Lo revolucionario espanta. Lo incorrecto espanta. Y en la orgía del espanto los falsos profetas tienen su lugar. Un mundo de espantados. Con temor a Dios. Con temor a Freud. Con temor a Marx. Con temor a todo menos al capitalismo. El suicidio es el extremo límite del espanto. Espanto ante la vida. Pero la cigarra siempre vuelve. Porque “a la hora del naufragio y de la oscuridad alguien te rescatará para ir cantando”
