El territorio en el centro de la disputa por el poder

El control externo del territorio nacional es el eje del debate. Y de aprobarse, será un salto al vacío que no tendrá vuelta atrás. Capitales extranjeros quedarán habilitados para la propiedad de la tierra en zonas de frontera, en tierras con acceso al agua y con el control de la hidrovía. La disputa por el poder entre la calle y representantes que solo representan sus propios intereses.
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Por Claudia Rafael

(APe).- Si finalmente los servidores locales de las corporaciones transnacionales aprueban la ley de extranjerización de la tierra, serán las forestales, las megamineras, las empresas del agronegocio, las energéticas y los inversores globales como los datacenter –entre las beneficiarias de los paraísos fiscales- las que aplaudirán y se lanzarán a devorarse las tierras y los recursos naturales del territorio argentino. Un paso que –una vez vendidas las tierras- ya no tendrá vuelta atrás.

¿Acaso alguna vez lo tuvo aquel proceso iniciático de la extranjerización territorial que encaró el riojano simpaticón que jamás hubiera insultado a los desarrapados como el actual ocupante de la rosada pero que le calzó al país el cartel de se vende? De aquellos tiempos noventosos viene la entrega a Joe Lewis del Lago Escondido o de parte de la Patagonia al grupo Benetton que no sólo era asociado al imperio de la moda sino además al transporte, la infraestructura o la agroganadería.

La Hidrovía, codiciada por las corporaciones extranjeras.

Simplemente se trata de negocios. Cinco siglos atrás, el poder colonial europeo llegaba a las costas africanas y abastecía sus naves de oro, marfil y –lo que le dio más rédito durante un largo tiempo- seres humanos de carne y hueso. Ya habían experimentado las diferentes formas de esclavitud y de aniquilación de los pueblos originarios en América y estaban ávidos de más y más. En aquella Africa en la que la esclavitud era desconocida, se producía una vieja práctica de las sociedades humanas: para salvarse –en lo que finalmente devendría una falacia- algunos africanos capturaban a futuros esclavos para ser almacenados en factorías especialmente construidas. Y la historia vuelve a repetirse en bucles sistémicos.

Hoy, en la pugna por la tierra que se debatirá el jueves, serán esos mismos representantes que apenas representan a sus propios bolsillos los que buscarán aprobar una legislación que habilita, ni más ni menos, al control externo del territorio nacional.

No hay forma de conectar entre sí aquellas realidades imperiales con estas nuevas leyes al servicio de otras colonias si concebimos a la memoria histórica como un viejo depósito en el que se arrumban recuerdos de un tiempo que ya fue y que no volverá.

Se siguen perdiendo bosques nativos con el avance de las plantaciones de pinos de la forestal Arauco.

Y ya no se trata de divisiones nacionales con fronteras políticas concretas. Corporaciones radicadas mayoritariamente en paraísos fiscales en donde el secreto bancario es ley, van comiendo como un pac man imparable los recursos naturales de sus colonias.

A la cabeza, capitales estadounidenses y le siguen los italianos y los españoles. Entre los tres, son propietarios de 6 millones 400 mil hectáreas. Algo más que toda la superficie de tres provincias de Tucumán.

No se trata de personas, de historias de vida, de los dolores cotidianos de quienes trabajan 8, 10, 12 horas o más para tratar de llevar un plato de comida a la mesa diaria. No se trata de esa infancia que crece sin saber si habrá un futuro asible y amable del otro lado de los días. No se trata de los sueños olvidados de un país que entendió la soberanía y la dignidad como banderas propias. Esto es otra cosa. Es una partida feroz donde lo realmente importante es domesticar y vender.

"Hemos defendido nuestra patria, el territorio, nuestros símbolos... es nuestra decisión de todos los santos días", aseguró ayer la ex ministra de seguridad que amasa desde hace décadas su voracidad de poder y elige concienzudamente cada paso por dar que sea fructífero para su propio futuro político.

Esa defensa de la tierra a la que alude Bullrich tiene beneficiarios muy ajenos a los intereses reales en los territorios.

Si ya con la ley actual, con un tope de 15 % para la posesión de tierras en manos de capitales extranjeros, hay regiones que lo superan ampliamente, las reformas que buscarán aprobar este jueves redoblan toda apuesta pensable. Ya en el Litoral cuentan con más del 50 % del territorio y habilitan la compra en zonas de frontera, en tierras con acceso al agua y el control sobre la hidrovía, que es el canal principal para la salida de las exportaciones agrícolas.

Un ejemplo contundente: la forestal chilena Arauco tiene un total de 264.000 hectáreas en el país, distribuidas entre las provincias de Misiones, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe. Con un detalle: en Misiones, son 233.000. Hace apenas un manojo de días, la justicia –en un acto de favoritismo para con la empresa forestal y a pedido del empresario Alfredo Ruff- expulsó de sus tierras a la comunidad Mbya Guaraní Puente Quemado 2. Una comunidad que viene luchando desde hace largo tiempo por aquello que les pertenece. “El monocultivo de pinos es una tragedia y vamos a luchar para recuperar el monte”, dijo un cacique Mbya. “Perdimos monte, medicina, cultivos y viviendas. Los pinares son de la empresa multinacional Arauco, que está invadiendo nuestro territorio desde hace años” dijo a APe el cacique Santiago Ramos en septiembre 2022. Un cultivo que no es nativo y que rompe con la armonía de la tierra.

El agua, los bosques, la tierra fértil, los minerales, los hidrocarburos. Recursos que hacen a esta Nación cuyos mandatarios se arrodillan frente a los poderes colonialistas y que serán agotados en políticas de rentabilidad a plazo muy corto y para bolsillos que no son los de los comunes mortales que apenas pueden sobrevivir. En procesos que inclinan la balanza del lado de la bandeja del modelo extractivo mientras se profundiza la desigualdad y el desprecio ambiental.

Millones se emocionaron, gritaron, vivaron el gesto de la selección de reivindicar Malvinas tras la victoria ante los ingleses. Tal vez ahí, en esa emoción, esté la esperanza para frenar una legislación que entrega una vez más parte del territorio a capitales extranjeros y no en el poroteo a ver si por una vez, algún legislador se para en el estrado de la dignidad y dice que no en un acto de resistencia. Las emociones de millones deberán recuperarse en las calles.


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