¿Accidente?

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Por Sandra Russo

(APE).- La casa no era una casa. Era un amasijo de cartones, una especie de castillo de naipes levantado por alguien con mala suerte. La casa no quedaba en ninguna calle. Quedaba en un pasaje sin nombre del barrio El Arenal, en Lamarque, Choele Choel. Allí vivían una madre menor de edad con sus dos hijos, un nene de cuatro años y una beba de casi dos. Nelson y Marianela.

Sobre esa casa que no era una casa y que no quedaba en ninguna calle sobrevino la semana pasada la desgracia. Una de esas desgracias portentosas como las aplanadoras que a veces por televisión se pueden ver haciendo añicos las casas de cartón y chapa de los barrios más oscuros. La madre adolescente había salido, al parecer, a hacer algunas compras a media mañana. Dejó a sus dos chicos durmiendo. El cable de agencia indica “causas aún no determinadas” que estos casos suelen recaer en velas que se caen: en esas casas que no son casas tampoco hay luz. La casa ardió. 
Los vecinos de la cuadra comenzaron a escuchar gritos desesperados. Eran los de Nelson, que se quemaba. Alguien se animó a entrar cruzando llamas, y sacó a los dos chicos, pero el fuego ya les había interrumpido el sueño y no se sabe si les interrumpirá la vida. Nelson y Marianela fueron rescatados con gravísimas quemaduras en todo el cuerpo.
Los trasladaron al Hospital de Lamarque, pero allí no había nada que hacer. Se puso en marcha un operativo sanitario que incluyó la derivación urgente al Garrahan de Buenos Aires. Cirujanos, pediatras y médicos clínicos trabajaban en equipo, mientras tanto, para mantener a Nelson y a Marianela con vida. En el vuelo sanitario llegó a Choele Choel el Jefe del Servicio de Quemados del Garrahan, para acompañar a las dos pequeñas víctimas en ese traslado de máxima complejidad. 
La noticia no llegará a los grandes medios. Fue un accidente. Fue un accidente, claro, como es un accidente nacer en una casa que no es casa y está ubicada en una calle que no es calle y en la que no hay luz eléctrica. Despertar y ver arder el mundo –porque para Nelson y Marianela esa casilla concentraba toda la idea del mundo– fue un accidente. Es verdad que en las vidas de todos hay imponderables, imprevistos, terremotos que vienen y por causas naturales deshacen todo. Pero también es verdad que hay muchas vidas expuestas en forma permanente a los imponderables y a los imprevistos, y sobre todo a los terremotos que si uno lo piensa bien no son causas naturales: lo accidental, en este caso, tuvo como primera condición la pobreza. La pobreza no es natural. Es política.

Fuente de datos: Diario Río Negro 15-10-04


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