Los esclavistas del tercer milenio
Publicado: Lunes, 16 Julio 2018 12:44
Los esclavistas del tercer milenio

Por Carlos del Frade (APe).- -Hay jóvenes esclavizados por el delito y la violencia – dijo en el aniversario 202 de la primera declaración de la independencia argentina, la intendenta rosarina, Mónica Fein. Una frase valiente y espesa. Muy espesa. De la dimensión que expresan las últimas cuatro décadas de historia que pasaron como un tsunami invisible del hermoso Paraná pero cuyas consecuencias, justamente, se observan en los barrios de la ex ciudad obrera, portuaria y ferroviaria. Pero que se miran, especialmente, en las noticias que pueblan los amaneceres y en las que se distinguen los cuerpos de las chicas y los chicos que son arrancados muy antes de tiempo de esta aventura cósmica maravillosa y extremadamente corta que es la vida. -Hay jóvenes esclavizados por el delito y la violencia – sostiene la intendenta y obliga a preguntar por los amos o señores feudales del tercer milenio que esclavizan y ganan mucho dinero con el delito y la violencia. A principios del año 2000, un ex oficial de la entonces brigada de Drogas Peligrosas de la policía rosarina, hablaba de dos mil muchachos que trabajaban para el narcotráfico en Rosario. Casi dos décadas después ya no hay datos oficiales sobre la cantidad de chicas y chicos que encuentran trabajo en algunos de los últimos eslabones de la cadena de la comercialización del negocio capitalista. En la justicia federal, no hace mucho tiempo, hubo un fallo que hablaba de la situación semejante a la esclavitud que soportaban un grupo de pibes en uno de los puestos de venta de estupefacientes en la zona norte de la ciudad. Esclavismo del tercer milenio. Chicos esclavos que ahora aparecen en las noticias policiales pero que son la consecuencia de la impunidad que gozan sus explotadores, sus amos, sus señores feudales. El Observatorio de Convivencia y Seguridad del municipio, informa que de las 500 personas que ingresaron baleadas al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez en 2017, más de la mitad tiene entre 15 y 24 años. Ciento doce víctimas fatales menores de 35 años, el 69 por ciento del total y de esos asesinatos, el 79 por ciento se cometieron con armas de fuego, otro de los grandes negocios del sistema absolutamente democratizado. Que las pibas y los pibes sean independientes, 202 años después de la declaración de la casita de Tucumán, supone ir en contra de los esclavistas del siglo veintiuno. Gente que no pisa ni los barrios ni los pasillos húmedos de las comisarías ni tampoco transitan los interiores de los tribunales. -Hay jóvenes esclavizados por el delito y la violencia – afirmó la doctora Mónica Fein, mientras ellos y ellas, esos jóvenes de los que habla ni se habrán enterado de su preocupación. ¿Cómo serán los días de esas chicas y esos chicos esclavizados en una de las ciudades más importantes de Sudamérica?. Hay otros funcionarios que, por las mismas latitudes, eligen pedir juicios sumarísimos para menores de dieciocho años, posando de fieles intérpretes de la mano dura, aquella glorificada por la demagogia punitivista. Los que esclavizan a los jóvenes en los barrios de las grandes ciudades argentinas gozan de buena salud. Las cámaras televisivas o las de los teléfonos celulares no muestran sus caras ni hay cadenas que denuncien sus nombres. Son los que en fechas como el 9 de julio celebran ser los empresarios de la dependencia, los señores feudales del tercer milenio. Edición: 3657  

Llorar como un hombre
Publicado: Viernes, 13 Julio 2018 13:19
Llorar como un hombre

Por Alfredo Grande “Dedicado a las mujeres, madres coraje, que luchan contra los asesinatos denominados gatillo fácil” (APe).- Uno de los mandatos de la cultura represora es que los hombres no deben llorar. Esta prohibición asocia llanto con debilidad, con falta de virilidad, con flojera. Por eso decir “hombre” no es solamente un genérico que abarca hombres y mujeres. Hombre en el marco de la cultura represora es una máquina de producir, de rivalizar, de sobresalir, de triunfar y de destruir. Los hombres no deben llorar pero los hombres si deben hacer llorar. No solamente a las mujeres, a las niños y niños, sino a otros hombrecitos que no clasifican en el mundial de las bestias. Parafraseando estos mandatos, en un recital Chavela Vargas al despedirse del público que la ovacionaba dijo: “no lloro porque soy muy mujer”.virilidad, con flojera. Un hombre que llora es marica. Tiernito. Este mandato abre todo un debate de cómo la cultura represora y uno de sus constructos más reaccionarios, el patriarcado, subjetiva y condiciona las conductas masculinas. El mismo fundante se expresa en otro mandato. Cuando estaba instalada la idea (¿estaba?) de que en el servicio militar obligatorio los jóvenes “se iban a hacer hombres”. Gracias al coraje y a la inteligencia de Eduardo Pimental esa atrocidad pudo ser interpelada allá por el año 1982. Ver a un hombre llorar conmociona porque no está en las expectativas culturales de occidente. Es más: hasta Cavallo lloró con lágrimas de cocodrilo de mercado. De hecho y de deseo, estoy escribiendo sobre el llanto de los hombres. Porque estoy conmovido. Aunque no solamente. También indignado, lleno de bronca, de odio, de ira, de la sana rabia ante la injusticia, la impunidad y la ignominia. La triple i de los tiempos de las guerras apenas enmascaradas en los planes de ajuste y exterminio. El Fondo Monetario Internacional es el diablo. Como sabemos, diablo es otro de los nombres de dios cuando decide propiciar y tolerar lo horrendo. El doctor Fausto hizo un pacto con el diablo. Así le fue, porque cuando vendemos nuestra alma, no hay precio, y mucho menos cuidado, para recuperarla. Pero al menos fue un pacto por amor. Este pacto con el Fondo es para sembrar terror. Pacto perverso, pacto mafioso, pacto criminal. Y la condición fundante de ese pacto es el compromiso de amplificar nuevas campañas del desierto, para exterminar a mujeres, hombres, niñas y niños, que están en esos desiertos de la posmodernidad que algunos llaman conurbano, barrios, periferias, villas. Pero ya no con ejército con rifles y bayonetas. Ni siquiera generales, coroneles y capitales que enardezcan a la soldadesca sedienta de sangre de gauchos. Apenas son los CEOS cobardes que desde su zona de confort, son los docentes de los verdugos que cortan el gas, que cortan la electricidad, que no construyen escuelas, que cierran hospitales, agencias de noticias, institutos de tecnología. Los CEOS TERMINATOR de última generación con rostro humano pero robotizado con una sola misión: asesinar a la humanidad sobrante. Entonces, como la víscera menos sensible es el cerebro, trabajadores de metrogás cortan el gas a una cooperativa de trabajo que fabrica garrafas. Y los exterminan a puro tarifazo. Los CEOS TERMINATOR cumplen el plan para el que fueron entrenados. Los trabajadores que lo ejecutan son cómplices. Hasta en los códigos de guerra no hay obligación de cumplir órdenes injustas. Eso lo aprendí de mis amigos del Centro de Militares para la Democracia (CEMIDA). Coronel García, Ballester, Perlinger y tantos otros que fueron perseguidos, incluso bombardeados. Pero estos trabajadores que cortan gas y electricidad, forman parte del pacto perverso con el diablo. Y entonces, desayunando en mi humilde departamento de Constitución, maldiciendo porque el ascensor decidió no ascender ni descender más, veo a un hombre llorando. Porque su cooperativa ha sido castigada, multada, asesinada, con el napalm del tarifazo eléctrico y de gas. Apenas pueden retirar como excedente $12.000. Lo demás va a la cooperativa. Y ese cooperativista, que debe tener una edad parecida a la mía, al menos seguro pertenece a la misma generación, lloró. Y en ese llanto fue poeta, fue mártir, fue combatiente, fue el héroe colectivo que nuestro Oesterheld había anticipado. Y pensé: y yo me irrito por un ascensor que pasó a mejor vida, aunque desconozco si hay un paraíso para los ascensores. Pero de lo que estoy seguro, es que hay un Valhalla para los que mueren en la batalla. En la diaria batalla contra todas las formas de la cultura represora. La historia se repite, pero no en forma circular. Mas bien como elipse, al igual que las órbitas de los planetas. Y en esas vueltas, ritornelos, todo pasado no sólo no fue mejor, sino que fue tan malo como este presente lleno de mandatos constitucionales. No podemos esperar al 2019. No podemos permitir que la constitución nacional siga siendo la cueva de ladrones y asesinos. No podemos tolerar que los 4 años de mandato constitucional sean una licencia, renovable o no, para asesinar, para el sufrimiento, para la tristeza, para el renovado dolor de cada mañana. No seré cómplice de ningún pacto con el diablo, sea el Fondo Monetario Internacional o la Constitución Nacional. Un poeta, Celedonio Flores, lo dijo con la claridad de los sabios y los honestos. Autor de uno de los pocos, no tan pocos en verdad, pero si ocultos, tangos de protesta: “Él sabe que tiene para largo rato, la sentencia en fija lo va a hacer sonar, así -entre cabrero, sumiso y amargo- la luz de la aurora lo va a saludar. Quisiera que alguno pudiera escucharlo en esa elocuencia que las penas dan, y ver si es humano querer condenarlo por haber robado... ¡un cacho de pan!... Sus pibes no lloran por llorar, ni piden masitas, ni chiches, ni dulces... ¡Señor!... Sus pibes se mueren de frío y lloran, hambrientos de pan... La abuela se queja de dolor, doliente reproche que ofende a su hombría. También su mujer, escuálida y flaca, con una mirada toda la tragedia le ha dado a entender. ¿Trabajar?... ¿En dónde?... Extender la mano pidiendo al que pasa limosna, ¿por qué? Recibir la afrenta de un ¡perdone, hermano! Él, que es fuerte y tiene valor y altivez. Se durmieron todos, cachó la barreta, se puso la gorra resuelto a robar... ¡Un vidrio, unos gritos! ¡Auxilio!... ¡Carreras!... Un hombre que llora y un cacho de pan” El tango PAN cuenta la historia, triste historia, de un hombre que llora por un cacho de pan. De impotencia, de desesperación, del dolor insoportable de no poder proteger y amparar a los que ama. También por la culpa de la víctima, mientras el victimario niega su culpabilidad. Me olvido del ascensor, pero no me olvidaré nunca que hay que ser muy hombre para poder llorar. Edición: 3655  

Melany
Publicado: Miércoles, 11 Julio 2018 15:28
Melany

Por Claudia Rafael (APe).- “Cuando se aburra de joder ya va a volver. No se preocupe”, le dijeron a Graciela Alderete 14 años atrás cuando fue a denunciar a la comisaría segunda de Olavarría la desaparición de su hijo de 17 años. Hay quienes logran interponer una denuncia, quienes son espantados virulentamente con frases como ésa, quienes encuentran a su hijo o a su hija con vida y quienes algún día se topan con unos huesitos en una caja de jabón de lavar la ropa, como le pasó a Graciela. Melany Aguiar fue encontrada. Melina Romero también. Melany con vida. Melina estragada, como Natalia Melmann, como María Soledad Morales, como Lola Chomnalez, como Angeles Rawson, como Magalí Giangreco, como Lucía Pérez, como Cristian Medina y tantas otras y otros. Hace 14 años Graciela intentaba denodadamente denunciar la desaparición de su hijo. Catorce años más tarde reivindica su identidad sexual y porta una pancarta con el nombre con que lo parió, Germán Esteban Navarro, pero –aclara- era Mara en verdad. Mara que se sentía y sabía mujer más allá de sus genitales. Y por eso, la policía se reía y le insistía “cuando se aburra de joder ya va a volver”. Por eso, porque era pobre, travesti, adolescente, marginal, vendía su sexo, ni los policías, ni el fiscal, ni el poder político ni los medios, ni los ministros promesantes eran capaces de mirarla a los ojos y actuar. Porque demasiadas veces las víctimas son víctimas pero lo son, a ojos de instituciones y de la sociedad bien, a medias. En definitiva, “se la buscan”. O son víctimas hasta que aparecen vivas. O hasta que aparecen muertas. Melany Aguiar apareció con vida. Pero los macarras de la moral, ahora que apareció viva, se regodean advirtiendo que quién sabe qué hizo y con quién durante los días en que se la buscó. Hay extraños mecanismos perversos instalados en la sociedad que caracterizan y catalogan en distintos estantes. Acá las víctimas inocentes. Acá las víctimas que se la buscaron. Acá las víctimas que, por pertenencia de clase, son víctimas víctimas. Y más allá, las víctimas que, por pertenencia de clase, son semi-víctimas. O, perdieron esa categoría en el camino para nunca más volver a portarla. Porque los discursos sociales justificatorios necesitarán establecer un parámetro que indique que hay quien merece compasión (en el sentido etimológico más hondo, aquel que habla de padecer junto al otro) y quien no. Porque hay quien –a ojos de la cultura represora, de la que tanto habla Alfredo Grande- intenta usurpar el lugar de la víctima sin serlo. Entonces, si Melany Aguiar fue hallada con vida, deberá cargar sobre su espalda con la insoportable cruz de la supervivencia. Y habrá que justificar esa aparición con los imprescindibles castigos. Aquellos que expulsan, no ya del paraíso que no existe, sino del prolijo, pulcro, virginal e inmaculado estante de las víctimas. Y aunque las separe el hilo de la vida y la muerte, quedará ubicada para ese modelo y sus voceros sistemáticos, en el mismo anaquel en que se la arrojó e hizo arder en las llamas de la brutal inquisición a Melina Romero, aquella “fanática de los boliches que abandonó la secundaria”, como supo estigmatizar Clarín. Edición: 3653

Maite
Publicado: Viernes, 06 Julio 2018 15:06
Maite

Por Carlos del Frade (APe).- -Yo estaba tomando mates a las 2 de la mañana. Maite estaba en la casa de su madrina, pero como lloraba la madrina la trajo de vuelta a casa. La hice dormir y la acosté en el sillón de mi casa. Se escucharon más de quince disparos y nos tiramos todos al suelo. Cuando levanté la cabeza vi que las otras nenas seguían durmiendo, pero Maite tenía un balazo en la cara, se le salió la cabeza. Entonces la llevamos rápido al hospital Alberdi…Una hora antes se había tiroteado a la vuelta de casa y ayer se habían tiroteado en la esquina de Cavia y Larrechea… Esto es así. Donde hay una esquina, un pasillo o lo que fuese que les conviene, que tenga lugar, ellos (los narcos) se tirotean hasta que salgas para después ocupar la casa y poner un búnker de drogas…La policía arregla todo. Cuando se tirotean las bandas, la zona está liberada. El testimonio corresponde a Damaris, la mamá de Maite que en la madrugada del miércoles 4 de julio de 2018 murió como consecuencia de uno de los tantos balazos que cruzan la zona norte de Rosario, la ex ciudad obrera. Los dichos de Damaris al diario La Capital son similares a cientos de madres que lloran el ilógico viaje hacia la pampa de arriba de chiquitas y chiquitos que muy antes de tiempo son tragados por la violencia vinculada a los dos grandes negocios del sistema, narcotráfico y contrabando de armas. Pero no se trata de un castigo de dioses locos, la mala suerte que vierten desde cielos metafísicos algunos taberneros cósmicos. Lo dice Damaris, lo pueden sostener cientos de mamás estragadas por el dolor que produce el asesinato de su hija o hijo. “…Se tirotean hasta que salgas para después ocupar la casa y poner un bunker de drogas…la policía arregla todo. Cuando se tirotean las bandas, la zona está liberada”, apunta la mamá de Maite que tenía solamente cinco años. “…la policía arregla todo”. “…la zona está liberada”. El dolor es consecuencia del negocio paraestatal que se recicla con los permanentes nichos de corrupción de los gobiernos que son las policías provinciales de los principales cinco estados argentinos: Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y Mendoza. No hay tranquilidad ni seguridad para ir y volver del trabajo, para ir y volver de estudiar, para descansar o pasear porque los que deben cuidar forman parte del negocio ilegal. Maite no había empezado la primaria y creía que la dulzura de un alfajor de chocolate duraría mucho tiempo. No hay fatalidad. Es consecuencia de la presencia del estado corrupto. No hay castigo divino. Hay continuidad de negocios ilegales permitidos por aquellos que deben proteger la legalidad de las cosas que suceden en las calles de las grandes ciudades de la Argentina, ese país que creció con la convicción de que las chicas y los chicos eran los únicos privilegiados. Hoy los únicos privilegiados son los negocios del capitalismo, entre ellos, el narcotráfico y el contrabando de armas. Por eso chiquitas como Maite, de cinco años, terminan asesinadas mientras continúan invictas las tramas de impunidad que multiplican las zonas liberadas por las ex ciudades obreras. -Ella estaba durmiendo en el sillón cuando se escucharon quince disparos – recordó la mamá de Maite. ¿Con qué estaría soñando Maite, la nena de cinco años que todavía no había empezado la primaria y que quizás imaginaba que el sabor de un alfajor de chocolate sería la permanente sensación de la vida?. Pregunta estúpida de un cronista desubicado que, mientras tanto, observa la permanente reestructuración de los negocios ilegales del capitalismo. Esos negocios que se tragan la vida de chiquitas como Maite. Edición: 3651  

