Un indio, muchos gringos

 El llamado progresismo tiene de bueno lamentar los efectos y de muy malo no intervenir en las causas. Las derechas no lamentan los efectos y aplauden las causas, escribe Alfredo Grande. Que analiza, desde una mítica película que el que siembre la discordia en casa de su hermano, heredará el viento”.
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Por Alfredo Grande

(APe).- La enseñanza bíblica (Mateo 6:24) advierte sobre la imposibilidad de tener dos lealtades opuestas. Originalmente, Jesús señala que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo, ya que una persona terminará descuidando y menospreciando a uno para complacer al otro.

Dime qué citas y te diré quién eres. Siempre recuerdo la obra de teatro que dio lugar a dos versiones en cine: “Heredarás el viento”, donde el abogado defensor del maestro enjuiciado por enseñar la teoría de la evolución de Darwin apela a la Biblia, único texto que el tribunal aceptó. Y con la biblia demuestra que el maestro podía tener razón ya que no contradecía el texto bíblico. Y lo que me quedó impreso es la conclusión: “el que siembre la discordia en casa de su hermano, heredará el viento”. Como la discordia está sembrada, sólo resta esperar los vientos. Que al principio trae escoria, y luego la barre para siempre.

El llamado progresismo tiene de bueno lamentar los efectos y de muy malo no intervenir en las causas. Las derechas no lamentan los efectos y aplauden las causas. Pero como siempre se sirve a dos amos, algunos íconos del progresismo aplauden las causas (superávit fiscal) y lamentan los efectos (el genocidio por goteo y por chorro) contra toda forma de vulnerabilidad. Sostener la disociación entre la macro y la micro es una lamentable complicidad. Por ejemplo, la ley anti-trapitos cuando los grandes trapos ni siquiera se limpian en casa. (Hago alusión directa a la complicidad Milei-Adorni)

No pocos ponen el origen de nuestras desgracias actuales en la dictadura cívico-militar. Es cierto, pero parcialmente cierto. La dictadura fue causa y efecto. Como Menem. Como Milei. Pero investigar las causas es más difícil que lamentar los efectos. Retumban en mi mente las palabras de Wilhem Reich: “las masas alemanas deseaban el fascismo”. La llamada “ultraderecha” es un invento de la derecha para camuflarse como centro. Nuestra versión vernácula es un Guillermo Moreno, un Pichetto, un Larreta, una Bullrich, una Villarruel. El deseo del fascismo debe ser considerado.  Quizá sea un efecto de servir a varios amos. Pero apenas repudiarlo no solamente no sirve. Todo deseo enjuiciado adquiere más fuerza. Es necesario considerarlo.

No conozco a Florencia Peña. Pero cuando es evidente que la producción de Luzu (que ni sabía que existía) le hace una “cama” cruel, se habla más de Peña que de la maniobra. Pero todo huele a “pago chico y miserable”, parafraseado a los cuentos de Roberto Payró. En el olvido más atroz queda el coraje de Ana María González, la joven que logró colocar una bomba al General de la dictadura Cardozo, jefe de la Policía Federal.  Estoy seguro de que, con la permanente servidumbre a varios amos, repudian a la dictadura pero también repudian la corajuda violencia de Ana María González. Confundiendo -como es habitual- violencia con crueldad. Ana fue violenta, pero no cruel. Para los pocos que seguimos creyendo que la violencia es la partera de la historia, nuestro homenaje será permanente. Florencia no fue ni violenta ni cruel.  Pero el escándalo por lo de Peña y el olvido de Ana puede dar algunos indicios de la situación actual: donde hubo combate, apenas hay en esta descarnada vigencia de la cultura represora, una triste caricatura del combate.

Todo preso es político. Entonces todo es político. Los que intentan adoctrinar denuncian adoctrinamientos. Servir a varios amos, permite rendir tributo al Indio y al Gringo. Al mismo tiempo. No en mi nombre.

Al Indio todo. Al Gringo nada.


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