El mismo gatillo, la misma impunidad
Publicado: Martes, 23 Mayo 2017 12:44
El mismo gatillo, la misma impunidad

Por Claudia Rafael (APe).- Como un ejército azul, seis policías irrumpieron en la Escuela Nacional Antonio Mentruyt de Banfield. Armados. A los gritos. Sin ninguna identificación. En busca de dos chicos mientras se llevaban a otro, alumno de la escuela. Baluartes intocables de la Bonaerense que lleva décadas enteras robando o gatillando para la corona. Docentes, estudiantes y preceptores reaccionaron y los frenaron. Horas más tarde, fueron “preventivamente” separados de sus cargos. En medidas que, con las clásicas calesitas, suelen mudar de sitio para que nada cambie y sea siempre la misma secta, con el mismo gatillo y la misma impunidad. Dentro de siete meses se cumplirán las tres décadas de una cena que debería ser histórica aunque pocos, seguramente, la recuerdan. Antonio Cafiero era gobernador en la provincia. Y el ministerio de Gobierno (no existía entonces el de Seguridad) estaba ocupado por Luis Brunati que duró apenas un año en el cargo. Alrededor de la mesa, junto a Brunati, se sentó un grupo de comisarios. Con la voz baja, como se estila en ocasiones, le dijeron: “Tenemos unos obsequios para usted, una Itaka, un ovejero alemán adiestrado, porque usted va a necesitar seguridad. Y le ofrecemos un aporte mensual, porque usted sabe que los recursos en política son necesarios”. Además de las palabras, le pasaron un sobre. Brunati dijo que no. Y se acabó la historia. La soledad no es buena compañía en ciertas ocasiones. En treinta años, hay cosas que no cambian. Y no es de pura coherencia. Más bien se trata de otra cosa. Es cuestión de poder. Y de poder en serio. De ese que se fustiga con fuego, gas pimienta y tormentos. Ese que desaparece o gatilla. El mismo del que Rodolfo Walsh habló y escribió hasta el hartazgo y fue capaz de fundar una definición que quedó para la historia. La secta del gatillo alegre es la misma que la de las manos en la lata. Cuando el 30 de marzo a la noche, la policía irrumpió, armada hasta los dientes, en el comedor “Los Cartoneritos”, en Villa Caraza, Lanús, con golpes, gas pimienta y gritos desnudaban la cara más feroz. Marcaban territorio y se llevaban a dos adolescentes con la brutalidad de la fuerza. La cara político-securitaria de uno de los partidos donde las históricas cajas recaudatorias policiales más millonarias está integrada por la dupla Diego Kravetz-Daniel Villoldo. Kravetz, propietario de la empresa Signica SRL, que –según publicó a inicios de marzo Tiempo Argentino- recibió casi dos millones de pesos cuando Néstor Grindetti (actual intendente de Lanús) era ministro de Hacienda porteño. Un aporte “al amparo del Decreto 556, una herramienta que permite a la Ciudad eludir los controles administrativos y es la misma metodología que se utilizó en el caso de una empresa vinculada a Fernando Niembro”. La otra pata de la parejita securitaria, Daniel “el gordo” Villoldo, tiene un interesante curriculum: en 2005 cayó en “la mala” durante la gestión de León Arslanian. Fue exonerado por la desaparición de 180 kilos de cocaína y por ciertos vínculos a universos prostibularios. La parte alegre del gatillo y la mano en la lata parecen socias inseparables. A pesar de que pasaron unos 50 años desde la definición walshiana. No hay que ir demasiado lejos en el tiempo. Claudia Ovejero, una mujer de 41 años, que vivía en La Boca y gustaba de ese vicio tan argento de tomar mate en la vereda, lo supo en carne propia el 21 de marzo. Un balazo le entró al ojo, salió por la parte de atrás de su cerebro y arrancó masa encefálica. Era una bala bonaerense en territorio metropolitano. Mientras los hombres de José Potocar, ya no más jefe policial de Rodríguez Larreta, arremetían contra vecinos que protestaban. Un mes más tarde, Potocar era detenido. Sigue procesado y le acaban de denegar la excarcelación. Y no por los desmanes de los uniformados a su mando. Tampoco por la persecución y espionaje a estudiantes secundarios del Colegio Mariano Acosta que osaron concretar una protesta y decidir en asamblea una clase pública en la que irrumpieron cuatro policías armados. Parece ser que al hombre del apellido que mueve a risa le placía mover sus influencias y tenía una particular habilidad en la gestión empresarial de una red de coimas entre trapitos y comerciantes. Los caminos del poder son insondables. La sucesión a Pablo Bressi, hombre de la DEA dejado en herencia a María Eugenia Vidal, fue entregada a Fabián “el Perro” Perroni. Poco tardó Rosa Schonfeld de Bru en ejercer la memoria, siempre en manos de las víctimas y los familiares de las víctimas, que escriben las páginas que la historia oficial esquiva. En 1992 Perroni fue acusado de apremios ilegales junto a Walter Abrigo, condenado por la desaparición de Miguel Bru. El nuevo jefe de la bonaerense, el que supuestamente comanda a la fuerza policial más grande del país, pasó dos años en disponibilidad. Y Rosa Bru exige: “Yo tengo la duda. Si Perroni y Abrigo eran compañeros y usaban el mismo modus operandi, no veo por qué no puedo pensar que el nuevo jefe de policía sepa dónde está mi hijo”. La misma fuerza que hoy tiene a Perroni de mandamás, es la que está bajo alguna lupa (de esas que después se pierden, se rompen o se cajonean) por el hallazgo un año atrás de 36 sobres con 150.000 pesos por la cadena de coimas que, se supone, adornaban luego las cúpulas. Nueve comisarios y ex jefes departamentales detenidos pero con un detallecito imperdible: como en tantas ocasiones, uno murió mientras dormía. Probablemente, tan casual como la muerte nunca aclarada del comisario Jorge Gutiérrez, de Avellaneda, que investigaba una causa por aduanas paralelas.La definición de Rodolfo Walsh vuelve una y otra vez. No admite cuestionamientos. Y adquiere solidez a medida que las décadas transcurren. Se forjó más aún con historias como la de Candela Sol Rodríguez, que dejó en paños menores la telaraña tejida por el poder político, policial, judicial y económico en el que una nena de apenas 11 años pagó con su vida. Pero por cuya muerte sólo pagarán perejiles. Y nunca la estructura narcopolicial armada impunemente. Hoy los policías irrumpen en escuelas, en comedores, en las calles y se llevan las vidas o amedrentan a otras. Recogen sobres, abonan otros, marcan territorios. Aprietan comerciantes o trapitos. Buscan pibes que sirvan a su reino o se deshacen de aquellos que tienen la osadía de plantarse y decir que no. Le ofrecen una itaka y un perro entrenado a un ministro. O lo renuncian cuando les responde que no. “La secta del gatillo alegre y la picana es también la logia de los dedos en la lata”, escribía el grande entre los grandes. Y entre lata y lata, se divierten orinando alrededor de una escuela, una universidad, una organización social o una movida barrial. Por si acaso. Para que nadie se olvide. Edición: 3352

