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Por Alfredo Grande
(APe).- Un amigo me acercó una nota de Clarín, que espero que en esto al menos no mienta. "Las palabras de nuestros padres, las caricias, el afecto, los primeros juegos, el entorno en su conjunto, todo contribuye a dar forma física al cerebro y a su arquitectura, que será el cuerpo de conocimiento que cada uno de nosotros acumule, lo que establece nuestra 'reserva cognitiva", señaló el neurocirujano de prestigio internacional Giulio Maira.
Como el hambre está planificado para que se convierta en hambruna, los daños son colaterales, pero también laterales y frontales. El objetivo buscado es dinamitar eso que llaman reserva cognitiva. Hace no demasiado tiempo decíamos “no poder pensar por hambre”. Y nos referíamos al bajo rendimiento escolar. De la crisis pasamos a la catástrofe. En la crisis está vulnerada la autonomía. En la catástrofe está vulnerada la autoconservación. Diré que estamos ante una catástrofe cognitiva no cuando los chicos van con armas sino cuando la solución de los burócratas de turno es apenas un punitivismo berreta. La criminalización eterna que logró Bukele con la prisión perpetua para niños y niñas, pronto será discutida, quizá aceptada, en estas tierras. Multar a los padres, buscar culpables con lupa, culpabilizar todo sin entender nada, es lo único que se les ocurre a los burócratas de turno.
Hace algunos años intentamos con Irene Antinori entrevistar a directivos de la escuela de Carmen de Patagones donde sucedió el asesinato perpetrado por Junior. Fue imposible. Nos tuvieron todo un día con “más tarde lo hacemos”. Y no pudimos hacerlo. Hay tabúes más fuertes que el tabú del incesto. El tabú de la violencia estatal (en otros tiempos decíamos la violencia de arriba) y por lo tanto la condena total a la violencia de abajo. Pero la situación es más grave.

El tabú a la violencia preconizado por el progresismo impide enfrentar la crueldad. La condena a la crueldad y la condena a la violencia logran un juego de suma cero. Se confunde (no sé si por cuestiones cognitivas) crueldad con violencia. La tragedia del progresismo es que deplora la crueldad, pero condena la violencia. Toda revolución, toda decisión revolucionaria es violenta, pero no cruel. La crueldad es la planificación sistemática del sufrimiento. Ninguna revolución se hace para eso. Crueldad es la catástrofe cognitiva de niñas, niños y adolescentes. No hay revolución si no puede pensarse en la revolución. Desde Eva Perón hasta Fidel Castro, la revolución sigue siendo un sueño eterno. Andrés Rivera lo enseñó. Vale la alegría aprenderlo.

La niñez apaleada, castigada, sometida, abusada, asesinada, tiene ahora sus analizadores. La crueldad ha decantado en las víctimas en el espacio privilegiado de las clases dominantes: la escuela. Las escuelas (como la familia) son fortalezas del sistema. Tienden a reproducir al sistema de dominación. Cuestionarlo es pecado de adoctrinamiento. Niñez y adolescencia son el coto de caza de los depredadores seriales y sociales. Eso que algunos llaman gobernantes.
Los encargados de cumplir uno de los mandatos de la cultura represora: que la niñez sea una pesadilla eterna.
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Fundación Pelota de Trapo nació hace décadas para abrigar de las múltiples intemperies a niñas y niños atravesados por diferentes historias de vulnerabilidad social.
Agencia Pelota de Trapo instala su palabra en una sociedad asimétrica, inequitativa, que dejó atrás a la mayoría de nuestros niños y donde los derechos inalienables de la persona humana solo se cumplen para unos pocos elegidos por la suerte