Por Alfredo Grande
 (APe).- En 1985 el psiquiatra infantil Richard Gardner acuñó un pseudo concepto: el Síndrome de Alienación Parental. Pretendía y en parte logró, que las denuncias sobre abuso sexual de niñas y niños fuera atribuida a la influencia de la madre. Parental es una forma de encubrir que el psiquiatra estaba describiendo el síndrome de alienación maternal. O sea: madres locas y/o perversas que solamente deseaban perjudicar o agraviar al padre. En ese sentido, creo que el SAP pertenece a uno de los constructos del Orden Patriarcal, uno de los mejores caldos de cultivo de la cultura represora.

Me permito describir otro síndrome. Aclaro y espero que no oscurezca: síndrome es un conjunto de enfermedades diferentes, pero que presentan síntomas similares. Si alguien dijera que yo digo que los partidos políticos son la enfermedad de la democracia, estaría en serios problemas. Por lo tanto lo digo yo. Los partidos políticos mayoritarios, que dicen representar a las mayorías, silenciosas o no, los partidos políticos creados en laboratorios de alquimistas económicos, al paladar de los grandes capitales transnacionales, padecen del síndrome de alienación electoral. Al menos para mí, son enfermedades diferentes.

Pero insisto con la idea de síndrome, y paso a enunciar los síntomas en común:

1) Disolución de los partidos políticos en la espantosa levedad y pesadez de los “espacios”, “alianzas” que apenas son pactos perversos.

2) Cambio de camiseta, pantalón, pollera, a medida que las fechas se acercaban para el final del túnel del cierre de los acuerdos sostenidos desde todos los espantos. Amplificación de la borocotización tan temida.

3) Dirigencia neo partidaria sin fundante ideológico, y ni siquiera político. Apenas unidos por oportunismo con el mercado de votos.

4) Personalismo al palo, donde se enfrenta la idealización erótica con la idealización tanática. O sea: enfrentamiento entre el enamoramiento y el resentimiento. Algunos llaman a esto la grieta.

5) Verticalismos jerárquicos absolutamente contrarios al cacareado orden democrático, no ingenuamente confundidos con el orden constitucional.

El síndrome de alienación electoral potencia lo que denomino el “alucinatorio político social”. Se puede honrar la deuda pagándola con más deuda, se puede honrar la deuda desendeudando. Porque lo que ninguno de los que padecen del síndrome de alienación electoral (SAE) enuncia, es que hace décadas que se habla de deuda cuando en su fundante es una colosal estafa y un colosal saqueo. Similar al realizado por nuestra madrastra patria. No se dejó de robar, ni siquiera por dos años. Por lo tanto creo que la grieta es alucinatoria no por su existencia, sino por su contenido. De un lado de la grieta percibida, todes los que participan, en forma más o menos digna, o nada digna, del síndrome de alienación electoral.

Del otro lado de la grieta percibida, las organizaciones sociales, políticas, de militancia territorial, con un trabajo con prisa y sin pausa, los bachilleratos populares, las cooperativas de trabajo, las gremiales de abogados, los médicos sin fronteras y sin privilegios, los educadores sin escuelas, las que luchan contra todas las formas del gatillo fácil, intelectuales orgánicos que escriben como piensan y aprenden a seguir pensando. En ese lado de la grieta las niñas, niños, adolescentes, no tienen una garantía, pero sí tienen una decisión colectiva para que su “pena de vida” termine más temprano que tarde.

Todavía hay una militancia que no padece del síndrome de alienación electoral. Aunque no figuren en encuestas, ni intenciones de voto, ni presagios para balotajes, van más allá del héroe colectivo que describió Oesterheld. A mi criterio, es un colectivo de héroes y de heroínas, que no les importa votar cada cuatro años, ni cada dos años. Lo único que les importa al colectivo de héroes y heroínas es luchar todos los días y todas las noches. Hasta una victoria sin final.

Edición: 3895

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