Niños sin nombre
Publicado: Viernes, 19 Mayo 2017 15:01
Niños sin nombre

Por Claudia Rafael (APe).- Sus cuerpos pequeños, sus días acabados, son hoy el arquetipo de la crueldad. En las dos puntas más extremas de un país que no los mira. Dos de ellos, en la jujeña Huacalera. Los otros dos, a 4000 kilómetros de allí, en Río Grande, Tierra del Fuego. Entre los cuatro, apenas suman 13 años. Murieron en soledad. Quizás en manos de gente que debió haberlos amado. Husmear en la lista de los detenidos implica encontrar los nombres de padres, abuelos, tíos, madres. Ellos son parte de ese ancho ejército de niños sacer de los que hablaba Giorgio Agambén, aquellos por cuya muerte nadie paga, aquellos que la humanidad ofrenda a los dioses sin que importe ni aparezca la culpa. El sacrificio olvidado. Aquel que se hunde en la desmemoria. Del que la condición humana se desprende sin miramientos. Dos en Río Grande, de 5 y 3 años. La niña de 3, con signos de abuso sexual. Ambos, deshilachados por el fuego que se los llevó junto a las maderas de su casucha de fragilidades. Dicen que para tapar las señales de abuso. Otros dos en Huacalera, apenas a unos minutos de distancia de Tilcara, donde los carnavales se dibujan de fiesta. El varón, de tan sólo cuatro años. La beba, de un año y ocho meses. Los diarios escriben que fueron ahorcados. Que los vecinos recuerdan que a las tres de la madrugada del lunes los perros ladraban y que luego se callaron. Hasta que las sirenas de los patrulleros tomaron su lugar. Que detuvieron al padre y que, a la mamá, embarazada de seis meses, la encontraron desvanecida en el suelo. Son los espejos de la nuda vida, aquella que apenas se asemeja a la vitalidad de un caracol o una planta. Y que es digna de abandono político y social. No habrá ojos sobre esa vida, tan desnuda. No habrá ternura en las miradas. No habrá nombre para sus días. No habrá más que muerte violenta, para -como decía Agambén- los homo sacer. Muerte que nadie paga. Ellos que, ni siquiera, tendrán el dulce derecho a ser nombrados más que por el olvido. Porque nombrar a la condición humana rebajada a la categoría de la muerte violenta y olvidada requiere una interpelación profunda al colectivo humano. Cincelado por una estructuración sistémica capaz de estragar a las semillas mismas del origen. Desnudos de latidos. Ellos cuatro, tenues, desoídos, innombrados, anónimos, en cuyos harapos de piel va naciendo –diría Roberto Santoro- el misterio como un pájaro azul de esperanza. Edición: 3350

Punibilidades
Publicado: Miércoles, 17 Mayo 2017 13:46
Punibilidades

Por Bernardo Penoucos (APe).- A la cárcel la sostenemos nosotros, los presos, la cargamos en los hombros y la sostenemos; me lo dice Juan, un detenido y condenado a reclusión perpetua a quien, hace un mes, un Juez le otorgó el beneficio de la libertad condicional luego de 18 años para que, otra apelación semanas más tarde, se la sacara de las manos para volver nuevamente al penal de Sierra Chica. Mientras Juan me dice miro de reojo hacia el salón que tengo a mis espaldas, que se utiliza de Juzgado y de espacio de educación terciaria. Miro de reojo porque escucho una voz fuerte que no para de hablar, con tono elevado y sin pausas. Quien esta hablando es Robledo Puch, con quien mas de una vez los docentes nos cruzamos por los pasillos del penal, entrando en algún salón o tomando un mate con nosotros en preceptoría. Es una suerte de rito cuando Puch se decide salir del pabellón y caminar un poco por el complejo penitenciario para acercarse hasta el Terciario. En esta ocasión dialogaba hoy por la tarde con una mujer, que seguramente pertenecía a algún área educativa del penal y que se mostró dispuesta a escucharlo por un lapso para nada acotado. Generalmente Robledo Puch, cuando encuentra con quien hablar, lo aprovecha en tiempo prolongado. Juan, que durante un mes fue libre y hoy camina de nuevo como detenido, lo mira a Robledo y me dice: miralo y fijate, hace 45 años que está preso, entró imputable y ahora no sabe en qué tiempo vive ni en qué lugar. Las secuelas de Robledo Puch luego de 4 décadas y media en la cárcel son evidentes, su discurso a veces lo lleva a comentar el accionar de la triple A en tiempo presente y a criticar la gestión de Isabelita de Perón como Gobierno actual. Se acerca hasta nosotros, saluda y regresa a su pabellón. Camina su mundo que es el mundo del encierro y la sombra prolongada, encierro que conoció antes de cumplir sus 21 años y carrera delictiva que inició a sus 18. Su rostro sigue siendo aniñado, ojos claros, manos pequeñas, por demás calvo y encorvado y cargando sobre sus hombros generalmente la misma campera de invierno con la que ha sido fotografiado en más de una ocasión. Lo miro a Juan y entiendo que él también deberá transitar un largo camino de encierro hasta poder respirar el aire limpio que trasciende los muros. En cuanto a estos mismos muros, Juan me dice: los muros son simbólicos, no están construidos ni siquiera para que no nos fuguemos, los muros están construidos para que nadie nos vea, para que nadie de afuera sepa sobre nosotros, los de adentro. Pienso y sigo observando los rostros que pasan y saludan, un abrazo, dos abrazos, son los pibes que van llegando a estudiar con sus bolsas de nylon y sus cuadernos y fotocopias adentro apiladas y ordenadas; intento plantearme una mirada desde la totalidad, en esa unidad en lo diverso que la realidad nos exige para poder desentrañarla, en esa posibilidad de trascender lo aparente. Cuando logro hacerlo y la reflexión inicia su curso lo que veo son niños, rostros de niños en cuerpos gigantes que se empujan y abrazan y bromean, cuerpos dolidos y marcados a fuego por los distintos modelos de mercado que gestionaron a los proyectos políticos y de los que ellos son hijos y nietos no reconocidos aun en pleno siglo 21. Lo veo a Puch que ya está entrando al pabellón, el número 9, y el cuerpo que me envuelve se estremece al pensar y al sentir en tiempo real y concreto los años transcurridos desde su detención en la dictadura de Lanusse y luego el regreso de Perón, la muerte de Perón, la creación de la fuerza parapolicial de la triple A, el golpe de Estado Cívico-Militar, los 30.000 detenidos-desaparecidos, el regreso de la Democracia, el neoliberalismo, el 2001, todos los mundiales, todos los soles y las lluvias y él, que entrando imputable por una serie de delitos aberrantes, se terminó convirtiendo en inimputable por una serie de tratamientos resocializadores, también aberrantes y que al día de hoy lo ubican en confusiones de tiempos y gobiernos y espacios y personas y que con su caso ubica a la cárcel como un sistema añejado que hace rato caducó Vuelvo a mirar al resto de los pibes y la metáfora de que sus cuerpos cargan la cárcel se va materializando, concretando, cosificando; entonces empezamos la clase para romper lo simbólico del muro y para pensarnos mas allá de un número, de un castigo y de un encierro tortuoso, porque mientras el Estado no legisle de verdad en materia de niñez, adolescencia y juventudes, mientras el Estado no decida cuál es el proyecto que por fin se piense con todos y todas adentro, mientras eso no suceda, cada vez más pibes de nuestra patria y de nuestro cielo seguirán cargando la cárcel en sus hombros, las negaciones en sus curriculum y las soledades en sus historias. Edición: 3348

