Más resultados

Por Alfredo Grande
(APe).- El concepto de “analizador” proviene del análisis institucional. Apunta al intento de pasar del nivel convencional encubridor al nivel convencional descubridor y de allí pasar al nivel fundante.
Intentaré dar un ejemplo que espero sea bueno. Una ventana cerrada no es un analizador. Para que sea hay que abrirla y asomarse. Única forma de ver lo que pasa afuera. Que no siempre es lo mismo que lo que pasa adentro. Si lo que veo me permite pensar, teorizar, conceptualizar, intentar transformar lo que veo, estoy en un nivel convencional descubridor. ¿Descubridor de qué? Del nivel fundante. El que descubre que las apariencias engañan, pero no siempre.

En el nivel fundante se disputa el sentido de la historia, el sentido de la vida, y en su extremo límite, el sentido de la humanidad no artificial. Obviamente, la cultura represora intenta y lamentablemente muchas veces logra, dejar la ventana cerrada. En esto tiene mucha importancia calificar de accidente o de catástrofe natural, lo que es una estrategia planificada de destrucción. Ya no se trata de “dividir para reinar” sino de destruir para someter.
Ampliando los dichos del filósofo León Rozitchner (toda vida es cultural, toda muerte es cultural) digo que toda destrucción es cultural. ¿Estoy negando la autonomía de la naturaleza? Así es, lo natural ha sido cooptado por lo artificial.
La catástrofe ambiental no es natural, sino cultural. El suicidio es cultural. Pero quiero remarcar que es efecto de la cultura represora. Este concepto para mí es fundante. Intenté caracterizar en el trabajo anterior las características principales de la cultura represora. En muchos trabajos, incluso de Sigmund Freud, se establece que la humanidad empieza con el pasaje de la naturaleza a la cultura. ¿En qué momento la cultura pasó al nivel de cultura represora? Sólo hacer esta pregunta, nos coloca en el nivel fundante. La respuesta es ideológica, en un momento en que las ideologías han sido cuestionadas por la cultura represora.

El suicidio ya es una pandemia. Pero conviene hacer precisiones. No es lo mismo querer morir que no querer vivir. El suicidio a mi criterio es un analizador del tipo de vida impuesta por la cultura represora. Una vida despojada de toda honra. Una vida que no se puede honrar. Por eso el escándalo generado por la pandemia de suicidio encubre la hipocresía frente a la vida que no se honra. Los poquísimos ricos y famosos encubren, o sea tapan, la vida miserable de los pobres y anónimos.
Creo que hay pensar la pandemia de suicidios como un remedio pésimo frente a la miseria de la vida. Ante la certeza de que nada puede ser transformado, ante la convicción de que todo tiempo por venir será peor, ante la desesperante intuición de que todo remedio será peor que la enfermedad, la peor solución es de todos modos, solución. Es como tomar agua de mar, salada, ante la insoportable sed.

Para enfrentar la pandemia de suicidios sólo cabe enfrentar a la cultura represora. Y ahí es donde la cosa se complica demasiado. Muchos que aparentemente enfrentan la cultura represora construyen cultura represora. Puedo dar algunos ejemplos, pero no en este momento. Es cierto que hay que defender la vida. Pero a mi criterio no hay que defender cualquier tipo de vida. Para mí la vida no es un valor, sino un dispositivo.
A mi criterio, esta Agencia ha decidido que al suicidio, además de lamentarlo, sea necesario entenderlo. No se puede prevenir aquello que no se entiende.
Y a mi criterio, una forma de entenderlo es pensarlo como analizador.
Suscribite al boletín semanal de la Agencia.
Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.
Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte