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Por Silvana Melo
(APe).- Tal vez la llegada de la caterva gobernante no ha hecho más que cerrar el círculo de dependencia que no hubo veinticincos de mayo ni nueves de julio con intenciones de frenarlo. Desde Bernardino Rivadavia (pionero de la deuda externa) a la creación del preámbulo de la Constitución Nacional, casi idéntico al de los Estados Unidos, el país ha convulsionado entre la justicia, el terror y la ambivalencia de la hipocresía. Con una prevalencia histórica de avales silenciosos ante la infamia.
Este parece ser un período de ésos. Donde se puede batallar contra enemigos como los viejos, los discapacitados, los niños, las mujeres, los pobres, los enfermos en su heterogeneidad y todas las mayorías de poder de reacción agudamente recortado en estos dos años inexplicables.
Pero a la vez se ofrecen banquetes hasta la humillación a los poderosos del mundo. Y a los locales también.
El proyecto de Lobby llega cuando la mayor parte útil del país ya ha sido enajenada entre Videla – Martínez de Hoz, Menem – Cavallo y la cereza del postre envenenado colocada obscenamente por Milei – Caputo. Se trata de una ley que sería recibida con aplauso si no fuera fogoneada por quienes ya allanaron el camino de todos los lobbys y cayeron a sus pies con las rodillas en el empedrado. Lo que se busca es armar una lista pública de quienes se comunican con los responsables de un gobierno para negociar derecho a exigir leyes y decisiones ejecutivas que los beneficien. El proyecto es un calco fidelísimo de una disposición preexistente en los Estados Unidos, salvo que el castigo a los infractores tiene un techo mucho más bajo. Como era previsible.
Esta tan transparente iniciativa tiene en el artículo 4° una puertita a la ilegalidad: excluye el registro de las comunicaciones de carácter "meramente protocolar, social o institucional". Una cena con ópera en Olivos, la asistencia a ver una película de Francella, puede calificar para lobby informal, fuera de registro. La opacidad aumenta.

Pero a la vez, el proyecto de Lobby se codea con el Super Rigi, un regalito de los que se pueden hacer sin la ley de transparencia. El Super Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias abre las puertas a multinacionales del meganegocio de la inteligencia artificial con una baja considerable en Ganancias, IVA y aportes patronales.
Un presente para Peter Thiel, el megamagnate que se compró una megamansión en Palermo Chico (barrio Parque) y rompió un récord en el mercado inmobiliario premium de CABA: pagó 12 millones de dólares. Parece que se quedará a vivir. Y cómo no, si le están ofreciendo, aparte de la reducción impositiva, flexibilización aduanera, desregulación cambiaria, prohibición de paros, ingreso sin restricciones de la totalidad de la ingeniería necesaria para funcionar desde sus terminales de origen y el compromiso del Estado por 30 años. Además, se puede traer a todo su elenco laboral desde afuera, porque ya no hay tope para trabajadores locales. Ni pensar en crear medio puesto de trabajo. Peter Thiel, fundador de PayPal y Palantir, esperaba esta llave. Sin ley de lobbys.

La industria nacional, las pymes y el empleo registrado, exigencias antiguas del zurdaje empobrecedor, sigue soportando la carga de mantener el estado en un país cuyo descarte en los contenedores de las sobras y el escombro humano, es cada vez más abultado. Cada vez más inflado en sus suburbios.
Y la ley de lobby llega a destiempo, porque más allá de Peter Thiel, los lobbies minero, agroindustrial, farmacéutico, empresarial, ya redactaron leyes fundamentales para su monumental rentabilidad:
-Para la megaminería contaminante en la boca de los glaciares y en los ríos de los que la gente obtiene el agua. En zonas de emergencia hídrica histórica. Prometiendo empleo que no aparecerá.
-Para derogar la ley de etiquetado frontal y permitir que ya no se avise a los consumidores el contenido de azúcar, sodio, grasas saturadas, etc que contiene aquello que va a comprar. Cinco años de debate costó esta ley, seguramente perfectible. Pero el lobby, que no pudo en ese momento, encontró ahora con quién. Y desde ahora los niños volverán a pedir alimentos que no son saludables porque los publicitan sus personajes preferidos o sus ídolos: Messi y el Dibu los convencen de comer lo que ellos no consumen porque para ser quienes son tienen que alimentarse sanamente. La hipocresía es generalizada. Las Lays y la Pepsi de Messi, entre otras colosales, Coca Cola entre ellas, saludan la caída.
-Para mover cáscaras en el combate al juego ilegal, mientras que el legal coloca publicidades en las camisetas de los futbolistas, en el horario central de TV, en las aplicaciones, en el streaming. Donde el Dibu o Susana Giménez dicen ridículamente “pero si sos menor no podés jugar”. Mensaje que a los chicos no llega ni cerca. Y hay un espacio adulto destruido por la ludopatía que no se atiende. Pero los lobbies son fuertes.

Mientras tanto, por ahí, perdida entre tanta vileza, una resolución del Gobierno nacional decide dejar de financiar los pasajes gratuitos para personas con discapacidad, pacientes trasplantados y niños con cáncer. Ahora deberán hacerse cargo en su totalidad las empresas de transporte. Es casi una obviedad suponer ese futuro inmediato. Los empresarios no van a aceptar tomar una responsabilidad del estado. Y los discapacitados, trasplantados y niños con cáncer perderán un derecho crucial que les permitía llegar desde puntos lejanos de esta tierra a los hospitales de complejidad necesaria para sus dolores.
Les falta capacidad de lobby a los elegidos para el castigo.
El día que el mutitudinario suburbio del descarte levante la cabeza, tal vez se construya el lobby verdadero: el vestíbulo, según la traducción del inglés. Allí donde hay que juntarse para decidir qué hacer con la casa.
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