Luciano y la hipocresía
Publicado: Lunes, 15 Mayo 2017 14:19
Luciano y la hipocresía

Por Carlos Del Frade (APe).- La hipocresía mata. En la Argentina, donde debería estar en el trono de la vida cotidiana la noble igualdad, según dice la letra de su himno, la Corte Suprema de Justicia determinó que los asesinos más perversos de su historia, los que torturaron, violaron y secuestraron bebés, podían ser beneficiados por el viejo principio del 2 x 1. Mano blanda para los socios menores de los delincuentes de guante blanco. Los integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad, macabros y brutales, fueron eso, los encargados de llevar adelante los mandados de la clase dominante, de las grandes patronales, los dueños del país, los grandes empresarios. Dejarlos en la calle, entre otras cosas, le da tiempo a los propietarios de casi todas las cosas para que nunca pisen los pasillos de los tribunales federales. En la misma geografía, el gobierno nacional que impone el clima cultural político, envió dos proyectos al Congreso: duplicar las cárceles federales y bajar la edad de punibilidad. La coherencia es contundente: mano dura contra los empobrecidos y mano blanda con los sicarios de los poseedores que, además, perpetraron el genocidio desde el estado. En el sur rosarino, en esos mismos días, el sistema vuelve a mostrar su fenomenal capacidad de reciclaje. La pibada ausente de las escuelas no tiene trabajo formal pero sí acceden con llamativa facilidad a las armas que cada vez se producen en mayor cantidad con presupuestos oficiales gracias a los gobiernos del primer, segundo, tercer y cuarto mundo. Las noticias dan cuenta de hechos brutales que, en realidad, son hijos de la hipocresía impuesta por las minorías y multiplicada por los grandes medios de comunicación. Si un pibe queda afuera de la escuela y no tiene trabajo, el sistema dirá que se preocupa pero, en realidad, le pondrá armas en sus manos. Porque el capitalismo tiene en las armas su segunda vía de acumulación de dinero. La información dice que en barrio Tablada, ex barrio obrero, portuario y futbolero, un chico de apenas 17 años fue acribillado al ser emboscado por un auto y una moto. El chico forma parte de una larga cadena de atentados y muertes por disputas territoriales que hacen al regerenciamiento del negocio narco que sufren las principales ciudades de la Argentina a partir de 2015. -El sabe, vos sabés, todos saben (quiénes venden droga en Tablada). Y si todos sabemos y nadie hace nada, será que es un negocio que le llena los bolsillos a muchos y no conviene tocar. Si no tendríamos que pensar que los funcionarios son unos inútiles que pontifican en los medios cosas que jamás solucionan. En Tablada pasamos por muchas y siempre se dio la misma. El político de turno promete y no cumple. Y los muertos los pone el barrio – le dijo un vecino a los trabajadores de prensa. Agregan las crónicas que entre esas calles que supieron ser la ruta cotidiana de miles de laburantes en los años setenta, surgieron nombres, apodos y edades de los potenciales responsables. “Así se escucharon los nombres de "Milton, que es sobrino de Tubi" y familiar del "Manco" (ya fallecido) y "Pantera". También mencionaron a "Pelo Duro", un pibe que se ganó un espacio en las crónicas policiales cuando era adolescente y vivía en cercanías de La Siberia. E hicieron hincapié en "El gordo Luciano", que tiene 12 años y anda con "Pelo Duro". "Le dan pastillas, lo descabezan, le dan un fierro y lo mandan a matar. Por niño o por lo que sea no le tiene miedo a nada. Está metido en las últimas balaceras, es temible", recalcó un pesquisa”, terminaba diciendo la muy buena nota. Luciano tiene doce años, repiten en el barrio, dicen los medios. A los doce años, con edad de séptimo grado, el sistema le puso un arma no solamente en la mano a Luciano, sino en su vida cotidiana, para que le domine el presente, para que le nuble cualquier forma de futuro. Desde los gobiernos hablarán de los programas “volver a estudiar”, los que prometen la “inclusión” pero lo cierto es que el verdadero motor del planeta, el dinero, llegó antes para convertir al chico de doce años en una víctima, victimario que será inmolado en el altar de la mentira institucionalizada. Porque, como queda dicho, la hipocresía mata. Edición: 3346  

Niño que camina solo
Publicado: Viernes, 12 Mayo 2017 12:07
Niño que camina solo

Por Santiago Bahl (*) (APe).- El niño percibe un aire, casi como un llanto, que corre paralelo, oblicuo, perpendicular al espacio rectangular, amoroso y cerrado, con paredes del color de la luna. Está en una pista donde las personas se sacan chispas, se perdonan algún roce o ni siquiera eso, sin reparar en la transformación que el fervor produce en sus cuerpos. Una pista de baile con un aire denso en la que predomina la furia del alma. La mano del padre lo arrastra con emoción hacia el centro de ella, se agarra de él como una garrapata, hundiendo la cabeza entre las costillas, tratando de crear el tic-tac de los latidos del corazón de su padre, que ya van a llegar desde el verdadero corazón a sus oídos, sólo para tranquilizarlo o para sentir que su padre puede estar vivo así como lo está. Más se apretuja contra él, más son los giros que dan juntos; más homogénea es la ronda de personas que los vivan, más pesados siente el niño los latidos, aun escuchando los cantos que les prodigan. "Gloria a este hijo de Dios gloria". Y el padre abre los ojos, próximo a tropezar por los giros sobre su eje, y el niño lo encuentra fortalecido y desarmado, es decir, de nuevo lo ve medio moribundo pero feliz. Entonces sobreviene el aplauso unánime de todos los presentes. El niño es el último en adherirse a ellos porque el corazón de su padre aún le preocupa. Pero ya no. Ahora no. Resuelve salirse de los brazos de él y toca el piso. De inmediato le pide conocer dónde vive y saber dónde está el tío. - ¿Dónde está el tío papá?- pregunta -Vení que te voy a mostrar mi casa- le contesta- llevándolo a la celda en la que vive. El niño entra a regañadientes. Ve camas de fierro, una mesa de cemento áspera con dos banquitos igual de ásperos, una ventanita al fondo con rejas, un baño que consiste en un precipitado agujero en el piso bien disimulado por una puerta-cortina de color fuxia estampada con ratones mickeys. Va a decirle a su padre que quiere hacer pis. Va a decírselo para molestarlo porque no le contestó sobre el tío. Mientras piensa esto, escucha los ronquidos de un hombre viejo acostado en una de las camas cuchetas. Es un ronquido que nunca antes escuchó, que empieza con un maullido horrible y se desencadena como una guerra de motos de su barrio. -Está descansando. Vení Jorgito- y es agarrado de su mano por el padre, que lo saca de ahí, y lo lleva hacia una puerta de rejas bien grande donde un hombre vestido con uniforme los espera. Jorgito ve que su padre le da un teléfono celular al hombre y que le dice "gracias por dejar que mi hijo conozca mi casa". Luego es zambullido ligero por un pasillo de rejas que en breve será de cemento hasta que llegan a la puerta de chapa verde sin picaporte que indica el nacimiento del SUM de visitas. De allí se habían ido para que él pudiera conocer más sobre el padre. Y ahora regresan. Jorgito busca con la mirada a su mamá y la ve tomando mate con una señora muy vieja. Después busca a sus primos. Ahí están Benja y Nahiara jugando a la mancha venenosa entre las risotadas generales de la gente que sacan tappers enormes y convidan comida. Jorgito se integra rápidamente a la tropa y va a buscar a Nahiara, quiere agarrarla del pelo y soltarla. Comienza a correr a Nahiara, quien se hace cargo de que le toca escaparse de su primo sabiendo que la tiene difícil y que su pelo es la debilidad de él. A todo esto, Benja no entiende nada, está muy abrumado y es bastante más chico que su primo. Corre Jorgito a su prima y casi que no mide nada. El niño ya armó el mapa del terreno, ya lo incubó con fiebre, ya lo intuye como un quiebre en su vida y, ahora que su papá le mostró su casa, está saliendo a gastar ese mapa. ¿Y Nahiara, a la que no puede agarrar? Piensa mientras corre, y Nahiara arranca a grandes zancadas una última recta limpia a toda velocidad de manera impresionante, con las manos detrás de la nuca, aprisionando el pelo desde el cuero cabelludo totalmente expresiva y diosa buscando al tío plantificado con los brazos abiertos para pena de Jorgito. El tío la acolchona con el pecho, Jorgito ve como abruptamente se normaliza la larga cabellera que perseguía. Respirando agitado, observa el abrazo de su prima, además advierte que ella ya se olvidó de la propia cabellera y que llora muy angustiada tratando de acallar el llanto. Y que sigue llorando aferrada al pecho de su tío.Increíblemente no lo suelta. No lo suelta. Benja mira lo que está ocurriendo, la mamá de Jorgito también mira, la vieja que chupa mate con ella hace lo mismo. Cuando de golpe Nahiara se desprende de los brazos de su tío y se da media vuelta para tener perfectamente a Jorgito frente a sí, le pregunta: -¿Dónde está mi papá? Jorgito no puede captar en ese espejo que es su prima el despertar de sí mismo. Ella llora y hasta se olvidó de los brazos que la sujetan. -El tío se fue a otra cárcel porque acá se portó mal. Ojalá llame por teléfono- afirma el niño creyendo en lo que dice, porque en definitiva si hay algo que aprendió, es que en ese lugar siempre va a ser mejor estar creyendo que reventando. (*) Esta crónica recibió el segundo premio en el segundo Concurso de Crónicas de Infancia "Alberto Morlachetti". Edición: 3344    

