Por Alfredo Grande

(APe).- Las estadísticas pertenecen al mundo mágico de lo abstracto. Es un género que me permito denominar “política ficción”. En los viejos tiempos, había una definición indiscutible: “hay pequeñas mentiras, grandes mentiras y estadísticas”. Ahora las mentiras han sido reemplazadas por las falsedades, y las falsedades por la pos verdad.

Un manejo adecuado, o sea, manipulador de las estadísticas, me permite sostener afirmaciones opuestas con la misma convicción. La patética comparación del vaso medio lleno o medio vacío es una estadística muy precaria del estado del vaso. Como siempre se ha machacado, depende de que parte del vaso mirás. O sea: medio lleno y medio vacío son dos afirmaciones correctas. Sólo depende quién elige lo uno o lo otro.

Pues mal: las dos formas de mirar el vaso no tienen incidencia alguna en lo real. Porque lo que importa no es si el vaso está medio lleno o medio vacío. Lo que importa es si se está llenando o se está vaciando. Porque aunque yo diga que está medio lleno, si se está vaciando soy boleta. Y aunque diga que está medio vacío, si se está llenando puedo tener alguna expectativa por el devenir futuro. Pues mal: el vaso de la política está medio lleno pero se está vaciando. Y el liquido cloacal que lo reemplaza es la macro economía, o sea el abstracto monetarismo de capitales e intereses para pagar y sobornar a acreedores externos e internos.

La robótica permite que aun la materialidad de la fuerza de trabajo, sea reemplazada por la abstracción de una programación computarizada. No importa tampoco si el vaso está medio lleno, medio vacío, se está llenado o se está vaciando. Y mucho menos importa la gota que derramó el vaso. Lo que si importa es cuál es el contenido del vaso. Y cuánto resistirá el vaso sin romperse a pesar de todas las porquerías que le ponen adentro. De tanto hablar de los porcentajes de niños empobrecidos y hambreados, podemos concluir que el hambre es sólo eso: porcentajes.

Decir que las estadísticas no se comen es obvio. Sin embargo, es la única comida que aparece. Como el vaso está lleno de podredumbre capitalista y extractivista, un amanuense de Menem, que goza de impunidad total política y cultural, embajador en China, se permite decir en un programa donde están sueltos todos los animales, que el modelo es Chile porque cuadriplicó la exportación de cerezas. O que hay mercados para cuadriplicar las exportaciones de alimentos, con lo cual el déficit comercial es fácil de revertir.

Por eso afirmó, mientras varios animales lo escuchaban como si estuviera hablando alguien importante, alguien que no fue cómplice de la mayor devastación de la industria nacional en aras de un primen mundo en abstracto, que era necesario un apoyo político para el nuevo gobierno del 80% y que eso se lograba con grandes acuerdos nacionales. Más que acuerdos yo diría “pactos mafiosos”, pero yo, si bien soy un animal, no estoy suelto.

Todo eso en el altar de los necesarios sacrificios que habrá que hacer para limpiar el vaso y luego empezar a llenarlo nuevamente con excedentes dolarizados. Traducción del engendro menemoide: la Diosa Macro Economía exige que nuestra vida siga siendo miserable.

Ese 80% de apoyo necesario, no es para subvertir el modo de producción económica, política y social. No es para reformas agrarias, no es para sepultar a las representaciones traidoras, para disolver al empresario parásito y rentista. Nada de eso. Es para volver a formas de capitalismo normal como tienen los países normales. Crecer para pagar…les.

Los mecanismos de endeudamiento, todos fraudulentos, no se auditan, se honran. La mayor parada de carro a los acreedores y al fondo monetario es demorar los pagos. O sea: una apelación más para postergar la ejecución en la silla eléctrica financiera. Por eso las abstracciones se disfrazan de definiciones, y las estadísticas moldean el horizonte de lo posible.

Cito palabras del abogado Eduardo “el Negro” Soares: “nosotros no creemos en la justicia. Nosotros ganamos juicios”. Se refiere a la Gremial de Abogados. Ganar un juicio apela a una materia concreta, porque de una sentencia determinada depende la vida de las personas. La “Justicia” es, apenas, una de las formas de la política ficción.

Pues mal, y otra vez mal. Desde el lunes siguiente a las PASO, el vaso comenzó llenarse de contenido cada vez más nauseabundo. En el altar de la instituciones, de la República, de los plazos constitucionales, de la democracia ficcionada, el Gobierno tiene que seguir gobernando. O sea: sigue con licencia para matar. Pero dada también por lo que suponemos es la oposición. Propongo la única estadística que dará cuenta de la alianza perversa entre los oficialistas de hoy y los oficialistas de mañana (decir oposición me parece una desmesura).

Esa estadística se realizará desde el 11 de agosto al 10 de diciembre. Y tendrá que dar cuenta de cuantos niñes se desgarraron por el hambre, cuántos trabajadores arrojados al conteiner de la basura, cuántas mujeres entregadas para el holocausto de género, cuántos adolescentes secuestrados en los calabozos de las drogas, cuántos asesinatos viales ocurrieron, cuántas guerras civiles de pequeña escala sucedieron en transporte público, cuántos robos y asesinatos por menos de una libra de carne. Pero sólo desde el 11 de agosto al 10 de diciembre. No quiero que me hablen del 2015, 2012, 2017.

Ese período será el de la máxima complicidad con el brutal enemigo que pretenden combatir. Será la estadística salvaje que dará cuenta de por qué los menos malos no siempre son los más buenos.

Edición: 3953

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