Por Carlos del Frade

(APe).- Decenas y decenas de médicas y médicos generalistas se reunieron en Rosario para charlar sobre las experiencias concretas que comparten en los territorios de casi veinte provincias argentinas. En asamblea, con absoluto respeto y alegría militante, escucharon testimonios de gente sencilla que inventa bibliotecas populares, produce artesanías, defiende el idioma original qom, hace música y pelea, con estas armas, contra las bandas narcopoliciales. Una explícita y concreta postal de la historia política de la esperanza. Esa historia que sucede pero que los grandes medios imponen no mirar ni reparar en ella.

Las mujeres de “La Boca Resiste y Propone” sintetizaron sus doce años de lucha por un mejor lugar en el barrio oponiéndose a negocios inmobiliarios diciendo que fueron transformando la lucha y también cambiando sus propias existencias. Pero lograron construir un programa integral para el barrio con la participación de vecinas y vecinos. “Ganamos y perdimos…No somos los mismos…pero seguimos”, fue la simple y profunda definición de quienes insisten en generar esperanzas en medio de pesadillas aparentemente eternas.

Fabiana, representante del pueblo vilela, de Juan José Paso y Travesía, en el norte rosarino, describió las peleas cotidianas de su comunidad. “Ya no hay más caciques y durante el covid tuvimos que ayudar a muchas hermanas y muchos hermanos que no sabían leer y escribir y no entendían lo que decían algunos médicos que hablaban muy rápido y no se detenían en reparar si las personas captaban lo que decían…”. Eligió como objeto que sintetiza sus luchas cotidianas al algarrobo porque desde hace siglos la chaucha del árbol les da comida y sustento.

-Hay chicas y chicos en Rosario que perdieron su idioma…-dijo emocionado Ricardo López en relación a las infancias de los pueblos originarios. Sostuvo que la defensa de sus palabras hace a la autoestima y la identidad, no solamente individual, si no también colectiva. “Pero la memoria no se pierde. Está activa. Nosotros no desaparecimos como dicen algunos libros que hablan de los pueblos. Acá estamos”, finalizó.

Un electricista de Empalme Norte, también en la geografía rosarina, es uno de los que construye desde hace catorce años una biblioteca popular como un espacio de salud comunitaria. Talleres culturales que son capaces de sacar a la pibada del consumo problemático y darle un sentido de futuro. “Rescatar un niño de la calle es todo un logro”, se emociona Ricardo, el arreglador de cables y luces del barrio que, además, impulsa una biblioteca popular como sinónimo de una realidad mejor.

Uno de los muchachos que también colabora con la biblioteca dijo que “se cruzó con una guitarra” y eso lo llevó por otros caminos diferentes a los senderos que le marcaba la identidad de las violencias organizadas en los barrios. “Hay que ser auténticos porque si no se siente una pedantería que termina alejando a la gente”, remarcó.

Dana, de “La Hormigonera”, mostró su remera como símbolo de lo que hacen todos los días.

-Vamos improvisando nuestro presente para tener un futuro. Apostar al trabajo desde el conocimiento de cada una y también al baile y la alegría que muchas no pudieron disfrutar en su momento. Ir a una plaza. Recuperar una canchita. Preguntarnos qué nos gusta y terminar la escuela. Las pibas y los pibes hicieron que “La hormigonera” siga adelante – resumió Dana.

Mientras tanto, médicas y médicos generalistas aportaban su pelea cotidiana. Son testigos de bebés que ya muestran indicios en la sangre de la presencia de restos de cocaína y otras tantas imágenes de lo que enfrentan.

Pero allí estaban.

Capaces de escuchar como la identidad, las palabras, los sueños y las juntadas son todas herramientas de una realidad mucho más sana, mucho más justa.

Fuente: Encuentro de médicos generalistas, “La Toma”, Rosario, sábado 15 de abril de 2022. Entrevistas del autor de esta nota.


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