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Por Carlos del Frade
(APe).- El señor de Rosario. "A un general victorioso no se le cuestionan las batallas...".
Con esta frase, Galtieri, del brazo de César Luis Menotti, descendió la escalera de la Bolsa de Comercio luego del triunfo de la selección argentina frente a Perú por 6 a 0 en el Gigante de Arroyito. La dictadura estaba de fiesta: la Argentina disputaría la final del Mundial contra Holanda y Galtieri, al mismo tiempo, celebraba el rol protagónico de Rosario en las últimas semanas.
Rosario era su base de poder y no solamente de operaciones.
"De todo lo publicado acerca del Mundial me sigo quedando con el trabajo del comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, general Galtieri... es lo más realista, sensato y valioso... de modo que en medio de tanta confusión, el domingo repetiremos sus tramos más orientadores", escribió Evaristo Monti el 26 de febrero de 1978.
Por aquellos días se abrieron las presentaciones para construir Yacyretá, que ganaba la firma Decavial SA con el objetivo de levantar una villa permanente adyacente a la ciudad de Ituzaingó, en la provincia de Corrientes, una de la seis que estaban bajo el imperio de Galtieri. En Santa Fe, mientras tanto, la firma Tecsa seguía ganando licitaciones para electrificar obras en San Javier, Helvecia, Cayastá y Saladero Cabal.
La Asociación Empresaria de Rosario, a propósito de los dos años del golpe, expresaba su "beneplácito institucional" y sostenía que "el empresariado ha comprendido que el actual no es un proceso más, sino más bien la única instancia que la Argentina tiene para su futuro".
El 24 de abril llegó a Rosario el Almirante Cero, Emilio Eduardo Massera. Su objetivo era acompañar al jefe de la Armada Boliviana, Gutemberg Barroso Hurtado, a la toma de amarras de un buque de aquel país, el Libertador Simón Bolívar, en la zona franca del puerto rosarino.
Galtieri sabía que Massera estaba, de paso, midiendo el potencial político del general. Y ambos, en definitiva, apostaban a las curiosas relaciones que mantenían con los militares bolivianos.

"El Mundial es de todos. En la calle y en la cancha, un gol de cordialidad. El equipo es el país. Jugamos nuestro prestigio", decía un aviso en "La Capital", auspiciado por la Junta Nacional de Granos. A mediados de mayo se inauguraba el enlace del bulevar Avellaneda con el parque Alem, obra a cargo de la firma Adjiman y Chegoriansky Ingenieros.
Cuando Kempes le metió los dos goles a Polonia en la cancha de Central, Videla, según "La Capital", tuvo una "impresionante recepción del público". El 21 de junio, luego del triunfo sobre Perú, el palco estaba ocupado por Videla, Massera, Agosti, Harguindeguy, Martínez de Hoz, Liendo, Kissinger, Galtieri, Desimoni, Cristiani, Viola, Bolatti y Lacoste.
En las tribunas, en tanto, la marcha oficial del Mundial era reinterpretada por los habitantes anónimos: "25 millones de boludos, pagaremos el mundial...", cantaban.
Antes de volver a Buenos Aires, los muchachos de la selección debieron soportar la despedida de Galtieri, que aprovechó para sacarse algunas fotos, especialmente con Kempes y Menotti.
El 6 a 0
Menotti no se acuerda ni de las cenas con Galtieri ni de las visitas de Videla y compañía a los vestuarios, tanto locales como visitantes.
"¿Pero viejo, ahora resulta que el Mundial lo jugaron sólo Menotti y los jugadores? ¿Y la gente que llenó las canchas, que salió a las calles? ¿Y los medios?", dice el técnico.
"Yo le decía: 'Cesar, los militares te están usando'. Pero él me respondía que no había problemas, que los tenía controlados", contó antes de morir João Saldanha, miembro histórico del Partido Comunista Brasileño y que se alejó de la conducción técnica de la selección de su país poco antes del Mundial de México 70, cuando el coloso sudamericano estaba asolado por la dictadura del general Emilio Garrastazu Médici.
"Todos los presos políticos, los perseguidos, los torturados y los familiares de los desaparecidos estábamos esperando que Menotti dijera algo, que tuviera un gesto solidario, pero no dijo nada. Fue doloroso y muy jodido de su parte. Él también estaba haciendo política con su silencio", apuntó Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz en 1980, que logró salir de la Unidad 9 de La Plata gracias a la presión internacional, el 23 de junio de 1978, dos días antes de la final.
"Yo digo que ese partido no fue normal, que fue raro", insiste hoy Juan Carlos Oblitas, ex integrante de aquel equipo peruano que perdió 6 a 0 contra Argentina en cancha de Central. Oblitas llegó a ser técnico de la selección. "Dominamos al comienzo y hasta el segundo gol argentino el partido fue parejo, pero después nos quedamos inexplicablemente. Creo que si ese mismo partido hubiera vuelto a jugarse diez veces jamás habríamos perdido 6-0. Es más, podríamos haber ganado alguno", agregó.

"Por respeto a la gente que integraba el equipo conmigo en aquella época prefiero decir que salimos a jugar ese partido bajo presión. No voy a hacer lo mismo que Manzo, que en 1979 lanzó una acusación artera", remarcó Oblitas.
"La presencia de Videla en nuestro vestuario fue terrible. Algunos más jóvenes, que pudieron haberse sentido intimidados, dejaron de cambiarse para escucharlo. Pero yo, que tenía más experiencia, seguí en lo mío. Seguí detrás de una pared y apenas lo oía hablar. No quería que nada interrumpiera mi concentración", agregó Oblitas.
El ex zaguero Rodulfo Manzo dijo: “Antes del partido con Argentina atendí un llamado telefónico en mi pieza de la concentración. La voz, que tenía acento argentino y me trataba de manera peyorativa, discriminatoria y racista, me dijo de muy mala manera que les comunicara a mis compañeros que nos pagarían 50 mil dólares a cada uno si permitíamos la clasificación de Argentina. Me dio mucho miedo, porque yo en ese momento era un muchachito y me sentí muy mal. Se lo conté a un compañero y estoy seguro de que si se lo hubiera dicho al resto, todos me habrían dicho que no aceptaban".
Por su parte Ramón “Chupete” Quiroga, arquero de la selección peruana y surgido de las inferiores de Rosario Central, repitió hasta el hartazgo que no se vendió.
Admitió que aquella fue su "noche más negra" y que jamás le volvieron a marcas seis goles en otro partido.
"A mí no me consta, pero no pongo las manos en el fuego por nadie. Igual me permito ponerlo muy en duda. A ese partido llegamos con el desgaste del esfuerzo que hicimos en la primera rueda, en el que le ganamos a Escocia e Irán y empatamos con Holanda. O fue casual que después perdiéramos con Polonia, Brasil y Argentina. Estoy convencido de que perdimos de manera limpia. Con mi experiencia, yo me habría dado cuenta si alguno de mis compañeros no ponía todo para ganar", sostuvo Héctor Chumpitaz, ex zaguero central y capitán de aquella selección peruana en relación al partido contra la Argentina.

Pero junto a Manzo denunciaron que Perú recibió una incentivación de Brasil (5 mil dólares para cada jugador, más vacaciones en Itaparica) a cambio de impedir la clasificación argentina. "Todo el plantel estuvo al tanto de eso, pero nadie lo tomó en serio. No estábamos seguros de que pudiéramos cobrar ese dinero", sostuvieron.
Chumpitaz también recordó la visita de Videla minutos antes del partido contra Argentina en la cancha de Central. "Nos sorprendimos cuando nos dijeron que nos iba a hablar Videla. Se paró frente a nosotros y nos dio un discurso en el que llamaba a la hermandad latinoamericana y nos deseaba suerte. Yo me lo tomé como una presión, aunque después de lo que nos habían dicho los organismos de derechos humanos, Videla aparecía como un personaje que nos daba un poco de miedo", dijo el zaguero de recia pegada.
Massera y Galtieri también frecuentaban la concentración argentina: "Nos hablaban de nuestras virtudes y de que representábamos a la patria", recordó Ardiles.
En Perú gobernaba el general Francisco Morales Bermúdez con el que, supuestamente, se hizo un acuerdo con la dictadura argentina. Dicen que se trató de un "un crédito no reembolsable para la adquisición a la Junta Nacional de Granos de cuatro mil tonelada de trigo a granel", en un marco del "convenio sobre ayuda alimentaria". El Sunday Times, de Londres, escribió esta teoría en 1986.
"Ese tipo de donaciones no eran espontáneas. Se hacían sólo en caso de un terremoto, de alguna catástrofe", dijo Juan Alemann, secretario de Hacienda de aquel terrorismo de estado argentino.
Algunas crónicas narraron que “aquel 21 de junio, a las 20.40, en el preciso momento en el que Leopoldo Luque marcaba el cuarto gol a Perú, estallaba una bomba en la casa de Alemann, que no sólo era funcionario, sino que, además, vivía a media cuadra de una comisaría. El ex secretario de Hacienda “siempre sugirió que aquella bomba fue obra de sus críticas por los gastos del Mundial y apuntó al almirante Carlos Lacoste, vicepresidente pero hombre fuerte del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78). Lacoste fue mano derecha del almirante Eduardo Massera, que le ganó una lucha interna al Ejercito y logró para la Marina el uso político y los negocios”, se escribió a veinte años del Mundial ´78.
Lacoste, por otra parte, fue sospechado por el asesinato del general Omar Actis, el primer presidente de la EAM 78, que quería hacer un Mundial más austero y que fue asesinado el 21 de agosto de 1976, dos días antes de una conferencia de prensa en la que iba a presentar su proyecto. Tras el asesinato de Actis, Lacoste hizo el Mundial a gusto de la FIFA y de sus socios comerciales.
