Por Alfredo Grande

(APe).- Aldo Ferrer fue un economista de destacada actividad. Falleció en 2016 y de su vasta obra se rescata su concepto económico central que fue sintetizado en el eslogan "Vivir con lo nuestro". Eran los tiempos en que los economistas heterodoxos en la Argentina seguían a Raúl Prebisch y hablaban del "deterioro secular de los términos de intercambio". Es decir que, por siempre jamás, lo que la Argentina exportaba (materias primas) valdría cada vez menos en los mercados internacionales, mientras lo que demandaba, fundamentalmente tecnología, valdría cada vez más.

Aldo planteaba un esquema de desarrollo que debía basarse en capitales propios en un país de la periferia que debía ser una economía relativamente cerrada y protegida de los flujos internacionales, en especial, de los de capitales y las deudas. El virus menemista convenció por una década y bastante más, llegando a la actualidad, a vivir con lo ajeno. Y en una voltereta reaccionaria más, vivir con lo ajeno que alguna vez fuera nuestro. A eso algunos lo llaman deuda externa. Que es la cara visible de la estafa interna.

O sea: turismo de capitales, quiebras fraudulentas, vaciamiento de empresas, subsidios utilizados en forma fraudulenta, préstamos sustraídos de la banca pública y jamás pagados. Pedirle aporte solidario al empresariado más concentrado es similar a solicitarle donación de sangre a Drácula. La enorme lupa que supone la epidemia covid 19 ha colocado en la superficie aquello que siempre se quiso disfrazar.

Las prácticas delictivas que permiten la salvaje concentración de riqueza y poder han organizado un aislamiento social 5 estrellas y otro aislamiento social estrellado en la miseria y la penuria. Puerto Madero y las tierras recuperadas de Guernica. Si nadie puede servir a dos amos, tampoco nadie puede servir a dos clases. Lo que sí puede hacer es organizar una formidable tapadera donde derechos y privilegios se mezclan en un cambalache que algunos llaman frentes electorales.

El grotesco mágico del impuesto – aporte – dádiva – donativo – ofrenda- a la riqueza es quizá el momento más logrado del sainete. Solidario, voluntario, generoso. Los ricos y pestosos no quieren que sepamos, aunque sabemos, que el 2% del impuesto/aporte pondría en evidencia el 98% restante. Lo que pondría al alcance de la mano y al alcance de la vista la cara del dios capitalista.

El poderoso caballero Don Dinero como lo bautizara Francisco de Quevedo. “Más valen en cualquier tierra, mirad si es harto sagaz sus escudos en la paz que rodelas en la guerra Y pues al pobre le entierra y hace propio al forastero, poderoso caballero es don Dinero”. Creo que de eso se trata. El porcentaje es delator. Una suma fija, aunque alta, bueno, nunca sería alta para la canalla empresarial financiera, no sería buchona. El 2% es casi una confesión de parte.

Entonces en la economía capitalista, es decir, en el modo de enriquecimiento lícito de los ladrones, no se trata sólo de vivir. Es necesario convencer a los trabajadores de que en realidad apenas son zánganos que deben trabajar para la abeja reina de la reproducción ya no de panes y peces, sino de dólares y bit coins. Si estamos en el mismo barco, es seguro que no estamos en los mismos camarotes.

La plenitud de la vida para pocos está garantizada por la amplitud de la muerte para demasiados. Los conquistadores que dejaron las venas abiertas en América Llatina, lograron que la sangre derramada siga siendo negociada. El pago de la estafa externa es una forma de morir con lo ajeno.

Esa estafa/deuda no es de los que tenemos que pagarla. Millones de niñas y niños que no han nacido tendrán que pagarla. Obviamente, sin darse cuenta. O sea: vía impuestos al consumo. Incluyendo el impuesto más democrático, o sea más perverso, que es la inflación. Entonces de la profecía desarrollista de vivir con lo nuestro pasamos al mandato de morir con lo ajeno. Lo ajeno es el fondo monetario internacional, pero no solamente.

Desde el idioma cascoteado por anglicismos, hasta las bulas de los centros financieros. Siempre sosteniendo planes económicos que son la cara visible de las decisiones de exterminio de la población sobrante. En Hiroshima con la bomba atómica asesinaron a 80.000 personas. Según Médicos sin Fronteras “Cada año, más de 3 millones de niños menores de 5 años mueren de desnutrición o por causas relacionadas con la misma. El 80% de los casos de desnutrición en sus formas más agudas se concentran en tan solo 20 países del mundo, concretamente en África subsahariana (países del Sahel y el Cuerno de África) y en algunas zonas del sur de Asia. En algunas regiones del mundo, como el Sahel, la consunción es particularmente frecuente en niños durante el periodo de escasez entre cosechas”.

Pero la cultura represora decide qué asesinatos son repudiables, inhumanos, aberrantes, y cuáles son apenas el costo social del ajuste. Digámoslo en clave actual: nada tiene de nacional y popular el préstamo de facilidades extendidas que el fondo monetario internacional de cada día nos entrega hoy. Los ajenos nos siguen proponiendo no vivir con lo nuestro, pero sí pagar con lo nuestro. Por eso el peso argentino, aun en los tiempos de la dorada convertibilidad, no tenía vida propia fuera del país.

Cultural y políticamente estamos dolarizados. Los fondos buitres son terribles. Pero los frentes buitres son peores. Sin ir más cerca, estamos asistiendo a otra irresistible ascensión. Ya pasó con el ingeniero de la triste figura. Ahora el presidente de la cámara de diputados pretende que disculpen las molestias porque está trabajando para él. “La manera en que Sergio Massa introdujo su propio presupuesto en el que le había enviado el Poder Ejecutivo es una demostración de este juego económico y político. Él está armando, con los recursos del Estado, el vehículo que le permita retomar su carrera electoral. Sigue obsesionado con la presidencia”. El análisis de Carlos Pagni, que es algo así como el Horacio Verbistky de la derecha, lo fulmina con precisión. Ya se habla del “costo massa”. Ya sembró vientos, entonces nada le impide cosechar tempestades. Forma parte de las hordas de frentes buitres que nos venden y nos alquilan a los ajenos. Sirve a dos, tres, muchos amos. Hoy es uno de los artífices de nuevas versiones del costo social del ajuste.

O sea: la receta para morir con lo nuestro. Menem -Macri - Massa. De la triple A pasamos a la triple M. Son los nombres de muchas infamias. De vivir con lo nuestro, lo que nunca logramos, a la encíclica liberal capitalista de morir con lo nuestro. Si lo nacional y popular no se prolonga en la lucha anticapitalista y anti imperialista, se seguirán llevando lo nuestro. Y nunca más podremos pisar las tierras nuevamente.

Edición: 4117

 

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