El Pájaro, cuatro años después
Publicado: Lunes, 22 Mayo 2017 14:05
El Pájaro, cuatro años después

Por Carlos Del Frade (APe).- -Cada vez queda más claro que no había que matar al Pájaro…-dice una de las voces más conocedoras de la violencia que impera en los barrios empobrecidos del Gran Rosario. Esa consecuencia del negocio de las armas que se traga la vida, especialmente, de pibes menores de veinticinco años. El 26 de mayo de 2017 se cumplirán cuatro años del asesinato de Claudio “el Pájaro” Cantero, el reconocido jefe de la banda de distribución mayorista de cocaína y marihuana más importante, hasta 2015, del sur de la provincia de Santa Fe. -En el Barrio Las Flores cerraron todo a las 13.30 del jueves…Hay mucho miedo…-decía un vecino, en aquellos días finales de mayo de 2013, al describir la situación de uno de los barrios más estigmatizados del sur rosarino desde los saqueos de 1989. Algo parecido sucedía en el barrio San Lorenzo, ex La Granada, el patio trasero del monumental casino de Cristóbal López que no para de ganar dinero de las mayorías que sueñan algo más que empatarle al fin de mes. Entre la madrugada del domingo 26 y el martes 28 de mayo, cuatro muchachos fueron asesinados, todos menores de 35 años y habitantes de la región fronteriza entre la cuna de la bandera y Villa Gobernador Gálvez. -Abrieron las puertas del infierno y no saben cómo cerrarla – sostuvo una persona vinculada a Claudio Ariel “El Pájaro” Cantero, líder de la banda conocida como “Los Monos”, surgida entre las urgencias sociales y existenciales de los ya nombrados barrios La Granada y Las Flores, cuando la desocupación hizo estragos y hasta surgió el mote de rosarinos comegatos. “Los Monos” se convirtieron gracias a diferentes complicidades políticas, policiales y judiciales en el primer grupo narco de la ex ciudad obrera. Un negocio que, según papeles presentados por dos secretarías nacionales, maneja nada menos que dos mil millones de pesos anuales contra un presupuesto municipal de 2.600 millones de pesos pero para atender las necesidades mínimas de un millón de personas. Esa es la monumental dimensión del negocio y el por qué tantas voluntades compradas. El Pájaro tenía solamente 29 años. La venganza no se hizo esperar. El lunes al mediodía, Diego Demarre, de solamente 32 años, propietario del boliche ubicado en Villa Gobernador Gálvez, “Infinity Night”, donde fue emboscado Cantero, fue fusilado por ser el supuesto entregador. El martes a la tarde, a la salida de la escuela, en un ex barrio obrero, Marcelo Alomar, de 33 años y Nahuel César, de 24, fueron cosidos a balazos por balas ordenadas desde “Los Monos”. Por esas horas ya se hablaba de guerra narco en la “Barcelona Argentina”, donde el año pasado se multiplicó por dos veces y media la tasa de homicidios del país. Después, los días miércoles y jueves, los acusados de ser los matadores de Cantero salieron por las radios a decir que no fueron ellos. El viernes a la tarde, después de veinte allanamientos, el gobierno de la provincia informó que habían detenido a la madre de El Pájaro y a uno de sus hermanos. Estaban prófugos su padre, el creador del clan y el apodado “Guiye”, el principal socio. También cayó un policía infiltrado en la recientemente creada Secretaría de Delitos Peligrosos. Cuatro años después, cuando en estos días aparezca la nueva convocatoria a los jugadores de la selección de fútbol de la Argentina, aparecerá Ever Banega, el muchacho que surgió del barrio Las Flores y que siempre volvió a la canchita de ese punto de la geografía rosarina para patear con sus viejos y nuevos amigos. En esa canchita todavía se ve el mural dedicado al Pájaro, con una oración sacada del guión de “Ciudad de Dios”, la película brasileña que sintetiza la disputa de dos bandas narcos por el dominio de una favela. "Yo te extrañaré, tenlo por seguro. Más comprendo que llegó tu tiempo. Que Dios te ha llamado para estar a su lado. Así él lo quiso, pero yo nunca pensé que doliera tanto", sostienen esos versos. A cuatro años del asesinato, el miércoles 14 de junio dará inicio al juicio contra la banda. Casi cuatrocientos testigos y casi treinta imputados y procesados por los crímenes diversos atribuidos a la banda que creció de forma acelerada a partir del año 2007, tal como dice la causa judicial, cuando el actual gobernador de la provincia, Miguel Lifschitz, era el intendente de Rosario, ya convertida –para ese entonces, en ex ciudad obrera, industrial, ferroviaria y portuaria. ¿Quién mató al Pájaro Cantero?. Esa pregunta todavía no está respondida ni mucho menos. Tampoco existe demasiada voluntad, ni política ni judicial, para saber quiénes lavaban el dinero que todas la semanas llegaba por millones a las mesas de los cabecillas de Los Monos. Hay un consenso de clase sobre este punto: la maldad está solamente concentrada en los habitantes de los barrios humildes. Y eso es una fenomenal hipocresía. Los millones de pesos semanales que se recaudaban en decenas y decenas de puntos de venta de cocaína y marihuana de la ciudad, se licuaban en cuentas corrientes de empresarios, mutuales, mesas de dinero y casas de cambio del centro de la ciudad. De esos negocios poco se ha hablado en estos cuatro años. También fue mínimo el debate en torno a la mirada complaciente del poder político local, provincial y nacional durante el desarrollo fenomenal de la banda. En la causa, de miles de folios, hay varias menciones a funcionarios de entonces y del presente pero las ganas de profundizar son anoréxicas. Cuatro años después del asesinato del Pájaro, hay gendarmes, más policías y ya se votaron dos emergencias en seguridad en la provincia y la ciudad. Cientos de millones de pesos que no tienen nunca un pormenorizado detalle en qué se gastan. Con la excusa del combate al narcotráfico y la violencia, las cajas se abultan y las licitaciones son pocas, casi todo se hace de acuerdo al arbitrio de los funcionarios de turno y compran equipos sofisticados que parecen resolver casi nada del agujero negro que se construyó en cada barrio rosarino cuando robaron el trabajo en blanco, estable y cercano. Hay más cámaras, drones y patrulleros, pero también hay más sustancias para los consumidores y los homicidios vinculados al narcotráfico continúan, demostrando que las mafias matan cuando quieren, mostrando la nueva vuelta de tuerca de los asesinatos, hay una dimensión cualitativa por encima de lo cuantitativo. Cuatro años después del asesinato del Pájaro Cantero, la muerte joven de las pibas y los pibes sigue siendo parte del paisaje cotidiano rosarino, así como también el negocio impune del dinero lavado en el centro de la ciudad. Cuatro años después, las mafias de guante blanco siguen impunes. Fuentes: Entrevistas del autor de la nota. “Ciudad blanca, crónica negra”, libro del también autor de la nota. Edición: 3351  

