Por Carlos del Frade

(APe).- Pamela tiene dieciséis años y tiene ganas de hablar, de decir, necesita que la escuchen en ese auditorio hermoso que es el teatro del Centro Cultural de la ciudad histórica de San Lorenzo, punto geográfico que fue el prólogo al sueño inconcluso de la Patria Grande por aquel general correntino desobediente, José de San Martín. Casi quinientas pibas y pibes como ella la están viendo atravesar el espacio en busca del micrófono. Tiene la misma edad que Greta, la chica sueca que les preguntó a los poderosos del mundo adulto con qué derecho están destruyendo el planeta.

-Hay muchas empresas acá en la zona que ganan mucho dinero y también enferman mucho. Mi mamá, hace unos nueve años atrás, estaba embarazada del que iba a ser mi hermanito. Pero abortó como consecuencia de la contaminación que le produjo el material con el que trabajaba en una de las fábricas que da sobre la ruta…-dice Pamela.

Es uno de los testimonios de las chicas y los chicos que les dieron sentido concreto y vital a las llamadas “Décimas jornadas de educación, derechos humanos y memoria”, que se hicieron a fines de septiembre de 2019 en ese lugar por donde pasa el mayor flujo de dinero de la Argentina crepuscular del tercer milenio como consecuencia de la exportación derivada de la soja y sus subproductos.

El panel que generó el debate estuvo vinculado al repaso de la historia de La Forestal y las consecuencias del modelo extractivista en la Argentina del presente y en la provincia de Santa Fe, especialmente en la zona sur.

Consecuencias que están siendo sufridas por las chicas y los chicos en el interior de sus propias familias.

-Mi papá hace cinco años que está desocupado – apunta otro pibe que toma el micrófono.
“¿Por qué no tiene trabajo?. No es un vago. No se puede prejuzgar. Hay chicas que tienen que prostituirse porque no tienen otra cosa para hacer. Se habla fácil en contra de la gente que está desesperada y no me parece bien. Muchos se fanatizan solamente por el fútbol pero el fútbol no da de comer a la gente. Hay que cuidar la tierra y el agua. Eso es fundamental…”, sostiene el muchacho.

Gabriela, otra niña de dieciséis años, se anima a escribir. Acaba de ver un vídeo hecho por chicas y chicos del Instituto 22 que, en menos de cinco minutos, resumió el saqueo que produjo la multinacional La Forestal que hace cien años fue conmovida por la primera huelga de los obreros que reclamaban por un poco de dignidad.

Se pregunta qué cosas realmente cambiaron desde los tiempos de La Forestal al presente. Cuestiona por qué el estado suele estar del lado de las grandes empresas y no de la gente.

Y Aitza busca la necesidad de expandir la agroecología y hasta aventura un futuro vegano para las grandes mayorías argentinas.

Ludmila está con ganas de saber cómo hacer una rebelión y quiere empezar exigiendo que las empresas de la zona respeten las tres líneas de árboles que deben tener para que el medio ambiente no sea cada vez más agredido.

Las chicas y los chicos pueblan distintas escuelas secundarias de San Lorenzo, Fray Luis
Beltrán y Puerto General San Martín.

Saben que la historia continúa en el presente que enfrentan y no se quedan calladas, no se quedan callados.

Eligen protagonizar la historia desde esa herramienta fundamental y profundamente humana que es la palabra.

Y cuando hablan transmiten esperanza.

Porque más allá de la ferocidad del saqueo y sus consecuencias en el presente, ellas y ellos están empezando a saber que la vida tendrá una nueva oportunidad gracias a su protagonismo que ya nadie podrá ignorar por más que hagan hasta lo imposible para no oírlas, para no oírlos.

Fuente: Testimonios de alumnas y alumnos de escuelas secundarias presentes en Centro Cultural de la ciudad de San Lorenzo en la jornada del viernes 27 de septiembre de 2019, en el contexto de las “Décimas jornadas de Educación, Derechos Humanos y Memoria”, realizadas los días 26 y 27 de septiembre de 2019.


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