Virginia Aparicio y el veneno institucional

El INTA, donde fue lo que hoy es, está a punto de exonerar a la investigadora y agrónoma Virginia Aparicio. Su expulsión es la consecuencia directa de sus investigaciones sobre el impacto que los agrotóxicos tienen en el ambiente, los alimentos, los animales y las personas, a través de un estudio internacional.
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Por Silvana Melo

(APe).- Hace décadas ya que la economía del país se sostiene en los brazos del extractivismo. Los commodities del agronegocio fueron fundamentales para la entrada de divisas a un país que echaba raíces en un campo monocultivado, industrializado y regado de agrotóxicos para sostener la transgénesis.

En las últimas tres décadas fue aumentando la pulverización indiscriminada –es decir, sin tener en cuenta si el veneno caía en niños, animales, alimentos, etc- hasta que cambió los parámetros sanitarios de ciertas regiones. Pero esas consecuencias se mantuvieron en silencio, salvo investigaciones de sectores universitarios, de las propias víctimas, de asociaciones barriales y de publicaciones que muy pocas veces rebotaron en la hegemonía mediática. En este punto aparece Virginia Aparicio. A un paso de ser exonerada del INTA por medir residuos de plaguicidas en el ambiente, en los alimentos, en los animales y en las personas a través de un estudio internacional.

Hace dos décadas que Virginia trabaja en la Estación Experimental Balcarce. Ingeniera agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias e investigadora del INTA y del Conicet, su vocación por localizar la parte de verdad que queda oculta la convirtió en una astilla en la piel de la institucionalidad política del INTA. Esa que forma parte ideológica del aparato agroindustrial que sostuvo al país –y lo sostiene- durante décadas.

En 2017, el año en que el INTA prohibió el uso de las palabras “agroquímicos” y “agrotóxicos” a los empleados del organismo y obligó a cambiarlas por “fitosanitarios”, Virginia Aparicio publicó un libro plagado de Plaguicidas en el ambiente (así se llamaba) que fue retirado de la web del INTA. La publicación incluía la contaminación en la cuenca del arroyo Pergamino. Sabrina Ortiz, víctima de daños genéticos, abogada y querellante, tuvo como base para su denuncia las muestras de suelo y agua en el laboratorio del INTA Balcarce a cargo de Virginia Aparicio, recuerda Cecilia Gárgano en Agencia Tierra Viva.

En 2020 aparece oficialmente el proyecto Sprint (Sustainable Plant Protection Transition: A Global Health Approach), financiado por el programa europeo Horizon 2020. El proyecto consistía en analizar el impacto de los agroquímicos en las personas, los animales y el ambiente. Y luego poner en marcha herramientas preventivas. Argentina fue el único país no europeo incluido en el proyecto, con 73 personas urbanas, de pueblos pequeños y establecimientos agrícolas con productores convencionales y agroecológicos.

En 2023 se conocieron los resultados del capítulo argentino y en junio Virginia Aparicio citó a una reunión en el INTA para devolver los resultados a los participantes. El INTA frenó la cita y prohibió la difusión de los resultados. En diciembre Argentina se retiró del programa. Y Aparicio fue condenada a la soledad. Su exoneración comenzó a fraguarse desde ese diciembre hasta ahora, cuando está a punto de resolverse. Su condena decidida sin posibilidad de defensa quedó clara a partir del conocimiento de los resultados de SPRINT, que contrariaban el camino determinado brutalmente desde los años 90 hacia adelante, con un extractivismo salvaje que cerró los ojos ante costos terribles como la salud, el ambiente y la vida.

La trama de las autoridades del INTA incluyó un aislamiento desde el lugar de trabajo que implica que sus compañeros se acercan menos por temor. “Parezco un poco leprosa en los pasillos del INTA”, dijo Virginia a Bichos de Campo. Ni siquiera le abren la posibilidad de utilizar nueva tecnología.

Si la expulsaran sin más, como quieren sus jefes, no podría trabajar en ningún ámbito del estado. Lejos del INTA y del Conicet. De la ciencia donde fue quien es, donde abrió las puertas para hacer análisis cuando todo el resto era un solo portazo. Donde se atrevió a soñar un país digno y con la verdad expuesta. Donde la libertad sea también un atributo de la ciencia y no una propiedad de mercado.


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