A 50 AÑOS DEL GOLPE

La dictadura sigue sucediendo…

A 50 años de aquel fatídico 76, hoy, más que nunca, necesitamos ese país que se atreva a soñar con la ternura organizada, con la infancia como prioridad, con la dignidad como base. Ese país por el que lucharon aquellos jóvenes a los que la estructura cívico militar buscó borrar del mapa.
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Por Darío Cid

(APe).- Mientras haya niños asesinados por el hambre y el paco.

Mientras haya niños que terminan la primaria sin saber leer.

Mientras siete de cada diez niños estén en la pobreza.

Mientras haya jóvenes que egresan del secundario sin comprender lo que leen.

Mientras nuestros viejos sigan empobrecidos y mueran antes de completar su tiempo, abandonados.

Mientras haya personas con discapacidad que no reciben lo necesario para vivir con dignidad.

Mientras haya familias viviendo en villas en condiciones inhumanas, hacinadas, sin trabajo.

Mientras las fábricas cierren y dejen a miles de trabajadores en la calle.

Mientras millones de argentinos no tengan acceso a la vivienda.

Mientras miles deban abandonar su tierra para migrar a los conurbanos, a villas sin cloacas ni agua potable.

Mientras nos sigan robando los recursos naturales, arrasando bosques, contaminando ríos, destruyendo montañas y pueblos enteros.

Mientras, mientras, mientras…

La dictadura sigue sucediendo. Para eso llegaron, contra eso luchaban nuestros jóvenes. Por eso los secuestraron, por eso los torturaron, por eso los desaparecieron.

La memoria es necesaria, no sólo para que no vuelva a ocurrir, sino para que nuestros jóvenes comprendan por qué nuestros muertos y desaparecidos amados dieron sus vidas: qué país soñaban, contra qué luchaban.

La democracia prometía erradicar las razones contra las que luchaban nuestros muertos y desaparecidos amados. Prometía justicia, pan, dignidad, igualdad. Pero fracasó. Fracasó en su deber de reparar, de transformar, de proteger.

Porque estas democracias que nacieron después, son hijas de la dictadura: democracias de cartón, que maquillan la miseria y administran el dolor.

Hoy, más que nunca, necesitamos otro proyecto de país.

Uno que no maquille la miseria, que no administre el dolor, que no se conforme con sobrevivir.

Un país que se atreva a soñar con la ternura organizada, con la infancia como prioridad, con la dignidad como base.

Porque la democracia sin justicia es apenas una forma elegante de administrar la continuidad de la dictadura.

La dictadura sigue sucediendo. Y nuestros muertos y desaparecidos nos preguntan, con un grito silenciado:

¿Qué país soñamos?

¿Qué estamos haciendo para que la dictadura no siga sucediendo?

Porque mientras haya un solo niño con hambre, uno solo… la dictadura sigue sucediendo.

Y en ese niño -como decía Alberto Morlachetti- está la raíz de la esperanza de los pueblos.

La infancia no es un territorio que se abandona: es la patria que nos reclama dignidad.


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