Feliz… impunidad
Publicado: Miércoles, 17 Mayo 2017 20:36
Feliz… impunidad

Por Alfredo Grande (APe).- Las brujas de Salem o El crisol (en inglés: The Crucible) es una obra de teatro de Arthur Miller escrita en 1952 y estrenada en 1953 ganadora del Premio Tony. Está basada en los hechos que rodearon a los juicios de brujas de Salem, Massachusetts en 1692. Miller escribió sobre el evento como una alegoría de la represión macarthista de los años 1950. Más allá de la comodidad de Wikipedia, recuerdo la lectura de la obra y haber visto varias versiones teatrales. La Santa Inquisición, una de las organizaciones criminales más siniestras en la historia de la humanidad, organiza una cacería de brujas y brujos. En la Norteamérica en ataque de pánico por el comunismo, había que demostrar que no era comunista. La acusación ya era suficiente como prueba. Demostrar la inocencia puede ser muy difícil, por ese tema de que nadie está libre de pecados. Ahora mal: la cultura represora entendió a Miller al revés. El señala que las víctimas son transformadas en victimarios y entonces castigadas. Ahora lo llamamos “causas armadas”, otra forma de vulnerar los derechos humanos. En la premiada “El secreto de sus ojos” hay un intento de armar una causa contra dos albañiles, que confesaron un asesinato, tortura mediante. Ahora mal: el inframundo de la pedofilia, del abuso sistemático de niñas y niños, de la pornografía infantil, pretende y muchas veces logra, demostrar que el victimario es la víctima. Una siniestra confabulación de madres, padres, niñas y niños, que reunidos en logias secretas, conspira para desacreditar a docentes, especialmente de colegios católicos. En estos casos, aparece el lacerante silencio no de los inocentes, sino de los cómplices. Los victimarios se amparan no en el estado de derecho, sino en el estado de relato. O sea: inventaron algo que se llama “co construcción del relato”. Logias de psicólogas, psicólogos, psiquiatras, abogados, asistentes sociales que secretamente conspiran para desacreditar a docentes, especialmente de colegios católicos. Una sinarquía internacional que vulnera el principio de autoridad suprema y jerárquica del Padre. Especialmente del Padre que no tiene hijos. O sea: del Padre célibe, castrado, casto. Luego aparecen testimonios atroces. Desde la cama de un hospital de Verona, el padre Eligio Piccoli confirma las vejaciones sexuales a los niños y el traslado de los sacerdotes abusadores a diferentes puntos del país. Y señala como destino de los pedófilos, la Argentina. Qué mala suerte tenemos: hemos recibido con los brazos abiertos a nazis y pedófilos. ¿Será por algo? ¿Será la Argentina un off shore de la impunidad? Al diablo con ese padre. Entonces se ha establecido no el “principio de inocencia”, que dice que todo es inocente hasta que se demuestre que es culpable. La cultura represora ha establecido el “principio de impunidad”. Todos son impunes, hasta que se demuestre lo contrario. O sea: hasta que se encuentran los “perejiles”. El fallo en Mar del Plata, con el antecedente del “caso Melo Pacheco”, consagra ese principio de impunidad. Seré claro, antes que oscurezca. No por el fallo en sí. No por haber absuelto a la acusada en forma unánime. O sea: tres jueces unidos y solidarios. Hasta el 2x1 tuvo dos votos en contra. Acá no: uno para todos y todos para uno. O una. El tema son los considerandos. El tema es la obvia parcialidad con que se evalúan los testimonios. El tema es la discrecionalidad para escuchar a los peritos de la querella con los de la defensa. El tema es desacreditar la militancia permanente contra todas las formas de abuso infantil. El tema es desoír la palabra de los niños y niñas, que además de ser sujeto de derecho, son sujetos de deseo. Y ninguno de esos deseos incluye ser abusados. Por lo tanto, si lo dicen, es imperativo escuchar. No hay peor sordo que el que solo quiere oír el himno de la impunidad. Pero voy al relevo de prueba, porque prefiero la confesión de parte. La abogada de la querellada, sostiene que tiene que terminar la “paranoia social”. O sea: es la teoría de la sensación de inseguridad. Ella la amplía a “sensación de abuso sexual”. Una sociedad paranoica. Casos aislados. La doctrina de la manzana podrida. Si está convencida que su defendida es inocente, será una manzana no podrida. Pero desacreditar, desestimar, banalizar, cuestionar la endemia del abuso sexual y la pornografía infantil, su inmediata consecuencia, va mas allá de un juicio “jurídico”. Ella establece una doctrina de seguridad sexual, donde los casos aislados, algunos, pocos, poquitos, quizá nada, deben ser desestimados. No hay desaparecidos, no hay secuestrados, no hay torturados, no hay hambreados, no hay desnutridos, no hay enfermos, no hay. O sea: si hay abuso que no se note. Que no se tome nota. Y agrega: terminemos con esto. La buena noticia es que ni los padres y las madres, ni los abogados, los profesionales de la salud mental, vamos a terminar con “esto”. Vamos a seguir con “esto”. Por formar parte de la batalla contra todas las formas de la cultura represora. Es una batalla sin final. Eterna. Permanente. Tras generacional. Vamos a seguir con “esto”. Porque lo que la abogada defensora llama “esto” es nada más que la salud de nuestros niños y niñas. Nosotros hemos leído bien a Arthur Miller. Los modernos inquisidores no podrán asustarnos. No somos paranoicos. Pero hemos aprendido a dejar de negar el peligro. Los peligros. Son demasiados. Los enfrentaremos. Para que Mar del Plata sea una ciudad feliz. Pero nunca a costa de la complicidad, la mentira, la hipocresía. Nunca más. Edición: 3349

