Por Carlos del Frade

(APe).- Cuando el saqueo de Africa y América recién había comenzado, en estos sitios del universo de descomunal belleza y exuberancia natural, al borde de cataratas monumentales, algunos jesuitas, expulsados de Europa por sus convicciones comunitarias, tal como fueron las primeras organizaciones cristianas en la clandestinidad impuesta por el imperio romano; aquellos sacerdotes con ideas políticas y económicas organizaron el primer estado. Le llamaron Paracuara, una región que incluía fragmentos de lo que luego serían Brasil, Paraguay y Argentina. Junto a los guaraníes, los eternos buscadores de la tierra sin mal, generaron una producción semejante a las de Portugal y España. Por eso decidieron borrarlos de la faz de la Tierra.

Hoy, en esa todavía maravillosa geografía del sur del mundo, ya no son jesuitas los que llegan, sino la avanzada del imperio en su etapa superior, los supuestos templarios contra el narcotráfico, los especialistas de la DEA.

El 17 de junio de 1973, Richard Nixon pronunció la famosa frase de “guerra a las drogas” y dos semanas después creó la todopoderosa Drug Enforcement Agency, mejor conocida como DEA. “Nada impidió que la caída se consumara el 8 de agosto de 1974, cuando se convirtió en el único presidente norteamericano renunciado, en medio del escándalo Watergate. La agencia tiene 227 oficinas en el país y otras 86 oficinas fuera de Estados Unidos, distribuidas en 62 países. Maneja un presupuesto de 2.415 millones de dólares y cuenta con 10.800 empleados, de los cuales 5.500 son agentes especiales. Su oficina central está frente al Pentágono, en Arlington, Virginia. Tiene su propia academia para entrenamiento del personal, situada en la base del Cuerpo de Marines en Quantico, Virginia. Comparte jurisdicción con el FBI y lucha contra el contrabando y el consumo de drogas en Estados Unidos siendo la única agencia que puede continuar las investigaciones antidroga en el exterior. Todo lo que tenga que ver con narcotráfico o lavado de dinero en el mundo se guarda en el archivo central de la DEA en El Paso, Texas. Allí se levanta, en medio del desierto, el EPIC - El Paso Intelligence Center, donde converge toda la información proveniente de las 86 oficinas esparcidas por el mundo. La DEA recauda información, para así obtener control sobre el mercado de drogas en el mundo”, cuenta Norberto Emmerich desde Ciudad Juárez.

El decreto 228, del cual hemos hablado y seguiremos hablando desde esta agencia, del 21 de enero de 2016, abrió las puertas para la intervención del imperio con la excusa del combate al “peligro colectivo del narcotráfico”.

La información llega de Misiones. Los medios sostienen que “la DEA entrenará a un grupo de elite para combatir el narcotráfico.
Tendrá sede en Misiones y operará en el NEA. Lo integrarán por 30 agentes, que deberán pasar por un curso de capacitación”, apuntaron las noticias del 5 de noviembre de 2017.

El anuncio fue realizado por el Ministro de Gobierno provincial, Marcelo Pérez, 48 horas después del decomiso de 8.394 kilos de marihuana en una vivienda de la zona rural de Montecarlo.

Serán unos 30 agentes de la Policía provincial y de Gendarmería, Prefectura, Policía de Seguridad Aeroportuaria y Policía Federal los que viajarán a Virginia para ser capacitados en el combate del narcotráfico y las organizaciones dedicadas al tráfico de sustancias prohibidas.

El funcionario indicó que a fin de mes llegarán a Misiones agentes de la DEA para iniciar el proceso de selección de los agentes. "Con esta vuelta de rosca pretendemos ser aún más eficientes en materia de investigación y operativamente, además de que contaremos con una fuerza que estará codo a codo con las del primer nivel mundial”, dijo Pérez al diario misionero Primera Edición.

El ministro dijo que el grupo “tendrán acceso al banco de información de la DEA, algo que hoy por hoy ninguna fuerza del país tiene”. La posibilidad de sumar policías de Misiones a la fuerza especial -podría recibir el nombre de Grupo de Operaciones Comando- se debe principalmente a que la Policía provincial inició desde fines de 2015 una fuerte lucha contra el narcotráfico, función que hasta ese momento era delegada en las fuerzas federales.

Una vez más, el imperio ingresa en las tierras del sur del mundo bajo la excusa de una cruzada que, en realidad, es un negocio que controla y auspicia, al mismo tiempo que bajo la máscara de la ley de narcomenudeo mete preso o elimina decenas y decenas de chicas y chicos, costo real y concreto de estos operativos que tienen sus antecedentes en Colombia, México y Brasil.

La presencia de la DEA en Misiones prologa una nueva y desesperada búsqueda de la tierra sin mal de parte de los que son más en estos confines del cosmos.

Fuentes: “Primera Edición”, Misiones, 4 de noviembre de 2017 – Norberto Emmerich, IESAC, Ciudad Juárez, mayo de 2017 – “Historia política de la esperanza”, del autor de esta nota.

Edición: 3484

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