Palabras y esclavitudes permanentes

El gobierno nacional negó la esclavitud votando en contra en la ONU (junto a Estados Unidos e Israel) de una declaración de crimen de lesa humanidad. A pesar de que nuestra historia está poblada de negritudes. Y de palabras africanas que, no casualmente, se utilizan con el significado inverso al original. El mundo mirado desde los ojos del dominador. Y la opresión permanente.
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Por Carlos del Frade

(APe).- Los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Argentina, en el marco del “Día Internacional del Recuerdo de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavizados”, votaron en contra de una resolución impulsada por Ghana en las Naciones Unidas que reafirma la esclavitud como crimen de lesa humanidad y promueve reparaciones históricas.

La declaración del país africano dice “(...) reconocemos asimismo que la esclavitud y la trata de esclavos, especialmente la trata transatlántica de esclavos, constituyen, y siempre deberían haber constituido, un crimen de lesa humanidad y son una de las principales fuentes y manifestaciones de racismo”.

Un consenso internacional consolidado desde hace décadas, que vincula la esclavitud con las desigualdades raciales persistentes y con las demandas de reparación impulsadas por la comunidad afrodescendiente organizada en distintos continentes.

Por otro lado, la posición del gobierno de Milei es una violación a la propia Constitución argentina que en su artículo 15 sostiene: “En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República”.

El servilismo colonial del gobierno de Milei al imperio más asesino de la historia y su principal aliado, no solamente va a contramano de la propia evolución social de las mayorías que forjaron la independencia en estos saqueados arrabales del mundo, sino también vuelve a censurar la presencia de la negritud en cada una de las personas que habitan la geografía argentina a través de las palabras, aquellas que hacen posible la resistencia de lo humano frente a la ferocidad del sistema que, muchas veces, invierte el sentido original de los vocablos a favor de los sectores dominantes.

Desde hace muchos años, gracias al trabajo del investigador Rodríguez Mola en una edición especial de la revista “Todo es historia” sobre la negritud en la Argentina, existe una conciencia cabal de la presencia de las culturas africanas en la vida cotidiana de las muchedumbres a través de sus palabras.

Decía Rodríguez Mola, por ejemplo, que la palabra quilombo significa desorden, caos, reunión sin ningún objetivo. Sin embargo en dialecto kimbundú, la lengua de los negros angoleños que poblaron el territorio que luego se convertiría en el Virreynato del Río de La Plata en 1776, significaba asamblea, una reunión que tenía el objetivo claro que decidían sus integrantes, una asamblea de esclavos que escapaban de sus explotadores.

Otra palabra que es uno de los pilares del machismo argentino es el vocablo “mina”. En el argot del tango remite a una mujer de estatura espiritual siempre menor a la pareja, la hermana y ni hablar de la madre y que refiere a una compañía esporádica y sin mayor trascendencia. Sin embargo, en el kimbundú,  significa compañera amada.

Catanga, palabra que hasta este siglo XXI es sinónimo del bicho de mal olor, en su etimología original quiere decir perfume.

Cafúa que en el lenguaje lunfardo es cárcel, en realidad significa hogar. Palabras que llegan hasta el interior de los argentinos del tercer milenio pero con los significados inversos a la verdad etimológica. Con el sentido exacto que le daba el dominador, el explotador de los negros. Otro ejemplo es la palabra “mandinga” que pobló gran parte de la literatura gauchesca como sinónimo del demonio en la Tierra. Sin embargo quiere decir selva, oscuridad, la posibilidad de la libertad para el negro esclavo. Y por eso representaba el mal supremo para el patrón porque era la independencia de su fuerza de trabajo gratuita que era el esclavo.

Pero hay una palabra que todavía se usa y parece mantener el sentido original. Mucama. Que en kimbundú quería decir esclava.

En las estadísticas laborales suele aparecer de manera recurrente el dato de que el mayor nivel de evasión patronal se da en el empleo doméstico. Las que más lo sufren son las mujeres, las llamadas mucamas.

Si las palabras han viajado siglos en el interior de los argentinos e invirtieron sus significados es porque un grupo quiso que se mirara el mundo de acuerdo a cómo se hablaba de las cosas del mundo.

Y si el mundo se dice y se mira desde los ojos del dominador, desde el punto de vista de las minorías, es muy difícil que las mayorías adquieran una visión real de sus propias necesidades y de su concreto lugar de existencia.

Quizás por esta razón, siempre vinculada a las minorías que se creen dominantes en el mundo, el gobierno de Milei niega la esclavitud y multiplica la ilusión de la opresión permanente.

Fuentes: Constitución de la Nación Argentina; diario “Página/12” del 26 de marzo de 2026; “Historia política de la esperanza”, del autor de esta nota.


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