Honrar la vida, como decia Eladia Blazquez no solamente es imposible, sino que es humillante. Ante eso surge el gracias a la muerte. La muerte, lo más opuesto a la vida, por lo menos en la cultura occidental y cristiana, es una solución. Seguro peor que la enfermedad, pero solución al fin. Por eso toda política seria de prevención del suicidio tiene que repensar la vida.
