Opciones

Cinco millones salieron a la calle para celebrarlo en el 2022. El decidió decirle no al balcón de la Casa Rosada porque no quería exposición política. Ayer entró con Donald Trump a la Casa Blanca para festejar el título del Inter de Miami. Un cuadro mediocre de un imperio en guerra con el resto del mundo. El eligió esta foto.
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Por Silvana Melo

(APe).- El ídolo planetario puede elegir qué foto sacarse. Y qué foto no sacarse. Puede elegir un balcón de una casa rosa con cinco millones de personas abajo vivando un día inolvidable. O un acto en el East Room de una casa blanca a la diestra del hombre que bombardea al mundo.

A principios del diciembre de 2025 el Inter de Miami ganó la MLS en Estados Unidos. Lionel Messi fue figura. A los 38 años no necesita nada más. Es uno de los deportistas más ricos del mundo. Piensa jugar en la tierra donde vive su sexto mundial y ganar el segundo de su carrera. Ya debe estar mustio y aburrido de una vida de mansiones allí donde pare.

Para acabar su carrera eligió hacerlo en el equipo que fundó Jorge Mas, hijo de Jorge Mas Canosa, cubano exiliado en 1959, de historia oscura trabajando para la CIA.

El 28 de febrero de 2026 Donald Trump y Benjamín Netanyahu atacaron furiosamente Irán. Una parte del bombardeo cayó en una ciudad llamada Minab. Más exactamente, en una escuela donde estudiaban niñas chiquitas, de no más de siete años. Murieron 180. Trump y Netanyahu intentaron negar el crimen horrible. Hasta hablaron de un torpedo iraní que equivocó el rumbo. De imágenes viejas de una guerra en Pakistán. Pero no. Fueron ellos.

El 5 de marzo se celebró en la Casa Blanca el título de la MLS que obtuvo el Inter de Miami. Tres meses después. Casualmente, el acto comenzó con la entrada de Trump, Jorge Mas y Lionel Messi con música festiva y aplausos. Seis días después del asesinato de 180 niñas en la escuela de Nimab. Y con una guerra casi mundial desatada por el hombre de cabellos anaranjados a quien Lionel Messi le dio la mano con una sonrisa.

Ese hombre, cuya imagen está en picada por una lista interminable de horrores, decidió que el acto se hiciera ya y con Lionel Messi escoltándolo a su derecha. Para suavizar los millares de muertos que se apilan bajo los escombros del Oriente Medio, para poner un manto de fakes y de olvidos sobre la infancia masacrada, para que dejen de levantar archivos de Epstein donde aparece tercamente, para que dejen de hablar un poco de la política anti migrantes, ahora que los venezolanos van a empezar a irse de una vez y cuando termine con Cuba se irán los cubanos y make America great again, pero aparecen todo el tiempo las acusaciones de abuso sexual infantil y la guerra que cada vez se parece más a la tercera guerra mundial.

Y Lionel Messi, el pibe que lo pudo todo en la cancha, el que emocionó, el que llegó a la cima y no paró, el que se cargó las nubes y el cielo y trajo la tercera cuando se creía que ya nunca más, no tuvo el coraje de decir que no. No supo decidir qué foto sacarse y qué foto no sacarse. Como debería saber decidir un ídolo planetario símbolo de tantas cosas.

El niño afgano que se hizo una camiseta de Messi con una bolsa de nailon

Será que se le pide, justamente, lo que no es. Será que cinco millones de personas en la calle, un pueblo entero como jamás en esta tierra castigada y matada tantas veces que salió a celebrarlo porque necesitaba celebrar la vida cuando la muerte había sido tanta desde la pandemia hasta el héroe trágico que se había muerto justo en el 2020, no eran suficientes. Cinco millones salieron a la calle para celebrar la tercera y la vida en el 2022. Pero él decidió decirle no al balcón de la Casa Rosada porque no quería exposición política.

El 5 de marzo entró con Donald Trump a la Casa Blanca para festejar el título del Inter de Miami. Un cuadro mediocre del torneo mediocre de un imperio en guerra con el resto del mundo. El eligió esa foto. El tomó partido por el imperio.

A espaldas de los pibes de los potreritos embarrados de los países asiáticos, de los africanos, de los medio orientales, donde sigue siendo ídolo. Modelo a seguir para los que intentan salir de la pobreza, de la guerra eterna, de la esclavitud, de los genocidios intestinos. Como aquel afganito que se hizo una camiseta con una bolsa de nailon escrita con marcador con el 10 de Messi. A espaldas de los pibes que soñaron con ser él.


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