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Por Alfredo Grande
(APe).- Hace pocos días hablaba con un amigo sobre si todo tiempo pasado fue mejor. Más allá de que haya sido mejor, la sensación es que lo fue. Y hoy la sensación es que lo peor es el horizonte. Que ha dejado se ser utópico, para ser distópico. No es solamente una sensación. Es una percepción.
Los indicadores del futuro son los indicadores del presente proyectados al porvenir. En el Evangelio de Mateo (Mateo 6.24) dice claramente que no se puede servir a dos amos. Pues bien. En la actualidad de la cultura represora es habitual servir a 3, 4 o varios amos según convenga.

Creo que, para entender el presente, avizorar el futuro, es necesario buscar algún origen. O sea, en lo originario hay una verdad, o varias verdades a descubrir. Pienso que es una de las razones de la crueldad de la cultura represora contra todo lo que marque, lo que señale, el origen, lo originario. Obviamente, incluyendo a los pueblos originarios.
Pertenezco desde hace décadas a una institución que del lema “ciencia, justicia, trabajo” hace una de sus principales referencias. Me permito incluir el arte. Obviamente, no cualquier arte. Lo que se llama “arte verdadero”. O sea: el arte que no encubre la verdad, sino que la descubre. Para mí, al menos, el caso paradigmático es el Guernica de Picasso. Es un cuadro que alude al devastador bombardeo ocurrido en 1937. Fascismo en estado puro. Por eso Enrique Pinti cantaba “quedan los artistas”.
Sin embargo, prefiero hablar de lo artístico que a todos nos habita. Charles Chaplin estrenó en 1921 “El Pibe” (The Kid). En 1987 se funda el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo. Fue impulsado por referentes sociales como Alberto Morlachetti (de la obra Pelota de Trapo) y el padre Carlos Cajade (del Hogar de la Madre Tres Veces Admirable). Creo que un referente social es muchas cosas, pero también es un artista verdadero. Alberto, al que conocí tardía pero profundamente, era también un artista. Los artistas verdaderos descubren la realidad, embellecen una vida que no es bella, y logran que las trasformaciones sean posibles y alegres. “Una revolución sin baile no vale la pena” dice V a Evey, en esa obra cumbre del arte y la política que es V de Venganza.

Yo sé que todo esto se sabe. No soy un artista, pero debo decir que solamente me conmueve lo artístico. Desde Shakespeare hasta Vicente Zito Lema. Y como toda enumeración es injusta, y para injusticias ya tenemos bastante, suspendo sine die la enumeración.
Pero no suspendo la línea del tiempo que va desde 1921 a 1987 y une a Charles Chaplin con Alberto Morlachetti y el movimiento Chicos del Pueblo. Los chicos como sujetos políticos, en un momento donde la política es pisoteada por los adultos que supuestamente venían a rescatarla.
¿Quién nos rescata de estos rescatistas? El arte verdadero de El Pibe y los Chicos del Pueblo.
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