¿La palabra es amenaza?
Publicado: Jueves, 05 Julio 2018 22:00
¿La palabra es amenaza?

Por Silvana Melo Fotos: Claudia Rafael     (APe).- ¿Ante qué peligro se escudan las armas del estado en la marcha de pocas cuadras de los trabajadores de prensa? ¿A qué enemigo vigilan desde atrás con unidades y vehículos blindados? ¿A quién le temen el Gobierno de la Ciudad y el Gobierno de la Nación? ¿A quiénes? ¿Qué amenaza son los periodistas despedidos de los medios públicos, de los medios privados, de los medios vaciados? ¿Qué amenaza, como para instalar carros hidrantes donde otros instalan la palabra? ¿Qué amenaza es la palabra como para cesantear tres mil trabajadores con el argumento ya ajado y extemporáneo de la herencia? ¿Tan peligrosa es la prensa silenciada como para desplegar bomberos, unidades antidisturbios, carros hidrantes y 4x4? ¿Tan peligrosa sin machetes ni cascos ni chalecos antibala ni escudos? ¿Tan peligrosa, apenas con la mordaza y la palabra al aire, desnuda, sin armadura ni uniforme ni fierros al costado? ¿Tan peligrosa, apenas con una cámara, congelando imágenes, desabrigando la miseria del poder, libre y no farsa? ¿Tan peligrosa la que es libre y no farsa? ¿Tan peligrosa será por cesanteada? ¿Qué les pasa a esos tipos y tipas, en hilera sinfín de escudos y gesto fiero, mientras pasan los trabajadores de prensa? ¿Qué había que hacer para que se les disparara el represor de la nuca y pusieran el pie adelante y el arma a punto? ¿Son trabajadores esos tipos y tipas? ¿Disfrutan de estar acechando la ruta de los desempleados, los desalojos de los que dormirán en la calle, los baldíos tomados por los que no tienen donde caerse muertos, las marchas de los despedidos? ¿Trabajan de reprimir a las víctimas cuando la Justicia las vuelve a golpear? ¿No es eso lo que les dijo Laura, la madre de Natalia Melmann? ¿Trabajan de ser la amenaza de la gente que sufre? ¿Trabajan de ser mordaza? ¿Son la mano que cumple la orden de cerrar las bocas, de hacer el silencio, de convencer a gases y golpes de que es salud el silencio? ¿Qué silencio? ¿El de este grito? ¿El de la palabra que atraviesa la piel del privilegio y el cuero de los poderes? ¿Eso creen? ¿Eso creen? Mientras en la calle salta la verdad. Edición: 3649  

Pitty Alvarez y las sombras de la muerte
Publicado: Viernes, 13 Julio 2018 17:50
Pitty Alvarez y las sombras de la muerte

