Acosta Ñu: el comienzo de la guerra contra la pibada

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Por Carlos Del Frade

   (APe).- La guerra de la triple infamia. Las burguesías argentina, brasileña y uruguaya contra el pueblo guaraní. El objetivo no fue elegido en el sur del mundo, sino en el centro del poder, en Gran Bretaña. La geografía de los confines debía ser lo que quisiera el norte. Nada de industrias ni mucho menos de autonomía política o económica. Paraguay, a su manera, había logrado educación pública sin analfabetos e incipiente industria. Una grosería para el imperio. Había que eliminarla. De allí vino la decisión. Destruir Paraguay. Entonces fue la guerra de la triple alianza, como dice la historia oficial de estos sitios cada vez más saqueados.

El 16 de agosto de 1869, la masacre de pibas y pibes de Acosta Ñu, el origen de la guerra contra la niñez en América del Sur. Hasta el presente dura esa guerra. Solamente hay que ver las noticias policiales, los índices de exilio escolar y las cifras y edades de las poblaciones carcelarias en el nuevo mundo.

Ciento cincuenta años se cumplieron de la masacre de Acosta Ñu.

Cuentan los medios de comunicación paraguayos en estos días de los ciento cincuenta años que “tras la caída de Piribebuy, el mariscal Francisco Solano López decidió abandonar su campamento en Azcurra y marchar hacia Caraguatay. Cubriendo la retaguardia avanzó un segundo cuerpo de Ejército, comandado por el general Bernardino Caballero, con cerca de 4.000 hombres, de los cuales unos 3.000 eran niños y adolescentes”.

El ejército aliado, con más de 20.000 combatientes y gran superioridad en armas, les dio alcance el 16 de agosto de 1869 en los campos de Acosta Ñu. El mariscal López ordenó al general Caballero que ofrezca combate y que resista en todo lo posible. La batalla empezó a las 8 de la mañana y se prolongó durante más de ocho horas. “El combate fue muy desigual, pero el heroísmo y el martirio de los niños soldados quedaron patentes en la historia. Se estima que 2.000 paraguayos resultaron muertos en combate y también ejecutados tras rendirse, mientras 1.200 fueron hechos prisioneros. Una vez más, la crueldad del comandante brasileño Gastón de Orleáns, Conde D’Eu, quedó de manifiesto, tal como ocurrió en la Batalla de Piribebuy. Acosta Ñu es considerado el mayor holocausto infantil en América”, dicen las crónicas del presente.

-En estos 150 años, nunca antes se pudo hacer un acto en el mismo campo de batalla porque se encuentra en terrenos privados y no se permitía el acceso - relata Papu Almide, un maestro de la zona.

Agregan los periodistas paraguayos que “en los años 50 y 60 del siglo pasado, el historiador barrereño Andrés Aguirre fue el principal impulsor de la causa y logró que se declare oficialmente el 16 de agosto como el Día del Niño Paraguayo. También pudo obtener que se construyan monumentos en homenaje a los niños mártires, tanto en la ciudad de Eusebio Ayala como en la cumbre del cerro Tapiaguaré, que pasó a llamarse Cerro de la Gloria, pero no pertenece al lugar histórico de la batalla, sino que dista a unos cinco kilómetros. Tras la muerte de Aguirre, la causa de los niños de Acosta Ñu quedó prácticamente en el olvido”.
Otras crónicas históricas señalan que cuando terminó la batalla, los brasileños y argentinos quemaron el hospital de campaña donde estaban internados los niños paraguayos heridos.

No debía perdonarse a esos chicos, a esas chicas que seguían peleando por lo que habían peleado sus padres y sus madres.

Ciento cincuenta años después de Acosta Ñu, la guerra contra las pibas y los pibes de estos saqueados arrabales del mundo, continúa de manera cotidiana y sorda.

Por eso es imprescindible guardar Acosta Ñu como una referencia en torno a la ferocidad del sistema contra las chicas y los chicos de América del Sur.

Dicen que el presidente paraguayo no quiso ir a los actos por los 150 años de la matanza de pibas y pibes de Acosta Ñu.

Lo cierto es que ese 16 de agosto de 1869 comenzó a inscribirse el guión de una película de terrorismo que continúa hasta el presente: arrasar con la pibada para que el mundo siga en manos de unos pocos.

Recordar Acosta Ñu es, si se quiere, una buena forma de mantener la resistencia ante semejante ferocidad impune.

En homenaje a aquellos chicos, en homenaje a nuestras pibas y nuestros pibes que pueblan las páginas policiales del tercer milenio.

Edición: 3927

 


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