Por Ignacio Pizzo (*)

(APe).- La infancia pobre de nuestro país, con cifras que notifican una fracción cada vez más grande es, en nuestro cuadro actual, una filmación perversa, que decidió rodarse sin indicios de final feliz.

Evita fue la autora de un hecho disruptivo, irritativo e irreverente, que puso en valor, en términos de hoy, a la infancia y nos interpela, revisando la historia, para mostrar que no hay imposibilidad alguna ante decisiones políticas férreas.

Los que hoy son privilegiados, son los que sostuvieron la pancarta de “viva el cáncer” y que se pasaron la posta a lo largo de los años, para que a nadie se le ocurra repetir jamás aquella experiencia. Sostienen el cáncer hasta tal punto que expande sus metástasis incluso en sectores filoperonistas, progresistas y de la izquierda que se resigna indignamente hacia la fase conversa y sostiene también que es inevitable un ajuste en las circunstancias actuales.

En el artículo “El día común en la época de Eva Perón. Experiencias de infancia en el hogar-Escuela durante el gobierno peronista”, Mariano Pussetto, licenciado en antropología, describe (en un relato de experiencia sistematizado a través de dos actores, convivientes de un Hogar-Escuela en Córdoba) la idea del privilegio en los niños, materializada, concreta, simple y compleja a la vez. Allí se muestra cómo el cotidiano construye futuro. Como la integralidad elude lo puramente discursivo en un emprendimiento, sanitario, pedagógico y convivencial.

Los niños y niñas concurrían a la escuela pública de calidad y pasaban el resto del día en un lugar impregnado de dignidad. Carlos y Juan dos internos de una escuela-Hogar, recuerdan su experiencia como una de las más significativas de sus vidas. Uno de ellos relata que no es peronista.

Lo cotidiano es político, organiza, estructura la vida, un hecho de relevancia para el hogar-escuela. Pero las responsabilidades parecen estar articuladas con disfrute, con lo lúdico: la supervisión de las preceptoras para el cumplimento de las diversas tareas, escolares o de rutina; el cuidado en la higiene y la vestimenta; el transporte a la escuela, que se mezcla entre el juego y la disciplina horaria. Esto se señala en el citado artículo.

La frase los únicos privilegiados son los niños es emblemática en tanto política dirigida a la población infantil, relata Sandra Carli en un trabajo del 2002.

Eso funcionaba de una manera absolutamente metódica y amorosa, porque había un principio que no hay que olvidar: «los únicos privilegiados son los niños». En el hogar-escuela, en la época del peronismo, un niño no podía ser castigado bajo ningún punto de vista (Juan, 2018).

La asistencia a niños, niñas y adolescentes se extendía desde la crianza hasta su juventud, construyendo una relación sin mediaciones entre líderes políticos, niños y jóvenes (Carli, 2005)

La acción política sobre la infancia se debía dar en el hogar, en el barrio y, sobre todo, en la escuela, pero también se utilizaban otras instancias como campeonatos deportivos, la distribución de juguetes, las colonias de verano, entre otras.

Los entrevistados en el trabajo de Mariano Pussetto hacen un constante hincapié en el vínculo marcado por el afecto.

Dentro del hogar escuela funcionaba “El hospitalito”: allí la atención sanitaria de niños , niñas y adolescentes tenía una prioridad dentro del tejido armado para esa comunidad infantil. La revisión médica y odontológica se realizaba de manera periódica.
Juan, uno de los entrevistados y fuente testimonial en el trabajo de Pussetto decía: “Y todo eso estaba perfectamente organizado, con preceptoras que nos cuidaban, que nos atendían con cuidados muy especiales, revisación médica y odontológica todas las semanas. Había, por supuesto, un sistema de salud que funcionaba como una maquinaria aceitada, era una cosa espectacular”.

En el 2022, nuestra Argentina escribe su página más dolorosa. Más de la mitad de dicha página tiene la estadística de la obscenidad capitalista, la pobreza infantil.

Cuando se cumplieron 70 años de la muerte de Eva Duarte, la dirigencia sindical unida que no negocia paritarias, ni realiza medidas de fuerza a la alza para que el salario llegue a fin de mes, realizaba una marcha de antorchas en su conmemoración. Y el gobierno genuflexo, en sintonía opositora, otorga un dólar especial: el dólar “agro” a los grandes productores del campo. Los acopiadores y especuladores de antaño, uno de los grupos privilegiados, los privilegiados del cáncer. Lo que no parecen entender los privilegiados sindicalistas devenidos en empresarios o, en el mejor de los casos en burócratas sin representación, los privilegiados gubernamentales y los privilegiados de la oligarquía del siglo veintiuno, es que un cuerpo con cáncer aunque cuente con tejidos sanos, muere igual.

(*) Médico generalista. Casa de los Niños Pelota de Trapo - Cesac N°8

Edición: 4154

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