Cuando falta un pibe
Publicado: Martes, 16 Mayo 2017 16:59
Cuando falta un pibe

Por Martín Stoianovich (*) (APe).- “Es un cuerpo de preparación para la disuasión, con el uso reglamentario de la fuerza y el armamento, con una capacitación especial y una práctica de intervenciones especialmente urbana”. Septiembre de 2014. El ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Raúl Lamberto, presenta a la Policía de Acción Táctica. Frente suyo hay 540 jóvenes agentes. Ante ellos, y ante las cámaras, menciona que la fuerza se desplegará “en los barrios con mayor grado de conflicto”. La situación en la provincia es apremiante. Sobre todo en la ciudad de Rosario: hubo 264 homicidios en 2013. La inmensa mayoría tienen lugar en las periferias de la ciudad y como principales víctimas a jóvenes menores de 25 años. Para cuando termine el 2014 la cifra total de muertes violentas llegará a 248. Y se repetirán las mismas características. La leve disminución podrá atribuirse a balas que rozaron cabezas o que perforaron tejidos sin comprometer órganos vitales. El gobierno provincial cae en la estrategia de siempre. Ante el aumento de los homicidios y delitos urbanos, y por ende ante la molestia y preocupación de la sociedad civil, la respuesta vuelve a ser llenar las calles de fuerzas de seguridad. Esta vez crean la PAT. Hombres y mujeres vestidos de negro, con botas enormes y armas largas en mano. Es la nueva fuerza que estrena el Ministerio en el marco del “Plan de Seguridad Democrática”, que también impulsó la creación de la Policía de Seguridad Vial, la Policía Comunitaria y la Policía de Investigaciones. Ahora, sobre la PAT, dicen que es para reemplazar a la Gendarmería y la Prefectura, que en diciembre de 2014 terminará su estadía iniciada seis meses atrás. La llegada de las fuerzas federales se había dado en el mismo marco, en un acuerdo entre el gobierno provincial con el nacional que logró el desembarco de más de dos mil efectivos. La continuidad del trabajo de las fuerzas federales por parte de las PAT será impecable. El debut de fuego lo dará el 4 de enero de 2015, junto al Comando Radioeléctrico, asesinando a balazos a Jonatan Herrera, un joven de 23 años que lavaba el auto en la puerta de su casa y se convirtió en el blanco de un par de policías que de la persecución a un presunto ladrón, ya reducido en el piso, hicieron una masacre. El episodio ocupará la agenda mediática y llevará a que el ministro de Seguridad decida remover al jefe de la fuerza. De lo que tardarán en hablar los medios de comunicación es lo que los agentes de la PAT hacen en aquellos barrios considerados los más peligrosos de la ciudad. Caminantes en Ludueña Ludueña, al noroeste rosarino, será siempre un laboratorio, sala de ensayo y escenario de las políticas represivas. Ahora es marzo de 2015. La PAT anda cubierta de pies a cabezas por los pasillos de las barriadas. En Ludueña dicen que PAT, en realidad, significa “pegarle a todos”. Esto lo cuenta Mónica, una madre del barrio que junto a otras mujeres y un par de militantes sociales se reúnen en la Comunidad Sagrada Familia, una pequeña casa de material que le da la espalda a las vías del tren que atraviesa al Ludueña. La reunión es impulsada por la situación que atraviesan los jóvenes. Denuncian requisas espontáneas, persecuciones y abusos físicos y verbales. - No vas a querer decir que te pegamos. El Monito, que tiene 14 años, muestra las marcas que un par de “caminantes” le dejaron sobre el pecho después de pegarle con una rama. Cuenta que le insistían en que delatara a su hermano, de 15 años, al que buscaban por algún motivo. Todo esto se ve en un video que muestran las madres y que nunca servirá como prueba de una denuncia que nunca se hará. El temor de los vecinos del barrio a denunciar, temor que se impone con amenazas de la policía, será el obstáculo principal para dar a conocer esta problemática. Al Monito le dijeron que lo matarán si llegan a echar a alguno de los policías. Kevin De las reuniones en Ludueña surge la necesidad de que continúen participando los pibes del barrio. Una tarde, Kevin, que tiene 14 años, llega a la comunidad con un par de amigos. Él conoce a varios de los que están en la reunión. Ya en 2014, en silla de ruedas recuperándose de los tiros que había recibido en sus piernas por parte de unos pibes que pasaban en moto, había participado de un campamento con organizaciones sociales. Los pibes proponen hacer un torneo de fútbol para encontrarse con la pibada de otros barrios. El escenario es ideal: frente a la comunidad hay una cancha de las más grandes y adecuadas para concretar la propuesta. Al tiempo se logra. Villa Banana, Cabín 9, Santa Lucía, Fuerte Apache. Los barrios de las periferias, todos con las marcas de la violencia policial, patean la pelota para el mismo lado. A los pocos meses las reuniones perderán fuerza hasta diluirse y las problemáticas del barrio continuarán. Kevin y sus amigos seguirán en el potrero del barrio. Imaginarán un club, que llegará un tiempo después. Durante el 2016, un grupo de militantes sociales y vecinos impulsará el Club Social y Deportivo Edgardo Montaldo, en homenaje al cura del barrio, que referencia a la más prolongada militancia social y ecuménica en Ludueña. Kevin, que es de los buenos con la bocha al pie, no puede jugar porque la categoría más grande le queda chica. Sus compañeros le falsifican un carnet, le restan un año de edad y le permiten jugar. Nadie piensa en prescindir de sus habilidades. Ni siquiera descansar en paz. Es febrero de 2017 y el calor agobia. Es más insoportable que inimaginable en las casas de chapas de Ludueña en las que el sol pega todo el día. Pasaron los años y poco cambió. Los homicidios siguen contándose de a cientos y acumulando en las barriadas a jóvenes como principales víctimas. Es la noche del jueves 9. Kevin, que ya tiene 16 y arranca el 2017 esperando su último año de secundaria, se sube a la moto que maneja Micha, su primo, y salen a dar una vuelta por el barrio. Frenan por calle Humberto Primo, entre Felipe Moré y Formosa, para hablar con una amiga. A los pocos minutos Kevin queda tirado en el piso, herido por una bala nueve milímetros. Dos jóvenes que habían llegado al lugar y se pusieron a discutir con los chicos terminaron disparándoles desde atrás cuando intentaban irse en la moto. La bala le entró por la espalda e hizo por adentro de su cuerpo el recorrido suficiente para quitarle la vida segundos después. Los vecinos del barrio identifican a los jóvenes y van a la casa de uno de ellos. Aseguran que tienen relación con el “Diente” y el “Caracú”, conocidos por lograr mantener la venta de drogas a pesar de cualquier desembarco de fuerzas federales, provinciales y de cualquier tipo. En el barrio, explican, es por la complicidad de la Comisaría 12. Prenden fuego la casa. Ludueña arde en la madrugada del viernes 10 de febrero. Ludueña arde. Una vez más. El día amanece con el barrio conmovido. A Kevin lo velan en la misma Comunidad Sagrada Familia en la que varias veces propuso torneos de fútbol y amasó para las comidas del barrio. Y en la misma comunidad en la que ya velaron a cerca de diez pibes de Ludueña. Amigos, familiares y compañeros de Kevin rodean su ataúd posado a los pies de un Cristo crucificado pintado en la pared. Ya es sábado 11 por la mañana. Decenas de allegados a Kevin caminan por las calles de Ludueña en el cortejo fúnebre que se dirige al Cementerio Público La Piedad. La marcha es interrumpida. Otra vez la policía. En un combo multifuerza: la PAT, la Policía Comunitaria, el Comando Radioeléctrico y efectivos de la Comisaría 12. Todas las fuerzas policiales de Ludueña contra el cortejo fúnebre. Hay corridas, golpes, disparos. De goma y de plomo. El plomo va al pie del Micha, el testigo clave del crimen de Kevin. Se lo llevan a la comisaría. Entre la bronca y el dolor, surgen las preguntas que todavía no tienen respuestas. En Ludueña, que vuelve a arder, pareciera que no hay paz. En Ludueña, otra vez, el círculo cerró por el lado de la injusticia.  (*) Esta crónica recibió el primer premio en el segundo Concurso de Crónicas de Infancia "Alberto Morlachetti". Edición: 3347