Por Bernardo Penoucos        (APe).- Cristian Pitty Álvarez tenía la muerte dándole sombra hacia años, muchísimos años. Lo escribió en canciones, lo dijo en entrevistas y lo expresó infinidad de veces mirando el lente de una cámara de televisión, habló del suicidio y del profundo deseo de irse, muy lejos, de este mundo. La ayuda no llegó o si llegó no sirvió y entonces la sombra se hizo muerte y el arma disparó. No llegó el amor para pelearle a la violencia y no alcanzó el amor para iluminar la sombra. Me la paso tratando de poder zafar, busco estar bien y consigo estar mal, cantaba Cristian Álvarez en cada uno de sus recitales a los que, masivamente, concurrió más de una generación. Cristian Álvarez, oriundo de Lugano y con una historia de vida similar a las de tantos pibes del barrio, fundó Viejas Locas allá por la década del 90. Su banda, junto a muchas otras, vino a proponer una pertenencia artística distinta para cientos de miles de pibes que se sentían traicionados por cualquier otro tipo de representación. Eran los pibes de clase trabajadora y también de clase media, era la generación del 90, esa generación que creció entre privatizaciones, represiones de la policía, cultura de plástico y sociedad de consumo. Viejas Locas, como tantas otras bandas, vino a discutir ese acartonamiento, vino a sacudir lo inamovible y en ese sacudón propuso, casi sin querer, una nueva forma de participación social que, en cada recital, hacía memoria recordando a Walter Bulacio, ese joven asesinado por la policía en un recital de Los Redondos o rechazaba la impunidad que el Menemismo le había cedido generosamente a los responsables del último golpe cívico-militar con la obediencia debida y el punto final. El rock nacional, en la década del 90, pudo generar un espacio de convocatoria y participación, de crítica y de encuentro cuando, todo alrededor, se iba cayendo pedazo a pedazo, ilusión a ilusión. “Lo artesanal”, como otra forma válida de convivencia que le discuta a lo establecido y a la sociedad industrializada, ”Homero” recuperando el relato de la explotación de un trabajador que regresa triste y sin ningún tipo de reconocimiento a su barrio en el que lo esperan sus hijos , la reivindicación de la amistad en “Todo sigue igual” o la necesidad de que el amor regrese después de tanta violencia en “Una piba como vos”, fueron algunas de las tantas temáticas a las que Viejas Locas le puso melodía y letra, una letra llana, simple, sin la utilización de metáforas exageradas pero que iba al hueso, hablando el lenguaje del trabajador común, del pibe de barrio, del que, ingresando en esa música, lograba romper el sentido utilitario de la vida cotidiana y lograba escapar, al menos por dos horas, de la rutina obligada y extenuante. El final de la década del 90 fue el inicio de sus consecuencias. La desocupación y la pobreza arrastraron a millones de argentinos, el hambre, la exclusión social y la crisis de representación política formaron parte de un paisaje desolador, de un horizonte devastado que prometía un cielo cada vez más encapotado. Cristian Álvarez dejó Viejas Locas y se re-inventó en otra banda, su actual banda, “Intoxicados”. La metáfora del nombre no deja tantas dudas para la interpretación. La intoxicación ganó terreno con el comienzo del siglo 21: la intoxicación de desconfianza y la intoxicación de desesperanza, la intoxicación de ausencia de porvenires y la intoxicación de drogas que llegaban para quedarse y llegaban para matar, como ha sido y sigue siendo el caso de la pasta base, esos restos de cocaína y veneno que van comiendo todo tipo de latido. En la jerga barrial y también en el lunfardo carcelario, a los que cocinan y venden la pasta base se los denomina como “arruina pibes” y a los pibes que han caído en la desahuciada pipa de base se los denomina como “zombis”. Droga de descarte y droga barata que llegó para ir quebrando, paso a paso, subjetividades por doquier. Cristian Álvarez conoció ese descarte y el aluminio se le pegó en el alma. Cantó sus nuevas canciones en Intoxicados y allí pidió ayuda, allí cantó la desesperación de aquel que, sino tiene su pipa, se siente morir o se siente, aún vivo, igual que muerto. Desde que Cristian Álvarez comenzó a sufrir visiblemente los efectos del paco se transformó- ¿lo transformaron?- en un buen producto televisivo, en una mercancía más de las tantas que se mediatizan y comercializan, sea un champú o sea un ser humano. La incoherencia, el abandono y el consumo de un cuerpo parece que en estos tiempos vende mucho más que una canción o que un pedido desesperado de ayuda. Cristian Álvarez tenía la muerte dándole sombra hacia años, muchísimos años. Lo escribió en canciones, lo dijo en entrevistas y lo expresó infinidad de veces mirando el lente de una cámara de televisión, habló del suicidio y del profundo deseo de irse, muy lejos, de este mundo. La ayuda no llegó o si llegó no sirvió y entonces la sombra se hizo muerte y el arma disparó. No llegó el amor para pelearle a la violencia y no alcanzó el amor para iluminar la sombra. Los medios, amparados por esa legitimidad moral que los arropa, irán al barrio a juntar pipas y jeringas para explicarnos, nuevamente, cómo viven las bestias en los bordes de la civilización. Y muchos y muchas, nuevamente, comprarán una reflexión masticada por otros que no somos nosotros. Edición: 3656  

Justina y Brisa
Publicado: Jueves, 12 Julio 2018 15:34
Justina y Brisa

Por Silvana Melo    (APe).- Las victorias suelen cimentarse sobre la tragedia. Y la verdad se oficializa en leyes y se legitima en las calles a partir de la muerte. Demasiadas veces fueron niñas y niños los que asumieron el sacrificio. Y parieron leyes con su nombre. La muerte de Justina y la marca a fuego de Brisa gestaron dos derechos incontestables. Pero ciertas hectáreas de la naturaleza humana suelen renegar de la empatía con el dolor. El planteo militante de negarse a la donación de órganos como si la letra legal dispusiera una carnicería en cualquier esquina, impone la infamia más pura ante cualquier argumento científico o de rodaje medianamente sensible. La resistencia a la reparación económica de los niños huérfanos del femicidio suele tener fundamentos que cuestionan la elección de las mujeres asesinadas. Y la supuesta financiación del resultado de parejas erróneas por parte del estado. Que asumen los mismos contribuyentes a los que se obliga, vivos, a inmolar sus órganos en la feria. Brisa tenía dos años cuando su madre murió víctima del femicida que también era su padre. Brisa es brutalmente huérfana. Hija de aquel padre que primero asesinó a su madre y luego denunció que se había fugado con un amante. Hija de una madre martirizada y de un padre femicida. Brisa es uno de los 3300 niños huérfanos de los últimos nueve años. Mutilados de padre y madre. Con un porvenir marcado por la tragedia de la dominación, por el ejercicio de la apropiación hasta la misma sangre, por la imposibilidad de destejer el amor y el desamor. Y que aparezcan parte de la misma herida. El rechazo a la ley que dispone que un cuerpo baldío y apagado puede distribuir sus órganos y volver a vivir en otros, convierte el sortilegio de un hecho científico en un patrón de la ruindad. En un flaco paradigma de la condición humana. Justina tenía doce años y murió en la lista de espera del Incucai. Antes de que un corazón volara desde un cuerpo baldío hacia el suyo, vivo y en agonía desesperada. En el transcurso de su padecimiento murieron centenares. Miles. De accidentes, de enfermedades, de vejez, de juventud, de violencia, de injusticia. Pero ningún corazón voló hacia ella. La ley que determina que todo aquel que no aclaró lo contrario en vida es donante en la muerte, fue escrita por el cuerpo de Justina. Una piba hermosa que les pidió a sus padres que lucharan por otros como ella. Para que hubiera corazones que volaran y, como pájaros, anidaran en otros pechos vacíos. Para que la muerte fuera menos muerte, para poder vencerla más, mucho más que ahora. A pesar de los ejércitos que vomitan sentencias en las redes sociales y en las esquinas del mundo. Esos mismos que defienden vaya a saber qué vidas. Mientras los niños tienen que perseguir un futuro anémico para ser visibles. O morirse para ofrendar una ley con su nombre. Edición: 3654  

