Por Alfredo Grande
  (APe).- Cuando era mucho más joven que ahora, las dudas que surgían cuando hacíamos caníbales partidos de Scrabel se dirimían con el Petit Larousse Ilustrado. Lo que no estaba en el Larousse, no existía. Ahora la Wikipedia cumple funciones más amplias, pero la esencia se mantiene. El “mataburros” electrónico permite hacer mucho más ajustadas ciertas definiciones. Cayetano Santos Godino (Buenos Aires; 31 de octubre de 1896 – penal de Ushuaia; 15 de noviembre de 1944), más conocido por su apodo El Petiso Orejudo, fue un joven asesino en serie, uno de los mayores sociópatas de la historia argentina, ya que a principios del siglo XX fue responsable de la muerte de cuatro niños, siete intentos de asesinato y el incendio de siete edificios”.

Me temo que lo de mayor sociópata es una desmesura inaceptable. Mueren mucho más que 4 niños por los agrotóxicos, la contaminación con metales pesados, el frío, la deshidratación, la mal nutrición crónica, el bajo peso al nacer, la falta de agua potable, de viviendas que protejan de la intemperie.

Los intentos de asesinato hace décadas que son algo más que intentos, y reciben el más adecuado nombre de masacres: desde Budge a Pergamino, pasando por Cromañón y Ezeiza. Mucho más de siete edificios fueron destruidos cuando la ciudad de Rio Tercero estalló para ocultar el contrabando de armas de un gobierno.

Creo que la repulsa tiene más que ver con la condición de orejudo y petiso, que con sus atroces crímenes, que han sido ampliamente superados por el Estado Terrorista. Aun en décadas de democracias del sufragio, que terminan siendo democracias del naufragio. La pregunta que sigue martillando mi cerebro es: “¿Qué hicimos para llegar a esto?”.

Me refugio en la dudosa comodidad de un aforismo implicado: “no llegó porque lo votaron, sino que lo votaron porque llegó”. Y no solamente llegó, cuando le facilitaron el triunfo en la ciudad de Buenos Aires, sino que llegó porque el otro rival en la pole position para la presidencia, que fuera elegido, designado, ungido por la poderosa señora, y simultáneamente denigrado, insultado, humillado, por sectores radicalizados, perdió por penales. El presidente actual sólo pudo llegar porque hubo sectores que estaban en la vereda de enfrente pero la calle era tan angosta que las veredas se rozaban.

Estoy convencido de que hubo una conspiración siniestra para que el neo liberalismo tan odiado, tuviera una nueva oportunidad en nuestra triste historia. Aunque no tenga pruebas, de todos modos a ellas me remito. El “padre de la democracia”, primer presidente post dictadura, fue echado con un traicionero golpe de mercado. El sucesor, que confesó haber mentido para que lo votaran, inició la más atroz operación rescate de la derecha económica. Bunge y Born, luego los Alsogaray. Fue reelecto y luego entregó un cartucho de dinamita con mecha corta que se llamó convertibilidad.

Más allá o más acá del blindaje, cuando explotó el Gran Iniciado de la Venta de las Joyas de la Abuela, ya estaba indultado políticamente y con los años, también jurídicamente. La amnesia histórica hace naufragar esos recuerdos. El Nunca Más es al Terrorismo de Estado. Pero no hay Nunca Más a las diferentes formas de Estado Terrorista. Y una de las pruebas de esa conspiración es la pesada, pesadísima, casi infame decisión de que se termine el mandato presidencial en los tiempos institucionales correctos.

Un ex vicepresidente de la Nación dijo que lo que mantiene cierta paz social o, al menos, previene de insurgencias tumultuosas, es la esperanza en el cambio de gobierno y en la plena realización del “volveremos”. Legitiman el “costo social de los plazos electorales”. Pienso que la única forma de prevenir estallidos sociales, es justamente, adelantando las elecciones. Porque no hay forma que la nueva oferta de gobierno, pueda mitigar la demanda económica, social, incluso anímica, que esta etapa está marcando. La cicatriz del hierro candente no se va con una semana de cicatul.

Pienso que “lo votaron porque llegó” y ahora que llegó la casta política, incluso la opositora, quieren que se vaya a la hora y fecha señalada. A ver si el pueblo se acostumbra a determinar los plazos de fin de mandato. Los familiares de la masacre de Cromañón siguen pagando la blasfemia de haber destituido al Jefe de Gobierno Progre. Quizá por eso el devastado local de Cromañón, que debiera ser santuario de memoria y homenaje, ha sido entregado a una empresa “off shore” del que fuera uno de los responsables directos de la masacre.

El daño es tan profundo, que un jurado popular libera a un asesino. Desde ya, con muchos atenuantes en su accionar. Menos el de defensa propia. Es un caso de lo que denomino “injusticia por mano propia”, de absoluta afinidad con la doctrina Chocobar. Una democracia que tolera que gobernar sea el arte de asesinar, no tiene forma de encubrir que el Estado Terrorista tiene demasiados cómplices. Oficialistas y opositores. NO son lo mismo. Pero lo importante es decir en qué se diferencian.

La alianza anticomunista argentina (la triple A) fue organizada en plena vigencia de la democracia. La sangre derramada empezó a ser negociada. Cuando uno de los máximos responsables de la masacre del puente Pueyrredón es gerenciador de la oposición, algo huele a podrido en la Argentina.

Tengo la certeza de que nadie podrá socorrernos, pero también la convicción que de las entrañas del dolor, de la tristeza, de la desesperación, se pueden parir nuevos deseos. Parir sueños posibles, que nos permitan recuperar los que se han perdido e inventar los que no han llegado.

Y aprender a cuidarnos de los petisos y orejudos, que el alucinatorio político social transforma en altos, rubios, elegantes, ricos, famosos, ganadores, emprendedores, meritócratas y electoralmente necesarios. La conspiración gatopardista está en plena fase de lanzamiento. Algo, poco, mucho cambiará, pero a menos que decidamos que la lucha es cosa nuestra, siempre será para que poco y nada cambie.

La trampa de esperar cuatro años es otra de las canalladas del poder burgués. Al decir de Mario Benedetti, “nuestros muertos quieren que cantemos”. Me permito agregar que también quieren que luchemos.

Edición: 3869

 

Recién editado

Libros de APE