El fogón del capital

El plan es sistemático y viene gestándose con el cuento que narraron los gobiernos de todos los colores partidarios desde la vuelta a esta democracia deshecha en cenizas.  Desfinanciar la protección de los bienes naturales, para incendiar, destruir, desmontar, explotar y vender los territorios es el objetivo.
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Por Martina Kaniuka

(APe).- César Salamín es intendente de El Hoyo, localidad chubutense ubicada a 750 kilómetros de la capital de Rawson, una de las más afectadas por el fuego. Consultado por “la situación” -otra vez los bosques patagónicos ardiendo por un incendio intencional sin un culpable identificado, sin leyes sancionadas que prevean un protocolo de actuación efectiva, sin presupuesto ejecutado para equipar debidamente a los brigadistas que exponen su vida en los 32 focos de incendio-, decidió hacerle honor a su nombre: “por más recursos que le pongas, la verdad es que contra el clima no se puede. Una vez que inició el fuego y no se controló en los primeros 20 minutos, con las condiciones climáticas como estaban, por más recursos que se utilizaran, no alcanzaba”.  Por último, a la hora de mencionar culpables, no dudó:“detrás de cada incendio nunca hubo un emprendimiento inmobiliario. Nunca existió eso en la zona. Lo que sí hubo después de cada incendio fueron tomas, y eso es lo que vamos a impedir ahora”.

Sostiene Salamín, en la misma línea que el gobernador Ignacio Torres y el ministro del Interior,Diego Santilli –que no pudieron dar cuenta de los fondos que desde el año pasado esperan las familias damnificadas- que, en esas tierras patagónicas hoy arden los bosques milenarios. En esas mismas tierras donde terratenientes como Joe Lewis, dueño del club Tottenham de la Premier League británica -con 11.000 hectáreas en Río Negro-  Luciano Benetton, mega empresario textil -con 900 mil hectáreas- y príncipes qataríes y holandeses compran represas y dibujan carteles de Propiedad Privada en la cordillera para jugar a la casita del lago, privatizando bosques y ríos que pertenecen a todos los habitantes de la nación.

Y dice el Ejecutivo provincial, después de que el argumento del cambio climático no funcione- que fue intencional. Repiten los medios que se inició con combustible. Y que la culpa, aunque no haya pruebas, es toda de los pueblos originarios. Arden los árboles milenarios donde las comunidades mapuche tehuelche siembran la placenta de cada niño nacido para celebrar la vida y agradecer. Arden los árboles y el verde que Benetton patentó como marca registrada -en otro gesto de obsceno colonialismo explícito, obnubilado por los bosques que acapara en un bolsillo del suéter- devienen rojo averno. Arden y la responsabilidad es de los mapuche, por eso entraron a patadas al Lof Pulgar Huentuquidel. Y no de la especulación inmobiliaria que “nunca existió”.

Según el Registro Nacional de Tierras, la posesión por parte de extranjeros abarca el 5,57% del territorio rural argentino, con 12,5 millones de hectáreas en manos foráneas, el equivalente a 626 veces la superficie de CABA. Cuatro grupos internacionales tienen control sobre 110.000 hectáreas, un área equivalente a seis veces la superficie de CABA.

En diciembre de 2025 el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, anunció en el marco del Consejo de Mayo que el gobierno planifica un  nuevo proyecto para derogar o modificar la Ley de Tierras, junto con reformas a la Ley de Bosques Nativos y la Ley de Manejo del Fuego. La prohibición de 30 a 60 años para cambiar el uso de las tierras afectadas por incendios forestales descansa a la sombra de la Corte Suprema, vigente por una cautelar.

El Servicio Nacional del Fuego (SNF), supeditado por este gobierno a la cartera de Seguridad, sufrió una caída del 69% de su presupuesto respecto de 2023 y del 78,5% en comparación con 2025. Ecología y Medio Ambiente, recibirán apenas el 0,14% del presupuesto nacional total. La protección de bosques nativos -que debería representar el 0,3% según la Ley 26.331- apenas accede al 0,0107%. Hay $20.000 millones que nunca llegaron a equipamiento, infraestructura ni capacitación de brigadistas.

Y si el cambio climático es el principal argumento de este gobierno a la hora de responder por su desidia, habría que preguntarse por qué hace cinco meses el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) -que depende del Ministro de Defensa, liderado por Carlos Presti, primer militar de la historia en asumir esa cartera- no tiene director. El anteriormente designado, José Antonio Mauad, contrariamente a lo requerido para el puesto, es también militar retirado, excombatiente en Malvinas.

El plan es sistemático y viene gestándose con el cuento que narraron los gobiernos de todos los colores partidarios desde la vuelta a esta democracia deshecha en cenizas.  Desfinanciar la protección de los bienes naturales, para incendiar, destruir, desmontar, explotar y vender los territorios es el objetivo.

Alrededor del fuego, a esta altura sin gentilicio, danzan los capitales trasnacionales, atizados con la melodía de la narrativa oficial que habilita leyes, decretos, ONGs y desfinanciación mediante, la adquisición de tierras por parte de extranjeros.

Cuando Julio Argentino Roca inició con su ejército la “Campaña al Desierto” encontró -en el territorio sin bordes al que buscaba dibujarle fronteras- comunidades y pueblos que resistieron con dignidad y lucha poniéndole el cuerpo a los cañones y el espíritu a la ignorancia occidental del hombre blanco. Tanto resistieron que fue sólo después de un genocidio que logró desalojar las tierras, esclavizando a los sobrevivientes, en la búsqueda de la creación y organización del “Estado Moderno argentino”.

Ese mito fundacional que habla de un desierto no tan desierto, lleno de vida y de gente y de plantas y de árboles y de animales y de ríos y de montañas y de rocas y de metales invaluables que el capital saca del suelo para hacerlos valer en Wall Street, hoy reverdece con el crepitar de cada árbol del bosque que trae también el murmullo de la lucha y la resistencia. Los que aman la vida, caminan hacia los focos de incendio, tanteando puntos calientes, rezando para que acompañe el viento y los árboles y las casas dejen de desvanecerse. Desde distintos puntos del país acercan donaciones. Dotaciones de bomberos voluntarios viajan a la Comarca para luchar contra las llamas. Los vecinos de las comunidades y los pueblos cercanos prestan sus vehículos, su fuerza, sus brazos.

En la memoria de los pueblos, la tierra se defiende.


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