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Por Carlos del Frade
(APe).- La pibada de la escuela secundaria rosarina “Guido y Spano” celebró el cumpleaños número 64 del profesor, artista, escritor y periodista Néstor Sappietro, aunque el universo, en su infinita injusticia se lo haya llevado a otro plano en diciembre de 2025. Fue una contundente demostración de lo que el propio Sapi decía sobre que la verdadera muerte es el olvido. El viernes 16 de octubre de 2026, el mejor cronista y relator de cuentos de la radiofonía argentina, autor de dos volúmenes de las “Causas Aparentemente Perdidas”, fue celebrado con música, películas, dibujos y escritos de chicas y chicos menores de dieciocho años, muy lejos de los celulares, la IA y esas distintas formas de secuestros de cabezas y almas.
En el espacio de las serigrafías, las chicas y los chicos grababan bolsos y remeras con el perfil de la escuela que fue expropiada por una lucha que encabezó el profesor tanguero y que escuchaba y hablaba con su mirada única e inconfundible. La leyenda decía “una causa definitivamente ganada”.
Y las profes, sus compañeras de todos los días, escribieron dedicatorias tan simples como profundas en homenaje a alguien que debió ser mucho más reconocido por la élite cultural de la ex ciudad obrera e industrial, siempre más proclive a reaccionar como patio trasero de Buenos Aires.
Pero Sapi gambeteó la muerte en el día de su cumpleaños 64, porque decenas de adolescentes leyeron sus crónicas y las multiplicaron en libritos hechos con cartulinas de colores y escritos a manos. En esas letras estaban fragmentos de sus cuentos y las tapas llevaban el título de esa narración.
Entonces la gente que vivió esa jornada de día viernes tan a contramano de obligaciones y dependencias, de mezquindades y especulaciones, se llevó esos cartoncitos que se abrían con cuidado y amor, eso que el escritor, el cronista fue sembrando en esas pibas y esos pibes.
“Que se vayan”, decía el cartoncito violeta y al abrirlo amanecía: “…para que se queden fuera de la cancha de una buena vez el olvido, la soledad y el desamparo”.
Desde la cartulina celeste aparecía “Escarapela” y en su corazón se leía que “en ese lugar donde residen las causas aparentemente perdidas anda tipos que llevan la rebeldía en la solapa como una escarapela”.
O “siempre habrá alguien por ahí postulando la posibilidad de contradecir al viento”, en el librito rosado.
La verde tenía otro peso porque definía el por qué del título principal: “Los militantes de las causas aparentemente perdidas sugerimos a los lectores que sepan disculpar a los mozos que confunden los pedidos”.
Cuando se abría la violeta, asomaba: “Se le escapó la niñez sin completar un álbum de figuritas…ni una vuelta entera en la calesita”.
También las profes, los profes y la pibada hicieron señaladores con otras frases del cronista como “los hombres culminan ciclos, pero la vida no se puede interrumpir, como no se puede interrumpir la primavera…”.
En otro, donde estaba la foto que acompañó la última edición de sus libros, “por eso vaya esta reivindicación para aquellos que nunca revientan una pelota y para los que han visto escapar las más grandes oportunidades por no traicionarse”.
Aquella literatura era la síntesis de una sensibilidad que iba mucho más allá de las letras y quedó en cada una de las personas que tuvieron el privilegio de conocerlo y que lo extrañan de una manera ardiente.
El viernes 16 de octubre de 2026, cuando Néstor Sappietro cumplió 64 años, la pibada y las compañeras y los compañeros celebraron el hermoso engaño que la vida suele hacerle a la muerte.
Sapi querido, ganaste. Seguís vivo en decenas y decenas de chicas y chicos que son conmovidos por tus relatos.
Una nueva causa definitivamente ganada.
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