Angelelli: hay que seguir andando

“Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”. La frase del obispo Angelelli parece todavía ser un método de construcción política en tiempos de saqueos. “Hay que seguir andando nomás”, frase que repetía el obispo de La Rioja asesinado el 4 de agosto de 1976 sobre la ruta 38. Allí donde lo mataron florece la droga. Una síntesis del sistema.
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Por Carlos del Frade

(APe).- -Hay que seguir andando nomás…

Frase simple pero alentadora. Dicen que la repetía Enrique Angelelli, el obispo de La Rioja, asesinado el 4 de agosto de 1976, sobre la ruta 38.

Parece ser una síntesis del sistema. Allí donde mataron al Pelado que quería multiplicar los panes y los peces y echar a los mercaderes que privatizaron el templo de la vida, desde hace muchos años transita uno de los principales negocios del capitalismo como es el narcotráfico. Donde mataron a Angelelli floreció la ruta de la droga.

Pero como es verdad que hay que seguir andando, la memoria es porfiada y busca sacudir el presente de resignación.

A medio siglo del asesinato de Angelelli y sus principales colaboradores, habrá actos y encuentros, asambleas y palabras que denuncien el presente y muestren senderos del mañana.

-La vida como viene – es otra de las frases que más repiten los comprometidos con la construcción del reino de los cielos aquí abajo.

Y es también una bella reunión de palabras, la vida como viene. El lunes 3 de agosto, en la Universidad Nacional de La Rioja se realizará el Encuentro Nacional por una Argentina justa, fraterna y solidaria, basado en el legado de los mártires riojanos.

-Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio…

Esa frase todavía parece ser un método de construcción política para estos tiempos de saqueos en la Argentina que se desvanece.

Pero lo cierto es que medio siglo después, Angelelli no forma parte del olvido ni de la melancolía.

Por eso es bueno remarcar la visión política que compartía con otros dos obispos en los años setenta, como Alberto Devoto de Goya, Corrientes y Antonio Brasca, de Rafaela, Santa Fe, al morir Juan Perón el primero de julio de 1974.

“En diversas ocasiones cada uno de nosotros hemos escrito a los cristianos de nuestras respectivas iglesias locales. Hoy queremos hacerlo en forma conjunta, como expresión de comunión intereclesial, dirigiéndonos a nuestros pueblos de La Rioja, Goya y Rafaela.

“Fieles al Concilio y al Magisterio de la Iglesia en Latinoamérica y en Argentina, claramente expuesto en Medellín y San Miguel, que nos guía, orienta e impulsa a la acción, queremos ser solidarios con nuestro pueblo y comprometernos, cada vez más, con él en su proceso histórico, entendiendo que este debe manifestarse hoy con nuestro aporte concreto en el momento actual.

“Es misión de la Iglesia asumir la conciencia del pueblo e interpretarla, escuchándolo, captándolo y entendiendo sus expresiones, “porque la Iglesia es la conciencia del mundo”. Sólo así podremos unir nuestro aporte al suyo para que pueda expresarse y organizarse, para que sea él, el auténtico protagonista de su destino histórico.

“Después de largos años nuestro pueblo ha podido expresarse y ha hecho una opción que es profunda y va más allá de los límites de los partidos políticos. Ha optado por una concepción de vida, un estilo de vida, un núcleo de valores hecho carne en su tradición auténtica y en su historia. El pueblo argentino ha optado por un camino que le es propio. Ha optado por una concepción liberadora de la vida, que tiene como raíz los valores encarnados en su propio ser. No optó ni por el sistema liberal que hasta ahora lo ha oprimido, ni por la rigidez dogmática de un régimen marxista. Quiere construir su propia vida social, política, cultural y económica abierta al tiempo y a la historia, sobre la base de la justicia, la libertad y la soberanía.

Con conciencia y profunda intuición ha elegido a quienes hoy deben ser los intérpretes fieles de su propio ser.

“Ahora bien, para asegurar la continuidad de este proceso ya iniciado, es necesaria una plena fidelidad a todo aquello que constituye la verdadera liberación de todo hombre y de todos los hombres, sin excepción.

“Esto no se logrará:

1. Si todos nosotros, como pueblo, no asumimos un real papel de protagonistas de este proceso de reconstrucción;

2. Si como pueblo no nos mantenemos fieles a nuestros propios movimientos de base, para lograr que se realicen nuestras legítimas aspiraciones y expectativas;
3. Si no estamos dispuestos –con una entrega generosa y sin cuestionamientos estériles- a compartir juntos los inevitables sacrificios y exigencias que lleva consigo todo proceso liberador,

4. Si los que tienen la responsabilidad de servir al pueblo en una tarea de conducción no están dotados de honestidad, de sensibilidad humana, de capacidad para interpretar las expresiones e intuiciones del pueblo, y si no se esfuerzan constantemente por tener una visión clara de los objetivos de la revolución social en nuestro contexto argentino;
5. Si nosotros como cristianos no asumimos con coraje y esperanza las exigencias de nuestra fe en este proceso de liberación.

“Lo que implica:

-Un serio y real compromiso con los sectores más pobres y marginados –campesinos, changarines, hacheros, peones, obreros- exigiendo el reconocimiento de su derecho a ser incorporados al quehacer nacional y a participar organizadamente en las decisiones a nivel local, regional y nacional;

-Vivir en plenitud los valores del Evangelio –justicia, fraternidad, igualdad, entrega de sí mismo- y a la vez abierta a todos los valores manifestados en todo hombre de corazón recto;
-Mantener un espíritu de crítica constructiva, tendiente a evitar que el proceso de liberación se desvirtúe y se convierta en opresor del hombre.

“Que el Espíritu del Señor nos dé a todos su fuerza, para que seamos capaces de hacer todo esto”, terminaba aquel documento.

Y firmaban los tres obispos, Angelelli, Devoto y Brasca.

Hoy, a medio siglo del asesinato del Pelado es imprescindible el compromiso con el pueblo y al mismo tiempo con un pensamiento propio que ayude a hacer realidad aquello de seguir andando nomás.

Fuente: “La Iglesia y la construcción de la impunidad”, del autor de esta nota y “Nueva Rioja”, lunes 27 de julio de 2026.


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