Por Carlos del Frade

(APe).- Centenares de pibas y centenares de pibes, un día antes del 12 de octubre, marcharon al puente Rosario – Victoria para gritar que paren de incendiar los humedales, que cese el ecocidio y que nadie, de ninguno de los tres poderes, mire para otro lado.
Pibas y pibes que a pesar de estar atravesados por mandatos de exacerbación del individualismo y el consumismo, ponen sus cuerpos al servicio de la defensa de los bienes comunes.

Una gran noticia: la sensibilidad y la solidaridad gozan de buena salud y el protagonista, una vez más, son las juventudes.

Pero hubo algo más. Profundo y bello.

Las chicas y los chicos convocaron a integrantes de los pueblos originarios de la provincia de Santa Fe para que hagan una ceremonia especial en homenaje y perdón a la Pachamama.

Una postal vinculada a un pasado muy remoto pero que las pibas y los pibes necesitan vivir hoy, 528 años después del inicio del saqueo de la naturaleza y la explotación humana.

No es melancolía ni postura artística, se trata de una imprescindible toma de conciencia sobre un sistema de vida que debe ser, indefectiblemente, diferente.

Memoria esquina esperanza.

En lo que va del año, en nueve meses, la Argentina lleva perdidas 769.732 hectáreas como consecuencia de los incendios intencionales.

Los mapas que envían los satélites de la Nasa muestran las geografías provinciales en rojo, salvo un lugar.

En la provincia de Santiago del Estero no se ven llamas captadas por los satélites.

No parece ser casualidad.

En el siglo diecinueve, un proyecto político y económico decidió, después de arrasar con los pueblos originarios y las masas gauchas, poner alambrados en las grandes pampas y praderas y atravesar el territorio de los ferrocarriles diseñados a imagen y semejanza de los intereses del imperio inglés.

Se usaron los quebrachos de Santiago del Estero.

La misma tierra que tenía el 60 por ciento de la población del último Virreynato creado por los españoles en estos confines del mundo, el del Río de la Plata.

La gente vivía y hacía de acuerdo a esos montes de quebracho, a esos vergeles como lo escribieron los cronistas españoles.

Aquel proyecto político y económico, entonces, generó el primer gran desmonte, el primer gran ecocidio.

Su consecuencia, miles de santiagueños y santiagueñas se quedaron sin trabajo. La consecuencia de aquel primer ecocidio fue la primera oleada de desocupadas y desocupados.

Pero el sistema es inteligente y perverso. A las víctimas las convirtió en victimarios. Hasta el día de hoy, muchas personas que viven en Argentina, a la hora de pensar cómo son las nacidas y los nacidos en Santiago del Estero responden desde el sentido común impuesto en forma de chistes. Los acusaron de vagos a los primeros desocupados y eso quedó anidado en el fondo de la cultura popular. Tremenda perversión del sistema que liquidó quebrachales y produjo la primera ola de desocupados.

A principios de los años setenta, el Ministerio de Agricultura de Santiago del Estero, cuenta Raúl Dargoltz, informó que con esos quebrachos cortados y arrasados y de acuerdo a la distancia con que se plantaron para sostener los alambres de las estancias, se podía hacer una distancia similar a la que separa la Tierra de la Luna.

El propio Dargoltz convirtió aquel dato en una obra de teatro y la llamó, justamente, de la Tierra a la Luna.

Aquel primer ecocidio explica la ausencia del fuego en las fotos satelitales de la Nasa y al mismo tiempo revela la profundidad del negocio bestial.

Las consecuencias se sufren varias generaciones después.

Como dicen los estudiosos de la filosofía del derecho internacional, el ecocidio es, en realidad, un delito económico de lesa humanidad, es decir, que se continúa en el tiempo.

Por eso es imprescindible destacar la presencia de miles y miles de pibas y pibes que juntan sus necesidades del tercer milenio con aquellos ritos de los pueblos originarios.

Allí hay una respuesta política para estos tiempos.

Una plena postal de confianza en lo que vendrán, en los días en los cuales se hará cada vez más difícil tolerar la imposición de intereses particulares sobre los bienes comunes.

Fuentes: “Hacha y quebracho”, Raúl Dargoltz; “Página/12”, edición del 12 de octubre de 2020; y entrevistas del autor de esta nota a protagonistas de la Multisectorial por los Humedales.

Edición: 4100

 

Descargá el libro gratis