Por Carlos Del Frade

(APe).- Se preguntaba Mariano Moreno en su Plan de Operaciones, la verdadera plataforma política de la Revolución de Mayo: “Qué obstáculos deben impedir al gobierno, luego de consolidar el estado sobre bases fijas y estables, para no adoptar unas providencias que aún cuando parecen duras para una pequeña parte de individuos, por la extorsión que pueda causarse a cinco mil o seis mil mineros, aparecen después las ventajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios, y demás establecimientos en favor del estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos”.

Y agregaba que “si bien eso descontentará a cinco mil o seis mil individuos, las ventajas habrán de recaer sobre 80 mil o 100 mil”.

Un estado que arbitre lo necesario para cumplir el objetivo de la política, según el propio Moreno, que es “hacer feliz al pueblo”. Un estado que vuelque su poder en favor de las mayorías y en contra de los intereses minoritarios.

Con un proyecto de desarrollo del mercado interno y proteccionista de su comercio y su industria: “se pondrá la máquina del estado en un orden de industrias lo que facilitará la subsistencia de miles de individuos”.

El futuro del país pensado por Moreno “será producir en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de sus habitantes”.

Durante una década no habrá interés particular por sobre las necesidades del estado revolucionario: “se prohíbe absolutamente que ningún particular trabaje minas de plata u oro, quedando al arbitrio de beneficiarla y sacar sus tesoros por cuenta de la Nación, y esto por el término de diez años, imponiendo pena capital y confiscación de bienes con perjuicio de acreedores y de cualquier otro que infrigiese la citada determinación”.

Repite su cuestión de estado a favor de una igualdad garantizada desde el poder: “las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un estado, no sólo
son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un estado”.

Tres años después, Belgrano escribía: "Se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas; la una dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar por su trabajo la reproducción anual de estos frutos y riquezas o a desplegar su industria para ofrecer a los propietarios comodidades y objetos de lujo en cambio de lo que les sobra. El imperio de la propiedad es el que reduce a la mayor parte de los hombres a lo más estrechamente necesario", según lo publicaba “La Gaceta”, el primero de setiembre de 1813.

En la Argentina de diciembre de 2015, concentración, extranjerización y total vigencia del poder financiero son las pautas de la economía y la política.

“…Tan sólo 18 de las 50 mayores empresas son de capital mayoritariamente nacional. El resto son compañías multinacionales o de capital mayoritariamente extranjero”, dice la revista “Prensa Económica”, del mes de octubre de 2015 que trae el ranking de las 1.000 empresas líderes de la Argentina a partir de los balances presentados en junio de este año.

La facturación total de las cincuenta primeras, ascendió a un billón 208.591 millones de pesos, nade menos que el 42 por ciento del millar de firmas, “lo cual habla de una fuerte concentración en las empresas del país, por lo menos en lo que a magnitud de ventas se refiere”, sostiene el informe.

De acuerdo a la cantidad de personal, el estudio sostiene que el mayor empleador es Arcor con 21 mil trabajadores, seguido por Carrefour, con 19.481 y casi empatados en la cifra se colocaron a continuación Banco Nación, Telecom Argentina y Correo Argentino.

Los sectores ganadores fueron la industria del petróleo y el gas; seguido por los bancos y descendiendo un puesto, las empresas del sector cerealero y aceitero, afectadas por la baja de los precios internacionales.

Este documento vuelve a mostrar una radiografía de la situación política económica de la Argentina del tercer milenio: extranjerización y concentración de la economía en pocas manos y una gran potencia en el sector financiero a pesar de la crisis de 2001 y la continuidad de la ley de entidades financieras de la dictadura.

Los fantasmas de Moreno y Belgrano siguen vivos en el presente argentino, esta realidad que a partir del 10 de diciembre será presidida por el ingeniero Mauricio Macri. ¿Su política económica irá en contra de aquellos fantasmas o estará a favor de los intereses que hoy manejan los números estructurales de la vida cotidiana de las mayorías argentinas que lo acaban de elegir?

Esa es la historia que continúa.

Fuentes: Revista “Prensa Económica”, número 326, octubre de 2015 – “Los caminos de Belgrano”, Rosario, 2012, del autor de esta nota.

 

 

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