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Por Alfredo Grande
(APe).- Hace muchas décadas, no puedo y sobre todo, no quiero recordar cuántas, leí un artículo en los incipientes tiempos de los grupos Google, una nota sobre el “ECHELON”. Un programa experto que podía producir terremotos y tsunami. Me han dicho tantas cosas que, conspiparanoico, es la menos grave. Lo he recordado en ocasión del terremoto que lamentamos en Venezuela. Al terremoto político de secuestrar un presidente en ejercicio, su suma un terremoto material.
La Argentina padece varios terremotos. Con repeticiones multiples. Curiosamente, esos terremotos no son considerados como tales. Las muertes ocasionadas son de discapacitados, jubilados, enfermos, niños y niñas que padecen hambruna. Pero lo grave de toda gravedad es que los terremotos son producidos y calculados desde lo que llaman gobierno.

Lo digo de otra manera: gobernar es producir terremotos. Y por la visión cortoplacista de cierta dirigencia que habla como oráculo mediocre, parece que los terremotos continuarán. Transcribo parte de una nota importante de Resumen Latinoamericano que dirige el periodista y militante Carlos Aznarez. “Para entender la magnitud del trauma que ha golpeado al país –un cataclismo que sigue al inédito secuestro
del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, su esposa, perpetrado por los Estados Unidos el 3 de enero–, es necesario explicar qué significaba para el pueblo venezolano ese miércoles 24 de junio. No se trataba de un día de descanso cualquiera, sino de la celebración nacional de la Batalla de Carabobo de 1821, el momento cumbre en el que el ejército
patriota liderado por Simón Bolívar derrotó definitivamente a las tropas coloniales españolas, sellando la independencia de la nación. En el código
genético de la Revolución Bolivariana, Carabobo no es una efeméride de museo, sino el símbolo viviente de la ruptura de las cadenas coloniales y del
nacimiento de la patria soberana”.
Cito al filósofo León Rozitchner. No creo que él me considerara su discípulo, pero yo me siento discípulo de su obra y pensamiento. “Toda vida es cultural. Toda muerte es cultural”, aprendí de León. Cabe la pregunta: ¿todo terremoto es cultural? En todo caso, es importante establecer de qué cultura estamos hablando. Si de cultura represora hablamos, afirmo que todo terremoto es cultural. Se activan las alarmas cuando hay incendios, terremotos, tsunamis. Pero la continuidad de la cultura represora no es cuestionada. En una escala no necesariamente menor, se lamenta la ludopatía y los suicidios. (que, en realidad, son homicidios vueltos contra sí mismo) pero las causas político-económico-sociales que los origina se mantienen.

El exilio forzado también es un terremoto. La vida cotidiana de millones de argentinos, de latinoamericanos, de africanos, es un terremoto permanente. El terremoto como institución es la forma de vida que han decretado los mismos poderes que ahora ofrecen hipócrita y cínica ayuda.
¿Al gran pueblo argentino salud? Si la catástrofe cultural continúa, si el terremoto cultural no es enfrentado, deberemos cantar “Al gran pueblo argentino, ataúd”.
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