Ocho millones de niños
Publicado: Martes, 10 Julio 2018 14:42
Ocho millones de niños

Por Silvana Melo        (APe).- Fuera de toda agenda, ocho millones de niños se asoman a las vidrieras del orden establecido. Donde las estéticas ministeriales definen los rumbos de las vidas dentro de vidriadas oficinas con calefacción central. Ocho millones de pibes del invierno pleno, cuando hiela en Humahuaca y en Trelew, cuando se anda en patas en Orán y en Lomas del Mirador. Entre ellos, unos 6.600 pasan hambre en Bariloche (*). Tierra donde el frío es parte de la fiesta donde se organiza la fiesta y es parte de la tragedia donde el calor es inalcanzable. Desde la piel y desde la panza. Una tierra de chocolate, perfilada para que una parte la mire de afuera. Porque los niños con hambre de Bariloche no son excluidos: son incluidos en el espacio asignado por el orden establecido a la chatarra no redituable. La Universidad Católica, cuyo Observatorio de la Deuda Social ha sido evangelizador y palabra sacra durante años, determinó con poca prensa que entre 2016 y 2017 las privaciones infantiles crecieron un 2,1%. Es decir: pasaron del 60,4 % al 62,5%. Y en el último trimestre del año anterior se profundizaron hasta el 65%. Son 8.255.000 los niños a los que les falta casi todo aquello que formaliza el diseño de un futuro con pretensiones venturosas: alimento nutritivo, agua buena, aire sano, acceso a contenidos, a tecnología, a información, abrigo, zapatillas con las que pueda correr desesperadamente al destino. Para alcanzarlo y torcerlo, como a una ramita rabdomante. Un 10% de ellos pasa hambre. El 5% está subalimentado. Casi un millón y medio de chicos atacados por la criminalidad del hambre. Ajenos al dólar que pisa los 30 pesos, a la nafta que en el interior anda por los 40, a las letes que reemplazan a las lebacs, a la obscenidad dirigencial, a un estado timoneado por millonarios en dólares, empresarios, sojeros y envenenadores seriales de la tierra y el aire. Los niños sólo carecen. De calor porque es el invierno pleno de estos días. Porque si conservan el privilegio de tener gas, agua potable o electricidad jamás podrán pagarla. Si no la tienen, la clandestinidad del cuelgue, el brasero o el agua del pozo o del río o de la manguera que arrastra la canilla pública es vecina de la enfermedad y de la muerte. En Bariloche, esperanza de nieve rentable, banquete privilegiado del frío, en el Alto o en el Frutillar hay hambre sin chocolate. Hay frío sin trineo ni snowboard. Hay niños que juntan en el vertedero los desechos de la juerga. Mientras los millonarios en dólares, los empresarios, los sojeros y los envenenadores seriales de la tierra y el aire deciden, como en un juego de mesa, qué fichas quedan adentro y cuáles caen, al afuera de todo sistema. A la nada donde nunca hay una remera o unos zapatos para estrenar. Ni un calefactor para quemarse el trasero en un ritual atávico. Ni un cumpleaños con pelotero. Sólo una multitud anónima e invisible de ocho millones y pico que un día crecerá. Con demasiadas deudas a cobrar. (*) Instituto Interdisciplinario de Estudios sobre Territorio, Economía y Sociedad (CIETES) de la Universidad Nacional de Río Negro, investigación a pedido del Movimiento de Infancia de Bariloche. Edición: 3652  

El santo de la estafa
Publicado: Viernes, 06 Julio 2018 13:26
El santo de la estafa

