Por Alfredo Grande
   (APe).- Siempre he dicho que la idealización es enemiga del ideal. Y el ideal puede ser el bien absoluto o el mal absoluto. Podemos venerar al Padre, el Hijo y el espíritu santo y también al Diablo, al anticristo y al falso profeta. El sabor del vino no sólo depende del vino sino de quien lo saborea. ¿Acaso el poeta no encuentra la tristeza del agua donde otros sólo ven agua contaminada? El devenir político, que no es otro que el movimiento real de la lucha de clases, se organiza como espiral dialéctico. Concepto de Enrique Pichon Riviere que merece un privilegiado lugar en el mundo conceptual.

No avanzamos sin retroceder, no creamos sin repetir. Es lo que yo pienso de lo que pensó el genial creador de la psicología social. Pero si bien toda dialéctica implica una espiral, no toda espiral deviene dialéctica. En el marco de la cultura represora, observamos una inversión en la lógica inmanente de la espiral. Cuando parece que avanzamos, en realidad estamos retrocediendo. Y cuando afirmamos la creatividad de nuestros actos, nos despertamos con el simulcoop en la mano. Versión primitiva del “copia y pega” actual.

En una desmesura fabricada, puedo afirmar que la única novedad es que ya no hay novedades. El enroque entre presidente y vicepresidenta, la apertura del libro de pases para que el presidente del senado opositor sea candidato a vicepresidente oficialista, son apenas simulacros de la novedad radical. Gambetas sorprendentes, amagues ingeniosos, malabarismos para distraer y entretener a millones de desesperados. Desfilan politólogos, opinólogos, mentalistas de mercado, payadores partidarios, evangelistas constitucionales, arrepentidos sobreactuados, panqueques flambeados y quemados.

Es un arca de un Noé posmoderno, pero hay más de dos por cada especie. Ante el diluvio que viene, el arca estatal intentará salvar a la casta del funcionariato predador. También para ellos es más importante salvar la raza y por lo tanto tendrán algunos daños colaterales y frontales. Y dorsales, sin dudarlo. Pero tengo la maldita convicción que hay una especie de acuerdo, de consenso, o para decirlo sin tapujos, de pacto perverso en la “doble O”: oposición / oficialismo. Si el mal absoluto es el presidente, y el pico del embudo opositor apunta casi excluyentemente hacia él ¿no estaremos abonando la teoría suicida de que muerto el perro se acabó la rabia? Dicho en otras palabras: habrá macrismo después de Macri. Tema a debatir es la proporción de portadores sanos y portadores enfermos.

Lo políticamente correcto hoy es esperar al 10 de diciembre. Y antes a las elecciones de octubre. Y antes a las Paso. Que ya pasaron sin que nadie advirtiera que se constituyeron en un acontecimiento.

Ya lo he escrito pero debo insistir. Ha sido un formidable plebiscito opositor al actual gobierno. Esos votos derramados ya han sido negociados. La doble O apoya un dólar de $60. Se insiste con la fuga de capitales, cuando en realidad son un planeta tour porque de cada 10 que llegan, 8 se van. El nuevo ministro de economía, con ese aspecto de rufián melancólico que describiera Roberto Arlt, tiene su momento de fama. Habla de los ciudadanos como pasajeros en un viaje diagramado por alguien con necesidades especiales. Especialmente la necesidad de la estafa en una escala global.

La transición como un bien en sí mismo es una forma de propiciar la continuidad de aquello que supuestamente se debería combatir. Adelantar las elecciones, forzar la renuncia al mandato varias veces traicionado, decidir que truene el escarmiento, son palabras que están por fuera del vocabulario político de la oposición. Cada día el riesgo país sube, pero el riesgo de vivir en este país aumenta mucho más. Se habla del hambre con mirada de preocupación, pero son las víctimas de esta locura genocida las que deben movilizarse.

Aceptemos que el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes. La pregunta es: ¿cuándo alguien deja de ser representante? Es elemental que si el 70% de los representados te rechaza, de representante no queda nada. Una primera minoría cómoda, en tanto la mayoría lo permita. Se hace palanca en cuestiones jurídicas cuando en realidad la cuestión de fondo es política y cultural. Mirar la masacre por tv, hablar en forma enérgica contra el modelo neoliberal, el fondo monetario caracterizado como un Drácula financiero, no alcanza para acelerar la decisión de clavarle una estaca.

Como ya escribí: mal de muchos, consuelo de cómplices. Estos meses escribirá la historia de una oposición complaciente o de una oposición combatiente. Hay indicios muy claros de que una de ellas está en pie, pero no de guerra. Más bien comienza a liderar una tregua, un alto el fuego, hasta el 10 de diciembre. No se exige la rendición inmediata e incondicional. La democracia no lo permite.
Se podrá ganar en las urnas, pero se puede perder en algo más importante. En mantener la vida y la dignidad de las personas. Día que pasa, la entrega al nuevo gobierno será de un país más empobrecido, más envilecido, más fracturado culturalmente, más atado a los pactos financieros que no supimos conseguir. Pero que supuestamente pretenden que todes paguemos. Crecer para pagar. Aunque sepamos que pagar, o sea, someterse a la estafa, nunca permitirá crecer.

Se acercan tiempos de nefastas paradojas, con lo cual anticipo que las injustas crueldades continuarán. Hoy se está decidiendo si vamos a un cambio de gobierno, o nos asomamos a la construcción de un contra poder.

El antimacrismo furioso es funcional a la continuidad de los mecanismos de dominación político y económico que nos llevaron una y otra vez a catástrofes. No nos queda tiempo. Es ahora o nunca. Es Patria ahora o será Colonia siempre.

O tenemos la satisfacción moral de un acto de libertad, como enseñó Rodolfo Walsh, o tendremos que lamentar la frustración moral de nuevos actos de esclavitud.

Edición: 3940

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