River, Boca y las mayorías goleadas

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Por Carlos del Frade

(APe).- “Boca y River nacieron en el mismo barrio, La Boca, que hasta 1922 cobijó sus historias de amores y de odios. Ese año River abandonó el sureste porteño dejando a Boca como único dueño del lugar”, cuenta Alejandro Fabbri en su libro “El nacimiento de una pasión. Historia de los clubes de fútbol”.

Muchos años después de sus orígenes compartidos, el Club Atlético River Plate está ubicado como la empresa 538 entre las mil que más venden en la Argentina crepuscular del tercer milenio. Tuvo una facturación de 2.006 millones de pesos durante 2017, según el balance 2018.

Boca Juniors, por su parte, fue la empresa número 580 entre la élite del poder económico en estos arrabales del mundo. Facturó 1.798 millones de pesos.

Muy lejos de los obreros portuarios y los trabajadores del carbón que le dieron sus nacimientos, los clubes más populares de la Argentina son hoy grandes cajas por donde circulan flujos de dineros legales e ilegales.

El sábado 24 de noviembre de 2018, el presidente de la llamada Superliga Argentina de Fútbol, Mariano Elizondo, escribió que “la industria del fútbol argentino, a pesar de los vaivenes de la economía de nuestro país, se encuentra en pleno crecimiento” y que “en Europa definen este River Boca como el clásico más importante del mundo. Provoca la mayor atración”.

Agregaba que “exportar y generar talento seguirá siendo una sana costumbre de nuestro mercado. Y nos permitirá potenciar la marca fútbol argentino…Argentina es el primer exportador de jugadores de América y el tercero a nivel mundial”.

Horas después, un grupo de barrabravas de River, tan directamente vinculado al presidente Donofrio como la barra de Boca a Angelici, generó, junto a los asociados de siempre, los nichos corruptos de las fuerzas de seguridad, las condiciones necesarias para exportar el gran espectáculo del clásico argentino.

Causa asco que personajes como Donofrio y Angelici no declaren por sus relaciones con las barras ni tampoco por la enorme cantidad de dinero que fluye por sus clubes.

Causa una profunda pena saber que miles y miles de hinchas de todo el país todavía creen que las camisetas de sus clubes sintetizan el amor y la identidad barrial y cultural de los barrios obreros que alguna vez iniciaron una pasión que se transmite de generación en generación.

Causa indignación que la mayoría de los comunicadores de Capital Federal no cuestionen las relaciones entre dirigencia futbolística, política, empresariales y fuerzas de seguridad que saquearon hace rato al juego más lindo sobre estas pampas.

La violencia es un insumo básico del negocio de las minorías.

-No podemos ser cómplices de la agonía del fútbol argentino – dijo Gabriel Batistuta, el hoy productor terrateniente del norte profundo santafesino quizás sin reparar en algunas de las complicidades de las que fue protagonista.

Pero esa agonía es indiferente al gran negocio del fútbol, “nuestra gran vidriera”, como escribió o mandó que se escriba el presidente de la Superliga Argentina de Fútbol.

Ahora el negocio es la venta de pasajes aéreos a Madrid. Poco importa la contradicción que la final de la Copa “Libertadores de América” se juegue en la tierra de los invasores contra los cuales miles y miles lucharon para ser, justamente, los libertadores de aquellos esclavizadores.

Me parece que toda esa gente que no tiene nada que ver con lo sucedido, no tienen que pagar por unos maleducados. A lo mejor, solamente tenían esta posibilidad de ver un Boca - River en una final y no la van a poder ver porque lo han cambiado a Europa…Se supone que no tengo nada que ver, pero yo como jugador sudamericano y como un enamorado del fútbol y de la rivalidad sana, me he sentido en el derecho y en la obligación de expresar mi opinión – sostuvo el brasileño Dani Alvez.

El fútbol es la metáfora más clara del capitalismo.

Millones se quedan afuera de la fiesta de unos pocos.

Millones soportan que les digan que las reglas de juego son inmodificables.

Millones se resignan a que la felicidad sea la propiedad privada de unos pocos.

Cancha chica del fútbol, cancha grande de la realidad.

Las mayorías cada vez más lejos de lo que quieren.

Las mayorías goleadas.

Edición: 3765


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