La agresión brutal de los colonos israelíes a la fotógrafa de The Whashington Post siembra una llaga en el corazón humano. Ella se pregunta por el origen desde la sangre de esa crueldad. Interpela a la condición humana, como en su momento interpeló el holocausto judío e interpela el genocidio palestino. Heridas que no cicatrizan.
