Por Carlos Del Frade

(APe).- “La mano invisible del mercado” es la frase que todavía se escucha cuando los sectores poderosos encubren a los responsables del saqueo institucionalizado del capitalismo en sus distintas versiones nacionales. Ahí debe apuntar el derecho penal y no a los 300 pesos por un bebé para comprar drogas, la ferocidad cotidiana de Granadero Baigorria.

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Por Alfredo Grande

(APe).- Martin Castelucci fue asesinado el 2 de diciembre de 2006 tras días de agonía. Golpeado por un patovica. Conocí la lucha de su familia. Se organizó una fundación para preservar su memoria, Una de sus tareas era la formación de los vigiladores nocturnos. Pocos recordarán este asesinato, así como yo me olvido de tantos otros.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Hace más de siete décadas el brasileño Josué de Castro se preguntaba si el hambre sería “un fenómeno natural inherente a la vida misma, una contingencia inamovible como la muerte”. O bien “una plaga social creada por el propio hombre”. Simultáneamente Lea Zajak soñaba, encerrada en Auschwitz, con apenas 16 años con un árbol en el que crecieran panes. Por estos días una parte de la sociedad que se nutre de la basura televisiva que muestra la muerte evitable por hambre o de los medios de masividad penetrante que descubrieron, de repente, cómo la niñez wichí está literalmente desapareciendo de la tierra, siente el horror por un instante. El horror que deviene tal después de un silencio sostenido largamente porque, después de todo, hay que asumir que el hambre averguenza y, por lo tanto, no debe ser pronunciado. El silencio, como pacto moral ante aquello que no debe ni puede ser reconocido porque, de lo contrario, obligaría a reaccionar.

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Por Silvana Melo

(APe).- Son siete los niños wichí que no llegaron a vivir dos años y que se murieron de hambre y de sed en este enero. El agronegocio desmontó, en los últimos diez años, 1.200.000 hectáreas. Y desalojó a cien mil mujeres, hombres y niños que vivían, comían y se curaban bajo su techo frondoso. La frontera agropecuaria se empuja y se corre e irrumpen la soja y la transgénesis donde estaba el monte. Un pueblo entero entre los árboles queda desnudo e inerme. Y se va muriendo, poco a poco. Con decenas de niños en la frontera de la vida y de la muerte. Ante la dimensión de la catástrofe, los médicos Medardo Avila (lo adelantó en esta Agencia), Carlos Trotta y Emilio Iosa elevaron el pedido a Médicos Sin Fronteras para instalar una misión humanitaria en un territorio donde la presencia del estado elige a quiénes abandona.

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Por Claudia Rafael

(APe).- Más de 18.000 kilómetros anduvieron. El mundo entero atravesaron para llegar a esta Argentina de ciudad populosa en la que instalaron su supermercado. En el barrio porteño de Palermo. Dicen que ella se llamaba Li. El super chino que instaló con su marido fue devorado por las llamas y su cuerpo, transformado en cenizas y restos chamuscados, fue encontrado bajo una pila de mercadería. Cuentan que entró a salvar a su niña de 14 años y lo logró.

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