Entre el desencanto y la frustración, la mitad de los jóvenes entre 18 y 29 años viven en una profunda vulnerabilidad social. Un estudio de la UBA arroja que el trabajo y la educación no les resultan ya un salvavidas que les permita emerger de la pobreza. El 76 % trabaja en la informalidad y seis de cada diez no terminan el secundario.
