Artemis II y el lado oscuro de lo humano

Los astronautas de la Artemis II vieron a la tierra como “un bote salvavidas flotando imperturbable en el universo”. Hay muy fuertes intereses en hundir ese bote salvavidas. En estos atribulados y saqueados arrabales del mundo parece una misión imposible pensar en estas experiencias. Es reflexionar sobre la finitud de la existencia y del planeta.
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Por Carlos del Frade

El Universo es un inmenso conjunto de estrellas y planetas dentro de cual, como un grano de arena en una playa, aparece el planeta Tierra.

A pesar de semejante grandiosidad, la humanidad pretende ser única y su soberbia, resumida en una privilegiada minoría, amenaza con ponerle plazo fijo a la existencia de esta única cápsula espacial.

En estos días de guerras, bombas y matanza de chicos y chicas que no se detienen, en estos tiempos de aumentos irracionales en los presupuestos militares de las principales potencias, una misión a la Luna, la Artemis II, se coló entre semejante cúmulo de noticias apocalípticas para ubicar la pequeñez del planeta pero especialmente la fragilidad de la experiencia humana.

La información sostiene que Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen han tenido tiempo de reencontrarse con sus cónyuges, hijos y miembros de sus familias extendidas.

Los cuatro han hablado de su experiencia como una profundamente emotiva y de unión. En su sobrevuelo sin precedentes, los astronautas alcanzaron una distancia máxima de 252.756 millas (406.771 kilómetros) de la Tierra antes de dar media vuelta tras la Luna, superando el récord de distancia del programa Apolo 13.

Pero además han podido observar un eclipse solar total, que ha añadido un toque de asombro cósmico a la experiencia.

El comandante Reid Wiseman dijo que "hace 24 horas, la Tierra era así de grande en la ventana… Estar a más de 200.000 millas (321.869 kilómetros) de casa, antes del lanzamiento, se siente como el sueño más grande en la Tierra, y cuando estás ahí afuera solo quieres volver con tu familia y amigos. Es especial ser humano, y es especial estar en el planeta Tierra”.

Cuánta simpleza y profundidad en esa frase: es especial ser humano y es especial estar en el planeta Tierra. ¿Las grandes mayorías del planeta sentirán todavía que es especial ser humano y especial la vida en esta esfera que flota en lo infinito?

Por su parte, Christina Koch describió la Tierra como un "bote salvavidas que flota imperturbable en el universo", lo que despertó el deseo de ver a la humanidad actuando como una sola tripulación. “Sinceramente, lo que me impactó no fue sólo la Tierra, sino toda la oscuridad que la rodeaba. La Tierra era como un bote salvavidas flotando imperturbable en el universo”, dijo Koch, antes de quedarse con la mirada perdida, y concluyó: "Planeta Tierra, ustedes son una tripulación".

Hermosa imagen, el planeta como un botesalvavidas.

La percepción, entonces, es que hay muy fuertes intereses en hundir ese botesalvavidas.

El canadiense Hansen apuntó a la "experiencia humana" como parte de la misión, al compromiso de la tripulación por vivir con "alegría" y a su "amor" por "contribuir" al trabajo.

En estos atribulados y saqueados arrabales del mundo parecería una misión imposible pensar en estas frases, en estas experiencias de cuatro personas que durante algunas semanas estuvieron dando vuelta alrededor de la Luna.

Tal vez por eso se escriben estas líneas.

Quizás lo ridículo sea no reflexionar sobre la finitud de la existencia y del planeta.

A principios de los años ochenta, todavía en medio de la dictadura de las desapariciones, llegó una serie muy particular a las pantallas de la televisión argentina. Se llamaba “Cosmos”.

El director y guionista era nada menos que Carl Sagan, el inolvidable difusor del pensamiento científico y las realidades del Universo.

Al presentar el último capítulo de su serie, se ubicaba en una cápsula espacial que mira a la Tierra desde lejos.

Es allí cuando hace una doble recomendación: “Abracen a sus hijos y sigan a los poetas”.

Los dichos de estos cuatro astronautas son una hermosa, dulce pero también desesperada convocatoria a sentir la fragilidad del planeta pero especialmente la de la humanidad.

Una imprescindible invitación a la humildad en medio de tanta voracidad depredatoria.

Quizás la misión Artemis II no viajó al lado oscuro de la Luna si no a la profunda naturaleza de una humanidad anestesiada.

Foto de portada: así se ve la Tierra desde el lado oscuro de la Luna. Imagen de Artemis II


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