venezuela

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Por Carlos del Frade

(APe).- En medio de la pandemia del coronavirus, mientras el pueblo de Estados Unidos recibe la noticia que deben esperar, por lo menos, cien mil muertes, su gobierno, el del señor Trump, anuncia el envío de la mayor fuerza de Occidente hacia las aguas del Caribe y del Pacífico contra Venezuela “para proteger al pueblo norteamericano de la lacra mortífera de las drogas”. La maravillosa voz de Billie Holiday todavía resuena como testimonio de que ni siquiera las mafias del narcotráfico son el problema.

¿Qué hay detrás de las flotas estadounidenses rumbo a Venezuela? ¿Qué hubo detrás de la persecución a la icónica cantante de jazz negra que murió a fines de los años 50 encerrada en su casa?

“De los árboles del sur cuelga una fruta extraña,
Sangre en las hojas y sangre en la raíz,
Cuerpos negros balanceándose en la brisa del sur,
Extraña fruta que cuelga de los álamos.

Escena pastoral del galante sur,
Los ojos saltones y la boca torcida,
Aroma de las magnolias, dulce y fresco,
y el repentino olor a carne quemada.

Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos
Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire,
Para que el sol la pudra, para que los árboles la suelten,
Esta es una extraña y amarga cosecha”.

Esta es la desgarradora poesía que cantaba como una verdadera diosa exiliada de olimpos prohibidos, Billie Holiday, cantante de jazz, entre los años treinta y cuarenta en los Estados Unidos.

Billie está considerada como la tercera voz más maravillosa que escuchó esta atribulada cápsula espacial llamada planeta Tierra.

Murió encerrada en su casa, perseguida por la primera ola de las guerras contra las drogas impulsada por el imperio.

Su mentor de entonces era Harry Anslinger, primer comisionado de la Oficina Federal de Narcóticos, desde su creación en 1930 hasta 1962.

Billie era consumidora pero cantaba esta poesía de “Strange Fruit” y denunciaba la matanza de sus hermanas y hermanos en el sur de Estados Unidos. Ese era su verdadero delito. Informaba las cacerías de personas negras desde los nichos paraestatales del país de “la libertad”. Pero la persiguieron por consumidora.

Su muerte, en realidad, es consecuencia de la primera guerra contra las drogas que impuso Estados Unidos.

El periodista inglés John Hari, luego de escribir su libro “Tras el grito”, después de haber recorrido nueve países en tres años investigando esta repetida bandera de combate contra los estupefacientes, dijo que “la guerra contra las drogas era una manera de atacar a los afroamericanos y otras minorías étnicas y mantenerlos sometidos”.

Y sostiene que la persecución, encierro y posterior muerte de Billie se “hizo por motivos políticos e ideológicos, no por una cuestión de salud pública”.

Hoy, en medio de la pandemia del coronavirus, mientras el pueblo de Estados Unidos recibe la noticia de que deben esperar, por lo menos, cien mil muertes, su gobierno, el del señor Trump, anuncia el envío de la mayor fuerza de Occidente hacia las aguas del Caribe y del Pacífico contra Venezuela “para proteger al pueblo norteamericano de la lacra mortífera de las drogas”. Trump no está solo. Su operativo está acompañado de otros 21 países, asegura.

Una vez más, como en aquella década del 30, la guerra contra las drogas encubre el intento de dominación económica y política del imperio.

La maravillosa voz de Billie Holiday todavía resuena como testimonio que ni siquiera las mafias del narcotráfico son el problema.

Que el verdadero problema para el imperio es la denuncia, la independencia y la insubordinación a sus mandamientos.

Nadie niega los problemas internos de Venezuela. Pero una fenomenal flota de intervención e invasión que avanza sobre su pueblo no puede ser presentada como una cruzada contra uno de los principales negocios que impulsa Estados Unidos desde hace más de medio siglo.

La historia personal de Billie debe servir para saber los motivos reales del imperio en su avanzada contra el pueblo venezolano.

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Edición: 3975


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