Búsquedas imposibles

Dónde hay una expresión dirigencial de solidaridad con los pueblos fumigados, con las mujeres que padecen abortos espontáneos, con las familias con niños nacidos con malformaciones. Dónde hay una reflexión sobre la expulsión de comunidades corridas por los extractivismos. Dónde algún repudio hacia las corporaciones que saquean el agua. Más fácil era encontrar a Wally…
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Por Mauricio Cornaglia

(APe).- ¿Dónde hay una reacción dirigencial acerca de las consecuencias de la avanzada extractivista? ¿Dónde una preocupación por los pueblos afectados? ¿Dónde la sensibilidad por el futuro de la tierra? ¿Dónde está una sincera inquietud ante proyectos violatorios de derechos más elementales humanos y de la naturaleza?

Hallar a Wally era mucho más fácil.

¿Dónde está Wally? Para finales de los años 80 aparece una serie de libros para jugar, con ese nombre. El personaje Wally aparece entreverado entre miles de elementos, que logran confundir a quienes se sumergen en tan entretenida búsqueda.

Muy difícil tarea, pero con paciencia y ojos bien abiertos se lo logra identificar. La cuota de ayuda pasa por saber que el personaje luce siempre el mismo ropaje: un suéter de rayas rojas y blancas (horizontales), anteojos, pantalón de jean y gorro de lana rayado (también rojo y blanco).

¿Dónde está Wally?

El desafío es grande, nada sencillo. Pero con resolución.

Hay otros retos que no logran resultados positivos.

Iniciemos otra búsqueda. En este caso la herramienta de apoyo sería internet, ese sinfín de cosas donde todo o casi todo se encuentra.

Bien, probemos.

Con tiempo y sin apuro. Bueno… algo de apuro hay.

El tema sería así: buscar y rebuscar en todos los intersticios internéticos, algún momento donde dirigentes políticos hayan expresado preocupación por el avance de los proyectos extractivistas (en todas sus variantes). Proyectos (todos, como ya sabemos) violatorios de los derechos humanos más elementales y vulneradores de los derechos de la naturaleza.

Buscar, fijarse bien, bucear: un minuto de audio, un videíto, un texto, un párrafo, una frase, un renglón. Algo, al menos algo.

Una expresión de solidaridad con los pueblos fumigados, con las mujeres que padecen abortos espontáneos, con las familias con niñas/os nacidas/os con algún tipo de malformación.

Una reflexión sobre la expulsión de comunidades corridas por los extractivismos, y el consecuente hacinamiento en los cordones de pobreza de las grandes urbes.

Algún repudio hacia las corporaciones que nos saquean el agua.

Un análisis (aunque sea rápido) sobre las enfermedades y las muertes que generan los más de 600 millones de litros de agrotóxicos con los que nos pulverizan todos los años.

O comentarios de indignación por la pérdida de las economías regionales, por ejemplo, en la zona de Vaca Muerta.

O sobre el desastre en Jáchal y otras localidades sanjuaninas, a partir del derrame de más de 4 millones de litros de agua cianurada y mercurio en el año 2015.

O algún gesto de empatía para con las y los defensores territoriales. Esas comunidades reprimidas por las policías provinciales, por Gendarmería, Prefectura y las patotas de grandes empresarios y gremios amigos.

Quien encuentra algo, chifla.

Aunque ya sabemos, no hay buenos antecedentes. Muchas y muchos hace décadas que revisan, miran, vuelven a revisar y nada. Nada de nada.

Ahora bien, finalizado el desafío y ya fuera de juego, podríamos convidarnos a pensar desde simples preguntas:

¿Cómo es que, teniendo tanta evidencia, tantas señales, aún se puede respetar, querer y admirar a cierta dirigencia?

¿Cómo es que, teniendo la certeza de que no hicieron nada para detener tanto desastre, se los siga viendo como alternativa?

¿Cómo es que, viéndolas/os adoptar como política de estado el sistema extractivista de “muerte”, y profundizarlo de manera obscena, se les siga creyendo?

¿Cómo es que no nos sacuda tanta entrega?

¿Cómo es que no nos obliguemos al encuentro con otras y otros para organizarnos y dar vuelta todo, pero todo, todo?

¿Cómo es que, aceptamos calladitas/os la boca?

¿Cómo es que, tan dócilmente nos resignamos a dejarles a quienes vienen detrás, un país devastado?

¿Cómo es que se puede dormir tranquilamente?

Quien encuentra algo, chifla.

A Wally, sí lo podemos encontrar.


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