Terrorismo burgués
Publicado: Viernes, 12 Mayo 2017 13:07
Terrorismo burgués

Por Alfredo Grande Dedicado a Andrea Viera, asesinada por la policía bonaerense en 22 de mayo 2002. (APe).- El filósofo León Rozitchner pudo fertilizar el pensamiento de Sigmund Freud con la semilla revolucionaria de Carlos Marx. Su libro “Freud y los límites del individualismo burgués” que pude leer y estudiar junto a él, es una referencia necesaria. Me permito parafrasear el título. Toda escritura es un acto de pensamiento. Y no podemos pensar sin conceptos. Para hablar necesitamos palabras, pero para pensar…no son suficientes. El viento borra las palabras. O sea: las vacía de sentido. Aún la palabra escrita permite varias lecturas. Y las jerarquías determinarán qué lecturas son heréticas y cuáles son permitidas. La precisión conceptual es necesaria para el pensamiento crítico. O sea: pensar no es un vale todo. Los cambalaches mentales sólo sirven para pelearse para siempre a pesar de estar de acuerdo. O abrazarse tiernamente con enemigos de alta peligrosidad. Dime con quién andas, no te diré quién eres, pero al menos me puedo hacer una idea. Lo que antes se buscaba en el petit Larousse ilustrado, ahora es rápidamente encontrado vía Google. Pero pensar pensamos nosotros, no el buscador digital. He tratado en textos anteriores de mostrar que el concepto “democracia” ha sido vaciado de contenido. Que aun si la calificamos de “burguesa, restringida, precaria, de baja intensidad, con sabor a poco, demos gracias, recuperada, en terapia intermedia, en terapia intensiva, traicionada, degradada, bastardeada, caricaturizada”, el vaciamiento no tiene retorno. No es del pueblo, ni es para el pueblo, y mucho menos por el pueblo. Quizá sea cierto que el pueblo unido jamás será vencido. No lo será, pero lamentablemente ya lo es. A futuro, más temprano que tarde, quizá podamos decir siempre hasta la victoria. Vencido es grave, pero lo peor es que el pueblo ha sido convencido. La pregunta del millón…de dólares. ¿De qué ha sido el pueblo convencido? De la polaridad democracia/dictadura. O sea: si el mal absoluto es el terrorismo de estado, la democracia deviene el bien absoluto. Absoluto: no es un concepto, es un dogma. Absoluto: no es un pensamiento, es un delirio. Absoluto: cualquier crítica es destituyente, anarquista, subversiva, intolerable. Por eso he propuesto dejar la palabra democracia para los nostálgicos de los tiempos mejores, cuando podíamos creer que “con la democracia se comía, de educaba, se curaba”. Cambiemos de receta. Ahora la receta es “cambiemos”. Y algunos piensan, y no pocos, que es democrática. Insisten en apelmazar, o sea, cambalachear, lo democrático con lo constitucional. Insisto, quizá en la soledad a la cual Ibsen, autor de “Un enemigo del pueblo” atribuyó profunda fortaleza, que no debemos decir “democracia” sino “dictadura de la burguesía”. O sea: la dictadura de los propietarios de todo. Energía, finanzas, puertos, casas, tierras, aguas, cielos, educación, salud, comida. Las propiedades privadas de la elite opresora. Casta de roedores y predadores. El origen de todo lo privado ha sido el saqueo de todo lo público. Todos y todas lo saben. Sin embargo, decimos “desempleado” al que no tiene empleo. Pero nadie dice “desterrado” a pesar que en el mejor de los casos, solo tiene la tierra de alguna maceta. O sea: no hay mayor impunidad que la ostenta la dictadura de la burguesía. Sin embargo, el 2 x 1 perforó la plataforma de esa impunidad. Estamos congelados en el juicio y castigo a los culpables del terrorismo de estado. No a todos, obviamente. Los empresarios que enterraron obreros en las tumbas de los centros clandestinos, siguen siendo honestos accionistas de empresas a las cuales les interesa el país. Pueden ser encontrados en los coloquios anuales de Idea. El 2 x 1 hace vibrar a los militantes, a los luchadores viscerales, a los rebeldes que nunca bajaron ninguna bandera. Pero también vibran los integrantes de las partidocracias liberales, socialdemócratas, retroprogresistas. A la voluble clase media que teme perder el patrón de consumo obsceno que todavía mantiene. Por eso hay un solo “nunca más”. Un solo “nunca más” verdadero. El del informe de la CONADEP. En décadas de dictadura de la burguesía, eso que algunos llaman democracia, hay material para varios tomos de “Nunca Más”. Hay uso sistemático de torturas, de desaparición forzada de personas, de causas armadas, de asesinatos impunes, de fuerzas de seguridad con el monopolio de la fuerza pública para vigilar, castigar y destrozar. Espero con la fe del peregrino: más de 500.000 personas para repudiar los crímenes de lesa humanidad de la dictadura de la burguesía. Pero eso es el límite del terrorismo burgués. Ni el 2 x 1 al turco Julián, ni el abrazo de la madre y el general, movilizaron a las masas. Hoy la dictadura de la burguesía sabe que tiene un límite que no puede perforar: los crímenes de lesa humanidad del terrorismo de estado. Los otros crímenes, el hambre como paradigma, seguirán impunes. Por eso no quiero volver sino intentar ir a un lugar donde nunca estuve. Mis compañeros y compañeras, militantes de la educación, la vivienda, la salud, el medio ambiente, el trabajo, serán los que puedan enseñarme ese camino. Edición: 3345    

Crónicas del Posadas
Publicado: Miércoles, 10 Mayo 2017 13:43
Crónicas del Posadas

