La bronca es necesaria. La tragedia es que no es suficiente, escribe Alfredo Grande. Es decir, es imprescindible mantener la bronca sin dejar de pensar qué es lo que la origina. Para eso –agrega- se trata de intentar pasar de la racionalidad sentida (la bronca) a la racionalidad sabida (origen, tránsito y destino de la bronca).
