Por Carlos Del Frade

(APe).- Cuenta la leyenda que una chica africana tenía mucha sed y que, por lo tanto, se acercó a un río para beber. Alguien la vio y por una extraña y perversa razón la mató de un golpe en la nuca. En ese momento, el cuerpo de la adolescente adquirió otra forma. Se volvió un instrumento musical, el birimbau.

Su cuerpo se transformó en la madera, mientras que sus piernas y brazos comenzaron a verse como la cuerda, por otro lado se encontró su cabeza que pasó a ser solamente la caja de resonancia y por último su alma fue la melodía de sentimiento que se puede lograr tocando el birimbau.

El relato termina con una esperanza simple: cada vez que tocan el birimbau, el alma de la joven puede nuevamente sentirse viva a través de sus melodías que se hacen con puro sentimiento de personas que aman la música de su ser.

El pasado 10 de mayo de 2019, una noticia venida de Africa, continente de enormes riquezas naturales y, por lo tanto, de dolores y guerras interminables que sufren sus habitantes, decía que liberaron a casi 900 niños soldados en Nigeria.

¿Cómo habrá sido la corta vida de esos niños soldados?.

¿Cuántas formas de muerte tendrán esos cuerpos y esas almas de chicas y chicos esclavizados para combatir por intereses muy lejanos a sus existencias?.

¿Será lícito preguntar estas mismas dudas en torno a los soldaditos que pueblan los arrabales del negocio del narcotráfico en las grandes ciudades de la Argentina?.

Quizás por eso el rebote íntimo de la información lleve a la necesidad de contar esta realidad y pensar en el presente y el futuro de chicas y chicos soldados, no solamente en África, sino en cercanías latinoamericanas y argentinas.

Lo cierto es que la UNICEF dijo que “un total de 894 niños soldado, que formaban parte de una milicia oficialista que combate a la organización yihadista Boko Haram en el noreste de Nigeria, fueron liberados.

Los menores, entre los que se incluyen 106 niñas, integraban las filas de las Fuerzas Conjuntas Civiles (CJTF, por sus siglas en inglés), un grupo armado local de civiles que apoya al Ejército nigeriano en su lucha contra los insurgentes, en Maiduguri (noreste)”, sostenía la información.

"Los niños del noreste de Nigeria han sido los más afectados por este conflicto… Han sido utilizados por grupos armados en roles de combatientes y no combatientes y han sido testigos de muertes, asesinatos y violencia", afirmó el representante de Unicef en Nigeria, Mohamed Fall, en un comunicado.

La milicia CJTF, creada en 2013 para proteger a las comunidades de ataques, contaba entre sus miembros con cientos de niños, hasta que en 2017 se comprometió a no reclutar a más menores y a liberar a los restantes.

Desde entonces, el número de niños liberados asciende a 1.727, según Unicef, después de que en octubre de 2018 las CJTF pusieran en libertad a otros 833.

Los menores liberados serán inscritos en un programa de reintegración con educación y capacitación para ayudarles a regresar a la vida civil.

En el conflicto en curso en el noreste de Nigeria, más de 3.500 niños han sido reclutados y utilizados por grupos armados no estatales entre 2013 y 2017. Boko Haram, que desde 2009 lucha por imponer un Estado de corte islámico en el país, ha causado la muerte de al menos 20.000 personas desde entonces en Nigeria, un país con una población enorme de casi 180 millones de habitantes, el séptimo más numeroso de esta enloquecida cápsula espacial llamada planeta Tierra.

Ojalá que la vida de esas niñas y esos niños soldados pueda encontrar el presente que augura la leyenda del birimbau, que sus almas asomen a la belleza de la música que todavía existe en este mundo a pesar de sus dueños y perversiones varias.

Fuentes: “Mitologías y leyendas africanas”, de Frances Cardona, Editorial Olimpo, 1998; diario “La Razón” y agencia “Telam”, 10 de mayo de 2019.

Edición: 3873

 

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