Cabezas secuestradas

Coeficientes intelectuales que disminuyen, deterioro de habilidades verbales y un capitalismo que planifica la ignorancia, la ansiedad y el individualismo. Dispositivos digitales que distraen y aíslan. Herramientas que le quitan al cerebro el esfuerzo y la capacidad de producir. Es cada vez más necesario parir un humanismo beligerante.
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Por Carlos del Frade

(APe).- La dependencia no es solamente la entrega de bienes materiales.

La explotación de la conciencia crítica, la eliminación del pensamiento propio, la deliberada búsqueda de la atención dispersa y la construcción de las soledades como dramática consecuencia de los principales ejes del capitalismo: exacerbado consumismo y exacerbado individualismo; terminan pariendo pueblos más ignorantes y más dóciles.

En la Argentina colonial del tercer milenio, un reciente informe de la Universidad Austral demuestra que las chicas y los chicos muestran un 3,6 por ciento menos de coeficiente intelectual y un 8,4 por ciento de deterioro en sus habilidades verbales.

Las investigadoras de la Universidad Austral, que analizaron 849 alumnos de entre 8 y 15 años de 20 escuelas y compararon cohortes evaluadas en 2013, 2019 y 2023, cruzaron esos resultados con PISA 2025 y Aprender 2025 para ponerlos en contexto.

En este sentido, PISA 2025 muestra que el 55,4% de los estudiantes argentinos afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de Ciencias, casi el doble del promedio de la OCDE.

“Cuando una herramienta, como el celular, le saca al cerebro el esfuerzo de producir, la huella de memoria necesaria para aprender de verdad no llega a formarse”, sostuvo el neurólogo Conrado Estol.

-La educación construye lo que llamamos reserva cognitiva, un capital que protege al cerebro décadas después, incluso frente al envejecimiento y la neurodegeneración… Lo que no se estimula en la infancia y la adolescencia deja una huella que aparece recién cuarenta años más tarde – agregó.

De tal forma, el capitalismo planifica la ignorancia, la ansiedad, el individualismo y el consumismo.

En su momento, el periodista y sociólogo mexicano Juan Villoro advirtió que “el umbral de atención ha bajado. Somos una especie que no puede concentrarse más allá de cinco minutos. James Robert Flynn estudió cómo cambiaba a lo largo del siglo XX el coeficiente intelectual de la población: advirtió que había subido 30 puntos en el siglo XX, pero a partir de la década de los 90 advirtió que este cociente disminuía 2 puntos por década. Nos estamos volviendo más tontos por la sencilla razón de que muchas de nuestras tareas mentales ahora son hechas por aparatos. Por ejemplo, las agendas telefónicas están en el propio teléfono”.

Pero apuesta a la esperanza como una obligación ética: “No quisiera que mi libro fuera visto como un canto del cisne apocalíptico del mundo que se fue, sino como un intento de seguir resistiendo, como siempre lo hemos hecho, desde nuestra humanidad, y la lectura desempeña un papel clave”.

Villoro remarcó: “Creo que la esperanza es una obligación ética. No es algo que requiera de estímulos para concebirse, es parte de la condición humana estar esperanzado y se le puede llamar milagro, prodigio o suerte. Mi libro busca concebir una solución posible, aunque la adversidad sea obvia. Y eso es solo propio de la naturaleza de lo humano y no de las máquinas”.

Hay que tomar conciencia del permanente proceso de secuestros de cabezas en los últimos veinte años no solamente en la Argentina si no en todo el planeta.

Es por estas cuestiones que pregonamos con humildad y también con firmeza, la necesidad de parir un humanismo beligerante que incluya la decisión de recuperar la so:beranía de la cabeza, que promueva la revolución de los mutantes, es decir la liberación de los phonos sapiens y seres humanos sentipensantes, protagonistas y no consumidores consumidos.

Para ello, igualmente, habrá que recuperar las palabras.

Tarea ineludible de maestras, maestros, trabajadoras y trabajadores de prensa, como militantes varios.

Fuentes: Diario “La Nación”, lunes 21 de septiembre de 2026 y “Soberanía de la cabeza”, del autor de esta nota.


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