Por Carlos del Frade

(APe).- Hay que prestar atención a las palabras y los nombres.

Hay que valorar el peso de cada uno de los vocablos.

Amor en los nombres, muerte desbocada y poder económico siempre protegido.

Amor, muerte y poder, la síntesis de la humanidad, como dicen los grandes escritores.

Ahora vienen las palabras y los nombres sobre los que pedimos especial atención:

-Se escucharon una cantidad terrible de balazos, como treinta balazos en dos tandas. Mi hija había salido justo a hacer un mandado a un negocio frente a casa y escuchamos las detonaciones. Me asomé a buscarla y la metí para adentro. Vi a un hombre herido tirado en la vereda y me acordé de que había criaturas adentro. Y me metí. Era un chiquero de sangre. Fuimos sacando los chicos. Pasé por delante de la piba agonizante. Me pidió ayuda y le pedí perdón. Pero saqué a los chicos, era desgarrador escucharlos llorar. Tres de los pibitos eran los hijos de la chica muerta. Y me metí en mi casa, yo no quiero quilombo – dijo un vecino que fue testigo del asesinato de Sol Jazmín Delgado, de solamente 21 años, producido el lunes 5 de agosto de 2019 en un punto de la geografía rosarina. Desde una moto emergieron las ráfagas letales.

Para la fiscal a cargo de la investigación hay un dato importante: la vivienda atacada no era un lugar de venta de drogas pero la familia se había mudado hacía solamente un mes y alquilaba.

-Era gente que no se daba con nadie. No tenían contacto con los vecinos. Sus hijos jugaban solos, no se daban con los pibitos de la cuadra. Salían a la mañana en su auto gris y volvían a la noche. Parecían que estaban como refugiados y se ve que anoche los encontraron – dijo otra voz del barrio.

Hay que leer cada una de las palabras y las frases de los dichos de los vecinos.

Darle peso a esas descripciones y definiciones. Como también a los dos nombres de la piba de 21 años que fue muerta muy antes de tiempo. Sol Jazmín. Cuánta esperanza de luz y dulzura. La expresión de un sueño existencial que no pudo ser.

En estos violentos días de principios de agosto de 2019, a poco de las elecciones nacionales y del día de las infancias, el sur de la provincia de Santa Fe está atravesada por múltiples allanamientos vinculados a un dirigente sindical devenido en empresario y que tiene cientos de millones de pesos, en forma paralela a que oficiales de la policía provincial caen detenidos por complicidad con el narcotráfico.

Sol Jazmín se quedó sin la luz y el perfume prometido por quienes le pusieron su nombre porque creció en la geografía por donde pasa el mayor flujo de dinero de la Argentina contemporánea.

El 80 por ciento de las exportaciones salen por los puertos de los departamentos Rosario y San Lorenzo.

Un profundo río oscuro de dinero en el que se amontonan los dólares emergentes de negocios legales e ilegales.

Desde el país unitario que se ha configurado, es difícil advertir que tanto la suerte del dirigente empresarial y gremial, como las noticias policiales y el presente de múltiples allanamientos y asesinatos tienen directa relación con esta insaciable boca por donde entran y salen millones y millones de pesos y dólares.

Mientras haya impunidad para la oscuridad rancia del mayor flujo de dinero de la Argentina del presente, decenas de Sol Jazmín seguirán muriendo, al mismo tiempo que la promesa de una vida hermosa se marchitará en las crónicas policiales.

Esta geografía de millones de dólares, legales e ilegales, son los que promueven los chiqueros de sangre de los que hablaba el desesperado vecino de la piba de solamente 21 años.

Fuente: Diario “La Capital”, Rosario, miércoles 7 de agosto de 2019.

Edición: 3924

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