Los migrantes son esa “invasión silenciosa”, bienvenida como mano de obra para precarizar y presa deshumanizada preferida a la hora de dar explicaciones ante el contribuyente blanco promedio que ya no puede consumir igual con la tarjeta de crédito. Y quienes se opongan a los vaivenes del sistema serán, en adelante, “terroristas domésticos”. En Minnesota o en Matanza.
