Atroz

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Por Sandra Russo

(APE).- Matías Martínez, de 16 años, y Ricardo Edgar Pared, de 18, peleaban por sus vidas y su pronóstico era reservado después del incendio desatado en la comisaría Séptima de Corrientes. No lo lograron. Murieron. Los dos chicos estaban detenidos. Y se quemaron. ¿Cómo? ¿Por qué se quemaron? Los familiares de los dos adolescentes denunciaron que los guardias dejaron a las chicos “esposados mientras el fuego avanzaba sobre ellos”.

Otros tres detenidos se encuentran en gravísimo estado, pero los médicos ya habían desahuciado a Matías y a Ricardo.

Matías estaba preso por averiguación de antecedentes. Sí como se lee. Por averiguación de antecedentes. “Mi hijo salió con el cuerpo en carne viva, los pulmones llenos de humo y tan grave que ahora sólo estamos esperando su muerte, porque los médicos no nos dan esperanzas”, lloró su madre, Silvia Paredes, en la guardia del Hospital Vidal, antes de la muerte de su hijo.

La abuela de uno de los detenidos fallecidos, Daniel Romero, estaba en el lugar esperando junto a su hijo que liberaran al chico, también detenido por averiguación de antecedentes. Los dos vieron cómo la comisaría se prendía fuego. Los dos vieron que nadie lo apagaba. Los dos vieron salir de allí, después, los cuerpos quemados.

El incendio se desató cuando un interno ingirió un objeto metálico para que lo llevaran al hospital. “En ese momento, para llamar la atención de los guardias, otros internos empezaron a cortar colchones y prenderles fuego para arrojarlos en los pasillos”, dijeron los familiares.

Pero el fuego se volvió incontrolable, al menos para los detenidos. Los guardias no apagaron las llamas ni abrieron las celdas. Los chicos se quemaron vivos.

Matías había sido detenido en las calles Tacuarí y Callao, cerca de su casa, porque no respondió a un llamado policial. Ese hecho marcó una historia, le dio comienzo y fin. No responder a un llamado policial, si es que éste existió, ya que es sabido que las patrullas suelen detener gente por portación de cara, implicó para Matías este infierno y esta manera de morir: acorralado.

Las autoridades de la comisaría Séptima fueron relevadas. A pesar de la tragedia y de sus tremendas consecuencias, los policías desplazados ni siquiera tuvieron el coraje de avisar a las familias.

Atroz, y sin embargo réplica de tantos otros hechos similares, de esos terribles usos y costumbres de las comisarías en las que no debería haber detenidos. Atroz, y sin embargo sucede, y sucede, y sigue sucediendo. Nadie lo para.

Fuente de datos: Diario Crónica 17-01-06


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