Por Ignacio Pizzo (APe).- El fallo judicial que otorga el beneficio del 2x1 y habilita la impunidad del genocida Luis Muiña, miembro del grupo conocido como SWAT -operó en el Hospital Posadas a partir del 13 de julio de 1976- es al mismo tiempo corolario y punta de iceberg de un historial que desde tiempo pretérito a la dictadura ,y después de ella, no cesa en contabilizar homicidios dolosos del Estado. El Posadas y sus barrios aledaños, guardan historias que narran luchas, horrores y dolores de un país que ha hecho todo para deshumanizarse. El Hospital Posadas se erige como un coloso a la vera del acceso oeste. Iniciada su construcción como futuro nosocomio de enfermedades respiratorias por la Fundación Eva Perón y con Ramón Carrillo al frente del Ministerio de Salud, continuada por la Revolución Fusiladora de 1955,transformado en hospital general por otra dictadura llamada Revolución Argentina, fue testigo de ladrillo de la decadente imposición capitalista que dictadores y civiles ayudaron a consolidar con picana y submarino. Su imponente estructura marmórea está de espaldas a los Barrios Carlos Gardel y Presidente Sarmiento, mal conocidos como “Villa Carlos Gardel”, cuyo emplazamiento entre las calles Marconi en el oeste, Autopista Acceso Oeste en el sur, Carlos Gardel por el norte y la avenida Perdriel hacia el Este, exhibe que el lejano país de la intemperie es a pocas cuadras del cerco de los intercambios sociales. La porción de tierra que pertenecía a la familia Martínez de Hoz, es hoy el cruento ejemplo de un formato que se repite en nuestra extensión territorial: las periferias urbanas y la ñata contra el vidrio de los abandonados de siempre, de los torturados con la picana del olvido, de los sumergidos en la estadística del excedente. La historia del barrio es la historia del plan de erradicación de Villas de Onganía, con los habituales desalojos violentos desde la capital al otro lado de la General Paz, por parte de fuerzas armadas que vieron y siguen viendo como enemigos internos a trabajadores, trabajadoras, obreros, inmigrantes, niños murgueros, pibes de gorrita y de tez trigueña. Es el barrio que supo fundar un sueño de comunidad, como lo cuentan sus protagonistas, quienes planteaban necesidades y soluciones con las autoridades del Hospital y organizaban operativos de salud mientras se ilusionaban con el triunfo electoral del peronismo en 1973. Era el día del niño con proyección de películas infantiles en el Aula Magna del Posadas, donde no se conocían los muros, y los picnic familiares de sábados y domingos, como testimonian sus actores, era el paisaje habitual en el parque del hospital, que aparte de su rol sanitario, era un punto de reunión de fantasías, un verdadero centro comunitario, quizá porque aún rondaba el alma viva de la eterna hada madrina de Los Toldos. Otros tiempos, que algunos llaman de Argentina año verde. Pero el verde militar fue el que predominó a partir del 28 de marzo 1976 con Reynaldo Bignone a la cabeza del espanto. Tanquetas, helicópteros y tiradores apostados en árboles, se convirtieron en recepcionistas de pacientes y trabajadores del centro de salud. En ese contexto se puso en marcha un grupo de tareas paramilitar encabezado por Ricardo Nicastro, subcomisario de la Policía Federal, se autodenominó Swat. Dentro mismo del hospital funcionó el centro clandestino “el Chalet”, donde se practicaban las torturas a trabajadores de salud y militantes, previamente interceptados y amedrentados en pasillos y salas de internación, tal como lo describe Gladys Cuervo ex enfermera del Hospital en una reportaje otorgado a Página 12. Los Barrios vecinos al Hospital, Carlos Gardel y Presidente Sarmiento - antes del golpe llamado Mario Pujadas- corrieron la misma suerte. Las fuerzas armadas funcionaron como verdaderos ejércitos de ocupación, y así, a base de uniforme y cachiporra, se desarticuló la organización barrial. El barrio estaba militarizado, se realizaban operativos y varios vecinos, militantes de distintas tendencias, fueron secuestrados y desaparecidos. En este derrotero eterno, los 80 y los 90 con una democracia impostada fueron tiempos de expansión demográfica, hacinamiento, desocupación transgeneracional, corruptelas estatales y planes sociales sesgados, disciplinadores e inconclusos. Llegamos los que pudimos a los 2000 y las fuerzas de seguridad que antes buscaban militantes y usurpadores de monoblocks de “La Carlos Gardel”, ahora simulan operativos antidrogas, mientras se dispersa el paco de manera implacable y eso excusa a los uniformados para primero matar y luego preguntar. El 2017 nos permite contemplar un Hospital Posadas parcheado que no da abasto, donde sometemos a nuestros hermanos más desprotegidos a la sistemática fila madrugadora, a los ascensores irreparables, a las cucarachas tapizando paredes, a internaciones en pasillos. Conciudadanos con patologías de alta complejidad, a los que se les administra medicación que requiere controles estrictos en un banco de plaza, cuando se requeriría para tal situación una terapia intensiva. Parte de un desastre cotidiano narrado por profesionales y pacientes resignados, algunos provenientes desde localidades lejanas, porque la realidad en sus hospitales locales es aún más horrorosa. Es así como los jueces Rosenkrantz, Highton y Rosatti, no sólo pasarán a la historia por dejar libre a un criminal de lesa humanidad, y sentar precedente para que otros violadores de derechos humanos gocen de beneficios que ellos mismos impidieron mediante el terrorismo de estado. Intentan sellar con tinta indeleble, con letra dura y paladar negro, lo que inició la dictadura fascinerosa, el desamparo y el abandono como parte del método para la vulneración de cualquier derecho humano básico como lo es la salud, son los que habilitan con el martillo de la ley la desesperanza que obnubila a un torturado, son parte del poder fáctico que no duda en comprimir falanges y apretar fuerte la pluma, lo que ayer fue el gatillo, para la destrucción de lazos comunitarios como estrategia más hábil para amputar transformaciones. Son muchos más que cortesanos que nunca pisaron el Hospital Posadas, y hoy pueden elegir un plan médico como menú a la carta. Sin embargo no son invencibles. (*) Médico Generalista. Casa de los niños de Avellaneda. Nacido en el Hospital Posadas. Edición: 3342    

────────────────────

Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla de infancia en Radio del Plata

In order to view RSCoolMp3Player you need Flash Player 9+ support!

Get Adobe Flash player

────────────────

Galería fotográfica

 

────────────────────

────────────────────

────────────────────

Pobreza

Según el Indec, el balance de un año de gestión de Macri dejó 13 millones de pobres.


Pobreza I

La ciudades más pobres del país son Santiago del Estero (44 %) y Concordia (43,6%) (Cifras Indec).


Docentes

Santiago del Estero exhibe los salarios más bajos del país. Le sigue Formosa.


Omar Cigarán

El juicio contra el policía Diego Walter Flores por el crimen de Omar Cigarán llega a la etapa de alegatos.


Florencia

Detuvieron al padrastro de la nena de 12 años abusada y asesinada en San Luis.


Megaminería

Hubo otro derrame en la mina Veladero, de San Juan y la megaminería sigue envenenando la tierra y el agua.


────────────────────

────────────────────

Hechos en imágenes

────────────────────

Libros de APE

Revistas de APE