La adolescencia y el trampolín a la vida

La tasa de suicidio adolescente es la segunda causa de muerte entre los 10 y los 19 años. Y si bien son mayores los intentos en mujeres, la letalidad es más alta entre varones. La niñez y la adolescencia no pueden esperar en la fila los turnos eternos para  el viaje al mundo de Nunca Jamás.
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Por Ignacio Pizzo (*)

(APe).- Destacar las bondades del mundo parece ser tarea compleja. Buscar ideas seductoras para intentar que nuestros adolescentes se aferren a la vida nos exige una creatividad ilimitada, un desafío agotador. Es un camino, escarpado, angustiante y no exento de frustraciones.

La tasa de suicidios en adolescentes viene en sostenido ascenso y es la segunda causa de mortalidad en el grupo etario entre los 10 a 19 años. Así lo resaltaba un informe de UNICEF del jueves 30 de junio de 2019. Y el informe también destaca que los casos de suicidio en la adolescencia se triplicaron en los últimos 30 años. La cifra ascendió a 12,7 cada 100.000 adolescentes entre los 15 y los 19 años.

Es mayor el número de intentos entre mujeres pero la cifra de muertes por esa causa es más alta entre varones. Y allí entran en escena, en el análisis de posibles causas, los comportamientos culturalmente atribuidos al género masculino: una menor tendencia a comunicar problemas y a reconocer que necesitan ayuda o que tienen dificultades. Pero, a su vez, tienden a usar métodos más letales como ahorcamiento o la utilización de armas de fuego.

En la Ciudad de Buenos Aires se registraron 596 internaciones de niñas, niños y adolescentes por riesgo suicida. El dato forma parte de una investigación que lleva adelante el Ministerio Público Tutelar (MPT) sobre un relevamiento activo de las internaciones asociadas al riesgo suicida en infancias y adolescencias.

En un informe del Hospital Garrahan de septiembre del 2024 se menciona también que se suicidan más los adolescentes de entre 15 y 19 años que los de 10 a 14. Y si bien refuerza  el dato de que los varones tienen mayor tasa de letalidad (efectividad), la estadística indica que la relación de intentos de suicidio es de 1 varón cada 4 mujeres. Otro dato relevante para el abordaje de estos pacientes es que la conducta autolesiva no siempre está acompañada por ideación suicida, algo que ocurre en el 17% de los adolescentes con autolesiones y predomina entre los chicos de 15 y 16 años.

Por ser un centro de alta complejidad, “el Garrahan trata a chicos que acuden por casos graves o a quienes están en seguimiento por sus patologías de base, ofreciéndoles un abordaje interdisciplinario que integra al individuo y a su familia”, indicó la psiquiatra y jefa del Servicio de Salud Mental, Alejandra Bordato. Entre 2018 y julio del 2024, egresaron del Hospital 79 pacientes tratados por intento o ideación suicida y autoagresiones. El resto de los pacientes son derivados a centros de menor complejidad o cercanos a los domicilios.

El documento de Estrategia Federal de Abordaje Integral de la Salud Mental para el fortalecimiento del Primer Nivel de Atención no está disponible en las páginas oficiales del gobierno nacional al momento de escribir esta nota. Un síntoma agudo en esta etapa temporal donde los proyectos gubernamentales parecen enaltecer la macroeconomía y aniquilar las escasas herramientas para acercar manos ayudadoras. La atención para sanar es un banco para quitar en este ringside al que se somete al carente de toda carencia, a  esos enemigos creados en cada paciente sin cobertura privada y en cada mano hábil de trabajadores que intenten estar presentas en tal cosa como la salud pública.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud y otras investigaciones locales, en la Argentina hay alrededor de 200 psicólogos por cada 100.000 habitantes, lo que la convierte en uno de los países con mayor cantidad de esos especialistas a nivel mundial. Sin embargo, la oferta para el mundo infantojuvenil no impresiona gozar de fueros que cubran de investiduras sólidas para un devenir de aventuras, descubrimientos y destinos armados para imaginar un más allá que sea distinto a las penas y los olvidos.

Cada paso hacia adelante será una cuesta hacia arriba no exenta de sombras. Se fomenta desde el útero una animada supremacía del más apto para una sobrevivencia a codazos. Será un buen ciudadano niño si logra sobreponerse a la carrera de obstáculos perversos que propone un cuerpo social execrable como el que hemos construido. Las propuestas son cada vez más sofisticadas para una masacre juvenil en cuotas. Como si no fuera suficiente con la violencia institucional encarnada en una uniformada animosidad infanticida y juventicida, se suman las fauces de las sustancias psicoactivas y la renovada fórmula del encarcelamiento proyectado para los menores.

De esta encarnación de proyectos de angustia no queda exento el mundo comercial apostador que eligió de clientes a la población infanto-juvenil que está al margen del éxito futbolístico. Las pasiones son también comerciables. Mercados de apuestas digitales, algunas promocionadas por los más destacados futbolistas, que no apostarían ni uno solo de sus millones en las empresas que promocionan y tampoco permitirían que su descendencia incurra en tales menesteres.

Según un artículo de la Universidad San Andrés la mayoría de los adolescentes –cerca de un 80%– entran a plataformas ilegales, con escaso o nulo monitoreo de edad, sin impuestos, ni regulaciones. La edad de inicio del juego online asociado a la apertura de billeteras virtuales se produce aproximadamente a los 13 años.

En Argentina, no existen estadísticas nacionales que midan con precisión el alcance del fenómeno, otro síntoma de la negación liberticida. Es así que quizá sea necesaria la búsqueda de datos más allá de las fronteras en esta ola importadora. Por ejemplo un estudio sueco estimó que las personas con ludopatía tienen 15 veces más riesgo de morir por suicidio que la población general.

Se podrían seguir enumerando un sinfín de estadísticas, a modo de estudios complementarios que confirmen un diagnóstico que no es otra cosa que un secreto a voces. Parece ser necesaria una rendición de cuentas para que sea creíble el sufrimiento. Tal vez haya que dar explicaciones reverenciales ante reyes y bufones de lata. Argumentos y diagnósticos sobran para evidenciar la proyección en vivo y en directo de la pesadilla.

La niñez y la adolescencia no pueden esperar en la fila los turnos eternos para  el viaje al mundo de Nunca Jamás. Una vez más con sus manos mendicantes intentan abrir las ventanillas de los nosocomios impúdicos con restos manicomiales.

La salud mental es la salud y la salud es la vida con juegos, animaciones, saberes, trabajo, risas cómplices, latidos de amor o de dolor con un abrazo como marco.

(*) Médico generalista, Casa de los Niños. Fundación Pelota de Trapo


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