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Por Alfredo Grande
(APe).- Recuerdo una anécdota de Jorge Luis Borges. Una señora se acercó al genial escritor en ocasión del fallecimiento a los 99 años de la madre de Borges. Le dijo: “qué pena, y ya estaba por cumplir 100 años”. Borges, con su estilo único le contestó: “señora, desconocía su afición al sistema métrico decimal”.
Nuestra subjetividad está fuertemente condicionada por el sistema métrico decimal. Se nota especialmente en los cumpleaños. Es bien diferente 59 que 60. Hasta aquí los ejemplos. Los 50 años del genocidio tiene, tuvo y tendrá un color especial que espero mantenga el 51 aniversario. Sentí mucha alegría al ver que se pisaban las calles nuevamente, que la convicción doblegó por mucho tiempo al miedo, al dolor, a la tristeza.
Ahora bien, o mejor dicho, ahora mal. El genocidio continúa. Fue hace 50 años y es ahora. Pero para pior ahora tiene el mejor disfraz: los votos. La confusión entre votar y otorgar una especie de licencia para matar hay que señalarla. Tengo la firme convicción de que nadie votó la continuación del genocidio por otros medios.

Hablar del genocidio actual no es una metáfora de ocasión. Es una realidad cotidiana donde los drones, los bombardeos son el boletín oficial.
Si algo caracteriza a este genocidio es el cinismo y la cobardía. El cinismo de declararse sionista. La cobardía de aprovechar el monopolio de la fuerza pública para atacar a población civil, totalmente desarmada y de edad avanzada.
La política degradó del “arte de gobernar” al “arte de delinquir”. Por eso aborrezco los discursos contra la corrupción. La palabra corrupción está corrupta. La corrupción es destruir la integridad. Acá no hay íntegros: hay delincuentes que utilizan el Estado porque son topos mafiosos. Hoy el autodenominado gobierno es una gigantesca asociación ilícita. Cuando se hace lo mismo que se criticó la catadura moral es bajísima.
Criticaron la pedofilia para poder violar niños y niñas.
Sucede lo mismo, pero de otra manera, que hace 50 años. Asesinaron, torturaron, robaron con el pomposo nombre de reorganización. Para los asesinos y ladrones de ayer y de hoy, todavía necesitan discursos justificatorios. Supongo que tienen como horizonte archivar todos los discursos justificatorios. La suma del poder público no los necesita.
Los 50 años en su repudio masivo deberá ser un Faro que nos ilumina los horrores de ayer, los horrores de hoy y los horrores de mañana. Y nos obliga a revisar todo, todo, todo.
Nuestra Constitución Nacional es profundamente reaccionaria. El Himno Nacional está castrado. La división de poderes es una estafa. La deuda externa no existe. Somos acreedores, no deudores. La democracia es la continuación de la dictadura por otros medios. Hay un negacionismo de derecha que revindica el genocidio y un negacionismo de izquierda que prefiere deplorar resultados que averiguar causas.
Obviamente, todo a discutir. El pensamiento crítico lo exige.
Pero aún hoy hay cosas que no se discuten. Un solo ejemplo: la violencia y el odio como disvalor. Yo creo que lo único que se opone a la crueldad es la violencia.
Todo para discutir. Esa es la verdadera herencia de los combatientes, los mártires, las heroínas y héroes de hace 50 años y más.
El que no cambia todo, no cambia nada.
Valió la alegria. Que valga la lucha.
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