Para las y los adolescentes misioneros no hay un dilema entre trabajar o estudiar, el único dilema verdadero que este sistema le ofrece es sobrevivir o morir y en ese dilema no entran las letras ni los números de los pizarrones desvencijados de estas democracias. Es imprescindible una lectura crítica de la realidad porque el remedio no provendrá del virus que la provoca.
