Amas de Cría y Nodrizas


Por Alberto Morlachetti

(APE).- En todas las ciudades de la colonia las amas de cría negras, amamantan a sus amitos blancos. Futuros encomenderos, conquistadores, comerciantes, militares, sacerdotes, abogados, "cabecean al compás arrastrado de los arrorroes. A veces el canto no es más que un sonido gutural, de violonchelo humano, emitido a boca cerrada", que adormece como una caricia.

Tan comunes debieron ser entre nosotros las amas negras, y tanto prolongaron su soberanía, sobre los sueños y la crianza de sus amitos blancos, que Lucio V. Mansilla, al intentar la biografía de su tío Juan Manuel de Rosas manifiesta que “no tomó leche de negra esclava, ni de mulata, ni de china”, deduciendo de ahí que tenía “sangre pura, por encarnación sexual y absorción sanguínea” según una teoría que ha hecho sonreír a los científicos, pero que coincide curiosamente con la de Fray Reginaldo de Lizárraga. Este fue, a fines del siglo XVI, visitador de los conventos dominicos de la provincia del Perú, en la que estaban comprendidas las nuestras, y luego, a principios del XVII, obispo de la Imperial, en Chile, y obispo del Paraguay. Escribió, después de haber recorrido vastísimos territorios, un libro con sus observaciones y recuerdos: Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile. Y en un capítulo se indigna por la abundancia de amas de color, asegurando que si “a ningún mero español criase negra ni india, otras costumbres esperaríamos”. Pero de nada sirvieron los escritos de Reginaldo. No se puede atacar a las amas que están en todas partes "canturreando, adormeciendo, nutriendo a la naciente sociedad colonial".

Las amas de cría negras, antes del fin de siglo XIX, fueron condenadas a la extinción y devoradas por el olvido. Inclusive "el arrorró" que todavía nos acuna, les fue expropiado y ya nadie recuerda a quienes lo gestaron. “Su origen se remonta a la época de los colonizadores, donde la nodriza esclava, mecía en sus brazos al “amito”, cantándole en su expresiva lengua bozalona “A-ro-ró”, voz africana, que repetían incansablemente las morenas, invitando al pequeño a dormir profundamente. Los negros en su media lengua, transformaban las palabras. En lugar de “dormir”, decían “romi” y simplificaban aún más diciendo solamente “ro” (...) De ahí, pues, que en su dulce forma imperativa, “A-ro-oró” significa: “A dormir, dormir” o “duérmete”.

Después del exterminio a que fueron sometidos los negros y con la llegada de la inmigración, a fines del siglo XIX y principios del XX, las nuevas amas de cría y nodrizas tenían otro color, y la palabra blanca. Los estratos más altos de la sociedad recurrieron, como siempre, al servicio doméstico para la crianza y educación de sus hijos. Las nodrizas, madres mozas, ofrecían sus senos y su leche al servicio de los hijos ajenos. Provenían de los sectores más empobrecidos de la sociedad y dar de mamar era un trabajo. No obstante para obtener mejor paga las nodrizas buscaban lactancias simultáneas, lo que perjudicaba la crianza de los hijos propios, la mayoría de ellos fallecían (dos tercios) por ausencia, y porque la lactancia y la salud se deterioraba por causa de la alimentación insuficiente. De nada servían las palabras de Alfredo Palacios que en el Congreso de la Nación (1906) manifestaba que la leche materna es propiedad del hijo. En general, las nodrizas eran colocadas en las familias por agencias que las ofrecían en los grandes periódicos de la época. El aviso cuidaba en señalar el origen como factor de calidad: inglesas, lombardas, vascas, italianas.

Hacia 1910, se leían avisos como en La Nación: “Ama robusta, recién llegada, leche de 3 meses, joven, sueldo $80, se ofrece; otra italiana, de primer orden, leche de 5 meses; otra vasca, con excelentes informes de crianzas anteriores, leche de 4 meses; otra inglesa, leche fresca, recomendada, sueldo $70 (…) en la más antigua y acreditada agencia de Irene Gay. Partera. Todas las amas tienen certificado de la asistencia pública“.

Cuando por 1925 la migración interna llenaba a Buenos Aires de rostros morenos, los senos oscuros y nativos no eran parte del tipo de nodriza o ama de leche deseada. Eran parte de esa América mestiza, cuyos linajes, en el imaginario de las clases dominantes, remontaban a la barbarie. Así el hábito de alimentar a los niños con leche de nodriza comenzó a disminuir, con lo cual la alimentación con leche artificial volvió a ser un tema preocupante para la sociedad.

Fuentes consultadas:

1) Negro y Tambor, Rubén Carámbula, Buenos Aires, 1952.
2) Cosas de Negro, Vicente Rossi, Librerías Hachette, Buenos Aires, 1958.
3) Morenada, José Luis Lanuza, Editorial Schapire, Buenos Aires, 1968.
4) Las nodrizas en Buenos Aires, Estela Pagani y María V. Alcaraz, Centro Editor de América Latina.

 


Suscribite

Suscribite al boletín semanal de la Agencia.

Sobre la fundación

Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.

Sobre la agencia

Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte