Por Alfredo Grande

(APe).- Lavagna, demiurgo económico del kirchnerismo, acuñó su frase autorreferencial: “capitalismo de amigos”. Lo que tiene muchas lecturas: que siendo capitalista es más fácil tener amigos; para un capitalista no hay nada mejor que otro capitalista; ¡capitalistas del mundo, uníos!; libertad, igualdad y fraternidad para los capitalistas. Lo que no podemos negar, o mejor dicho, podemos negar, pero sugiero no hacerlo, es que la amistad cotiza en el mundo de los capitalistas. Podemos llamarlo alianza estratégica, joint venture, inversiones de riesgo, omertá mafiosa, oligopolios, sociedades anónimas. La amistad entre capitalistas tiene muchos balcones y alguna flor.

La palabra “amigo” evoca un aroma de afectividad, lealtades, aventuras compartidas. Pero no deja de ser cierto que solo te traiciona un amigo. La mediocridad promedio aborrece que un padre o una madre sean amigos de sus hijos. Una publicidad de un repelente de mosquitos reproduce un diálogo siniestro entre madre e hija. La madre le dice claramente que será con ella un servicio de inteligencia, pero porque la ama. Tierno. Como mosquito.

El gaucho Martín Fierro, que supo ser blanqueado por la concepción liberal, no deja de acertar cuando señala: “padre que da consejos, más que padre es un amigo”. Y no hay mosquito que valga. Pero la misma palabra no es el mismo sentido. Nunca. Incluso puede ser el opuesto. En la jerga capitalista, occidental, cristiana, onda trump-show, amigo es cómplice. Compinche. Testaferro. Sin embargo, nobleza obliga. Hoy por ti, mañana por mí. Una mano lava la otra y las dos juntas lavan la cara. Choque esos cinco. Lo amistoso, que no es lo mismo que la amistad, es necesario para encubrir el carácter miserable, corrupto, saqueador, explotador de lo que con generosidad se llama “economía de mercado”. Estafadores, ladrones de la mejor calaña, te llaman “amigo”. “Te voy a torturar amigo…” “Dale amigo, es tu laburo”. Diálogo delirante y por lo tanto, apenas anticipatorio

La amistad, lo amistoso, lo amigable, ha ocupado el campo de las relaciones sociales. Desde un telemarketer hasta la recepcionista que como sabe que nada va a solucionar, al menos trabaja de simpática. El capitalismo de amigos es algo más que describir un sistema de prebendas. Habría que incluir el capitalismo de familias, entendiendo al Estado como la mega empresa más codiciada por buitres y caranchos. Todos los funcionarios tienen familia numerosa. Y bien que la aprovechan. Amigos son los amigos. Familia es la familia.

Del Estado Nación al feudalismo de la rapiña cotidiana. El capitalismo de amigos es el imperativo categórico de que hay que hacerse amigo del capital, para entonces tener muchos amigos. Este imperativo categórico no tiene, al momento, contrapeso alguno. No hay un socialismo de amigos. Recuerdo que hace décadas, un compañero me dijo: “tienen que morir Simón Lazara, Víctor García Costa y Estévez Boero para que se unifique el socialismo”. Debe ser desde ese lejano momento que me quedó la idea de que el socialismo se nutría de enemigos. Que un germen maligno se había instalado en la conciencia de clase para dinamitar desde adentro, la unidad de pensamiento y de acción. Sectarismo, mesianismo, iluminismo, enciclopedismo, bulas laicas, sermones de montaña sin montaña, herejías, un solo Marx verdadero. Un solo Mao, Lenin, Trosky, también verdaderos. Purgas, gulags, revoluciones culturales, expulsiones, denigraciones.

Enfrentando a los vampiros, los socialistas aprendieron a beber sangre. El Terror y el Gran Terror en la Revolución Francesa es uno de los más desgarradores ejemplos del socialismo de enemigos. Pero hubo en la historia de la izquierda argentina, un “pequeño terror”. Ser más papistas que el Papa (aunque de este Papa no es nada fácil) es una estrategia para enfrentar “la vergüenza de haber sido y el terror del ya no ser”.

La ortodoxia, lo que verdaderamente dijeron los fundadores, los sacramentos revolucionarios, han dañado en forma permanente la capacidad de intentar dispositivos de acumulación. Y creatividad. Si no lo dijo un fundador, entonces no vale. O es un desvío pequeño burgués. Lo electoral es un drenaje de esfuerzo militante, y donde lo electivo ha desplazado a lo combativo. O peor: el combate se realizada donde más le conviene al enemigo: en los medios o en las urnas. La mujer nueva y el hombre nuevo no han sido paridos todavía. Los proletarios no se unen, no se acercan, pero siguen siendo devastados, desgarrados, asesinados.

El sistema domina por las huellas indelebles del terror (como lo señalara reiteradamente León Rozitchner) pero también nos dominamos a nosotros mismos por las huellas indelebles del terror que consumismos en nuestras propias organizaciones. La ausencia de un trabajo sistemático y profundo sobre la subjetividad, es una prueba inapelable y lamentable. Luchamos contra enemigos feroces, pero tenemos formas subjetivas demasiado parecidas. Militantes que han destrozado varias experiencias de unidad triunfantes. Y siguen impunes de la peor de las impunidades: la cultural. ¿Podremos construir un socialismo de y con amigos? Dependerá de la altura de las circunstancias.

Edición: 3.330

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