Lacoste, amo y señor del deporte en los tiempos de la dictadura, apenas recibió del juez Miguel Pons un reproche "ético" porque, siendo funcionario, incrementó su patrimonio en más del 400 por ciento, manejando dineros de firmas extranjeras en la City, en los tiempos de la bicicleta financiera de Jose Martínez de Hoz.
Para el periodista inglés David Yallop, famoso por su investigación sobre el presunto asesinado del papa Juan Pablo I, titulada “¿Por voluntad de Dios?”, en su libro “¿Cómo se robaron la copa?”, no hay dudas.
“La orden de arreglar el resultado vino directamente del hombre que dirigía la Junta Militar, el general Jorge Videla. El hombre al que dio las órdenes fue Lacoste” que “realizó una serie de negociaciones detalladas con tres antiguos oficiales que viajaban con el equipo de Perú. Los sobornos tomaron una variedad de formas. Treinta y cinco mil toneladas de grano que se iban a embarcar de Argentina a Perú. También se pagaron sustanciales sobornos directamente a funcionarios de Perú de cuentas manejadas por la Armada argentina... Una parte sustancial del crédito de los 50 millones de dólares que estaría disponible fue distribuida entre los miembros de la junta militar de Perú... He hablado largamente con tres integrantes del equipo, los cuales independientemente confirmaron que les habían ofrecido dinero para asegurar el resultado correcto. Fueron contactados por un antiguo miembro de la junta en forma separada... En vista de lo que estaba en juego, la cantidad recibida por estos tres jugadores era lastimosamente pequeña: 20 mil dólares por hombre”, sostuvo Yallop.
Después del Mundial
"Pero fue gracias a los periodistas que vinieron por el Mundial que tuvimos nuestros primeros grupos de apoyo" recuerda Mercedes Meronio, vicepresidenta de Madres de Plaza de Mayo. Una agrupación holandesa de solidaridad con las Madres (SAM) donó las primeras casas. Y un hogar que hoy permite vivir juntas a las Madres que van quedando sin familia lleva el nombre de Lizbeth, esposa del que por entonces era el primer ministro de Holanda, Joop den Uiyl.

"¿Cómo no voy a comprender a la gente si en mi propia casa, mientras yo lloraba en la cocina, mi esposo gritaba los goles frente a la televisión?", contó alguna vez Hebe de Bonafini, presidenta de las Madres.
Después del campeonato, el periodista Evaristo Monti le volvió a ofrecer a Galtieri la popular columna futbolera del diario "La Capital" para que el general hablara de sus proyectos políticos.
El periodista introdujo la lectura del artículo marcando que "la institución Ejército tuvo mucho que ver con este éxito aportando hombres para puestos clave, brindando logística, apoyo y garantizando la seguridad".
Para el militar, "este Mundial despertó alegrías y sentimientos de hermandad volcados en las calles realizadas en el clima de orden y seguridad que le sirvieron de marco. Así pudo exteriorizarse en un ambiente distinguido por la corrección de los festejos. Un indicio de que estamos transitando el camino que nos conduce a la paz tan anhelada, para la cual fue preciso librar una lucha de la que el país fue testigo. Cupo una gran responsabilidad a las fuerzas armadas, anulando la acción corrosiva de las bandas subversivas".
Después, en tono de sociología barata, Galtieri señaló: "El éxito deportivo sirvió para canalizar emociones y sentimientos que estaban adormecidos, recobrando el orgullo de sentirnos argentinos, de individualizarnos e identificarnos como tales ante el mundo. En ese proceso de recuperación moral, el pueblo extendió también su reconocimiento hacia quienes supieron conducir a buen destino un compromiso de cuyo éxito algunos descreían. Esto no es un hecho aislado, marca una nueva etapa en la vida nacional, ratificada con la adhesión demostrada al presidente en sus presentaciones ante el público. Esto marca una unidad de pueblo y gobierno, desmintiendo la falsa disociación que se promovió desde el exterior".
Repitió su tono mesiánico al decir que convocaba a la población a meditar sobre el destino de la patria porque "hay un destino superior reservado a la nación Argentina".
No sería casualidad que tampoco él, como Viola, Martínez de Hoz y Antonio Caggiano fueran primero poderosos en la región del Gran Rosario para luego, como síntesis de los años sesenta y setenta, pasar a ser figuras de primer orden a nivel nacional.
A fines de noviembre de 1978, Monti repetía elogios sobre Galtieri: "En política no hay ni cara ni ceca, me dijo el general Galtieri, y es la más inteligente síntesis que he escuchado. Como además me propuso que le mandara discutir con él a quien no lo piensa así, opto por difundirlo unas cuantas semanas después de habérmelo confiado".
Cuatro años después, Galtieri, apoyado por los grupos empresarios del sur santafesino beneficiados por su plan de exterminio, era presidente de la junta militar y decidía la toma de las islas Malvinas.
En medio del conflicto el mayor apoyo que recibió fue del gobierno peruano de Belaúnde Terry.
Fuente: “La ciudad goleada. Fútbol, lavado de dinero y poder”, del autor de esta nota, Rosario, 2008.
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