Por Alfredo Grande (APe).- No dividen para reinar. Reinan porque estamos divididos. Y más que divididos, estamos escindidos. O sea: nos unimos en lo formal y nos enfrentamos en lo fundante. La contradicción principal no se juega en las externas e internas de los partidos políticos. Incluso algunos partidos políticos necesitan sostener aquello que combaten, para no perder algunas de las razones de su vida. Parasitaria vida siempre esperando las miguitas y migajas del poder. La última vez que la fundante pasó a la superficie fue en los combativos 70, cuando el enfrentamiento entre dos patrias, la peronista y la socialista, se convirtió en incompatible. La cultura represora respondió primero con la Alianza Anticomunista Argentina, la triple A y luego con el Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura genocida. Si con buen criterio hablamos de dictadura militar, empresarial, clerical… ¿No podemos resignificar al 24 de marzo de 1976 como el comienzo de la guerra civil? Como la española, los ejércitos fascistas y el pueblo domado por las catedrales del odio y la intolerancia. Del otro, los combatientes por las diferentes formas de república que puedan ser pensadas. Es una analogía, no una identidad. Pero pensar en una guerra civil con su brazo ejecutor militar, es, a mi criterio, entender que no solamente hubo derrota, no solamente hubo fracaso, sino que además perdimos la guerra. Y que el pueblo derrotado sigue pagando el precio, en forma literal, de esa derrota. Estamos indemnizando a nuestros vencedores. Esa indemnización tiene diferentes nombres: ajuste, despidos, trabajo precario, flexibilización laboral, exterminio de jubilados, pensionados, tarifazos. Pero son nada menos y nada más que indemnizaciones. Deuda interna con la que pagamos la deuda externa que no supimos conseguir, pero que aceptamos tolerar. Desde hace décadas, los retroprogresistas, más de derecha, más de izquierda, más de centro, han denostado a las izquierdas clasistas. Vilma Ripoll mencionó hace ya tiempo el “test de la deuda externa” como divisoria de aguas. ¿Se paga o no se paga? El default del Adolfo fue aplaudido. La salida del default también fue aplaudida. Tenemos la costumbre de aplaudir. De la Rúa, mezcla de presidente y asesino autista, dijo: “hay que honrar la deuda”. Y ésa es la trampa. Denominar “deuda” lo que ha sido y es, una estafa. Una colosal estafa que da cuenta del mecanismo indemnizatorio que, al decir de Galeano, mantiene abiertas las venas de América latina. Y las arterias. Y cada músculo, cada hueso, cada víscera de nuestros cuerpos. Porque la estafa se paga con sangre. Nuestra. Pero la división, la escisión nos vence. Y hago palanca en los versos del Martin Fierro. No cuando dice: “los hermanos sean unidos, esa es la ley primera”. No lo lamento, pero voy a disentir con el gaucho. “Tengan unión verdadera, en cualquier tiempo que sea”. La ley primera es la “unión verdadera”. Y dice unión, y no dice unidad. Y dice verdadera, no dice de forma. Habla de la verdad, no de la pos verdad. Unión fundante. Unión de clase. No habrá unión verdadera mientras los sermones de la unidad sigan bloqueando el fundamento clasista de la unión verdadera. Y una forma de construir unidad verdadera es la unión entre aquello que la cultura represora escinde, divide, separa, y que nuestra memoria histórica no siempre recupera. “Laura Calampuca, mujer ardiente de dolores anclados para todas las eternidades posibles, se planta ante el ejército policial del Estado bonaerense. Ella, que podría ser la madre de muchos porque Natalia tendría hoy 32 años, los enfrenta solita. Apenas minutos después de que los jueces unánimemente decidieron absolver al ex sargento Ricardo Panadero, todavía libre 17 años más tarde del estrago de la niña de Miramar. Laura no tiene miedo. Ya perdió todo. Tiene el abrazo de otras madres que saben como ella lo que es desangrarse por dentro y seguirla peleando. Desde esa terriblemente luminosa oscuridad”. Texto de Claudia Rafael que prueba que no hay mejor astilla que la del mismo palo. La unión verdadera nos lleva a recuperar las batallas de lo que pienso como guerra civil. “En el corte de ruta de mayo 2000 la policía armada acabo con dos chicos Orlando Justiniano y Matías Gómez, en noviembre con Anibal Verón, chófer de colectivo que le debían nueve meses de sueldo. En junio del 2001 De la Rúa mandó a fuerzas armadas de Gendarmería a reprimir a los desocupados.... Asesinaron a Oscar Barrios y Santillán. Entraron al pueblo e hirieron a mansalva a unos doscientos pobladores entre los que estaba Iván Dorado que quedó parapléjico. La UTD no sólo pelea por trabajo digno sino que denuncia penalmente la deforestación que provocó el alud del 2009, la contaminación que provoca la Panamerican Energy y otras tirando residuos tóxicos en los lechos de los ríos, provocando enfermedades y muertes”. No sé si Laura Calampuca y Pepino Fernandez se conocen. Pero son parte de la misma historia, de la misma guerra, de los mismos horrores. Mientras tanto, alguien que debería ser denunciado por mala praxis deportiva, está negociando una indemnización de 20 millones de dólares. Por un contrato firmado por sus cómplices. En tiempos de miseria laboral, de despidos masivos, esa negociación miserable convierte al director técnico de la patética figura, en el ícono necesario del Santo de la Estafa. Edición: 3650  

