Por Silvana Melo

(APe).- Y ellas y ellos siguen apareciendo. En el país fundante del desaparecido, ellos aparecen. Salen, como soles esporádicos, pero por el norte. Por donde se marcan los rumbos. Aparecen, como noticias, como diarios, como flores. Brotan como de semillas sembradas en la historia. Retoñan en los ceamse de los tiempos, entre los desperdicios y el veneno. Salen, asoman, germinan de los contenedores y de las esquinas. Aparecen.

Ellos y ellas siguen apareciendo. Aunque les tabiquen el pasado para que no lo reconozcan. Se ven, se escuchan, se espejan, se miran y se sienten no ser lo que creían ser. Algunos cierran los ojos y rompen el espejo. Otros se buscan y entran, como Alicia. Aparecen y se aparecen. Cuando en los años de esta historia se sigue desapareciendo, ellos porfían y aparecen. Se obstinan y aparecen.

Cuarenta años después siguen apareciendo. Siempre niños pero veteranos de esta vida. Nacidos en la cama metálica de la tortura. En el infierno desmedido de los hombres (ni el demonio se atrevería a tanto). En la cuna negra de los pozos. Como de la nada, aparecen. Desde el fondo mismo de la memoria. Que jamás se apaga, aunque la hostiguen con el agua de los mares.

126. Y siguen apareciendo. Se escriba como se escriba la historia oficial. Escriba quien la escriba. Ellos. Ellas. Como florcitas silvestres de esta primavera que viene y viene pertinaz. Seguirán apareciendo porque traen la verdad al hombro en este trajín.

Por eso las esperamos. Por eso los esperamos.

Para que sigan apareciendo.

Edición: 3503

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