Niños marcados
Publicado: Miércoles, 04 Julio 2018 12:56
Niños marcados

Por Silvana Melo     (APe).- No es sólo la inseguridad alimentaria, el techo que cede, la policía que acecha y esa pertenencia a los márgenes que el destino inconmovible les clavó en los pies. También es el veneno. No es sólo el hambre, el paco, las nike truchas que excluyen o el celular que construye sentido e identidad pero al que no se accede. Y entonces no hay sentido ni identidad. También está el veneno. El plomo de Villa Inflamable y de la 21-24, el asbesto de la Villa 20, las cloacas que desembocan en los cursos de agua que van a las manos, a los pulmones, a la boca. El cianuro de los diques de cola de las auríferas, los insecticidas y los herbicidas que llueven en los sembrados pero también en las casas, en la ropa, en la piel y en los bronquios. Por eso, no es sólo el 50% de los niños que fatigan esta tierra, desde Jujuy a Tierra del Fuego, consolidados en una pobreza armada para ellos, donde el estado eligió que se domicilien. También es el 50% de los chicos sometidos a condiciones ambientales hostiles. Que coartan la capacidad de comprender, de luchar, de planificar una vida. De transformar un mundo que los recibió por la puerta de atrás.Los datos son del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, de la Universidad Católica Argentina (UCA): son objetos transparentes, vistos con un cristal insospechable de amenazar a los modelos de producción del capitalismo. El sociólogo Javier Auyero lo llama sufrimiento ambiental. En 2008 Inflamable disparó el célebre dictamen de la Corte que mandaba a alejar a la gente del Riachuelo y a expulsar las industrias que crecían como monstruos a su vera y vomitaban diariamente su excrecencia residual en el cauce muerto. Es que meses antes se habían conocido los análisis de los chicos de la Villa que se enciende pegadita al Polo Petroquímico de Dock Sud. La mitad tenía plomo en la sangre. El plomo se absorbe con generosidad desde la sangre y los huesos. Y los niños son los más permeables al ataque. En bajos niveles, reduce el coeficiente intelectual y la capacidad de atención, genera problemas de aprendizaje y de comportamiento, acorta la vista y reduce la audición. En altos niveles, daña el cerebro, el hígado y el sistema neurológico. Auyero describió el sufrimiento ambiental sobre el esfuerzo titánico de los chicos que no alcanzarían jamás -en sueños ni en calidad de futuro- a sus pares de la Caba. En un camino tortuoso, que les llenaron fatalmente de espinas. Años después, una toma de terrenos inhabitables en la Villa 20 dejaría visibles, a pesar de la persistencia encubridora del estado, dos tragedias: miles de personas sin casa tratando de construirse cuatro chapas y una bolsa sobre el mercurio, el cromo y el asbesto de un cementerio de autos. Hoy la Villa Olímpica les tapa la cara y les frena el drenaje del agua cuando llueve. El dictamen de la Corte engendró un aparato burocrático gobernado por quince municipios, la Provincia y la Nación. Corrió a unas cuantas familias de la orilla del Riachuelo pero el corazón del monstruo quedó intacto. Diez años después, el 25% de los chicos de la cuenca crece con plomo y se le plantarán a la vida con una fragilidad distante de la otra mitad, la que no está sojuzgada por la soberanía de la pobreza.Para Javier Auyero el sufrimiento ambiental es pariente inseparable de la pobreza. “Los pobres no respiran el mismo aire, no toman la misma agua, ni juegan en la misma tierra que los otros. Sus vidas no transcurren en un espacio indiferenciado sino en un ambiente, en un terreno usualmente contaminado que tiene consecuencias graves para su salud presente y para sus capacidades futuras”. Giselle, prisionera en una granja clandestina de Berazategui, respiraba y manipulaba con su piel los agrotóxicos que vio la maestra en sus manos, como cáscaras. Nicolás, José, Leila, Joan y tantos más murieron estragados por el veneno en el que se sustenta el modelo de producción. Como los niños de Gualeguaychú, los de San Salvador, los pájaros muertos que llueven en Arroyo Leyes, la mandarina letal que mató a Rocío, la masacre de cóndores en Malargüe o el maíz transgénico que se llevó a Olivia en el barrio San Antonio, al sur de Córdoba. Apenas tenía tres meses. El 58% de los niños que viven en medioambientes agresivos son hijos de trabajadores marginales. El 65% de los niños que lidian con los venenos pertenecen a “estratos sociales muy bajos”. El 76 % se hacinan en villas o asentamientos. El 51% vive en el conurbano. Sólo el 28 % en la Caba. Son datos de la UCA. Dice Auyero: “las etnografías de pobreza urbana y marginalidad en América Latina no han considerado (…) que las vidas de la gente pobre no se desarrollan sobre la cabeza de un alfiler. El suyo, por lo general, es un medio ambiente contaminado que afecta seriamente su salud presente y sus capacidades futuras, y acerca del cual los académicos, entre los cuales me incluyo, hemos mantenido un largo silencio”. Silencio roto a gritos a partir de la obscenidad sojera, de la imprevisibilidad de la transgénesis, de las consecuencias en los cuerpos, del plomo, el cadmio y el mercurio en el agua, en la tierra y en todas las orillas de la vida, de los basurales y los descartes industriales que vuelven descarte a la vida de los más frágiles. De las multitudes suburbiales que viven y mueren lejos, distinto, sin la tierra de los otros, sin el agua de los otros, sin el aire de los otros. Edición: 3646

────────────────────

Galería fotográfica

 

Reportajes

 

Alberto Morlachetti habla sobre pobreza con Reynaldo Sietecase. Era 2009

In order to view RSCoolMp3Player you need Flash Player 9+ support!

Get Adobe Flash player

────────────────

────────────────────

────────────────────

────────────────────

Apropiaciones

La Justicia Federal de La Plata confirmó la condena a 14 años de cárcel a la médica policial Nora Manacorda por apropiaciones de bebés durante la dictadura.


Crueldad

Murió una chica de 16 años en el hospital de Campana que había sido arrojada por dos hombres quienes la habrían drogado previamente.


Nena baleada

Maite, de 5 años, murió mientras dormía en su casa de un balazo que traspasó la pared de su cuarto, en Rosario. Habían disparado desde una moto que frenó en el lugar.


Ley Brisa

El Congreso aprobó la ley Brisa, para otorgar reparación económica a las hijas e hijas de mamás víctimas de femicidio.


Justina

A partir de la aprobación de la Ley Justina, todos seremos donantes de órganos, excepto para quienes dejen expresamente aclarada su negativa.


────────────────────

────────────────────

Hechos en imágenes

────────────────────

Libros de APE

Revistas de APE