Ni siquiera una liebre
Publicado: Martes, 26 Mayo 2020 15:36
Ni siquiera una liebre

Por Facundo Barrionuevo (APe).- Cuando Alex le silbó a los galgos, el domingo por la mañana, no podía manejar la posibilidad de no volver a casa. Como cualquier domingo, en un contexto rural donde la cuarentena es otra cosa, Alex Juan y sus dos compañeros sin más armas que un par de perros, van en busca de unas liebres para la olla, pero también por un rato van jugar a ser libres entre los pastizales. *** Alex Juan Campos tenía 16 años, fue atropellado por Pablo Rodolfo Sánchez (de 57) que los persiguió en una Dodge Ram 4x4, al costado de un camino cerca del paraje El Taladro, Partido de Cañuelas, cuando cazaba liebres con sus amigos. Del otro lado del vidrio de la ventanilla y encerrado en la camioneta, Pablo Sánchez, minutos después de atropellar a Alex y de decirles a sus compañeros “que lo levanten y se lo lleven”, recibe los gritos desesperados de sus familiares que ya lo saben muerto. La policía no tarda y evita que el linchamiento sea el desborde de la desesperación. *** El corazón ortiba custodia la propiedad privada. El corazón ortiba alimenta la sin razón del atropello de lo amenazante. El corazón ortiba maneja una bestia enlatada, y enlutada, y se lleva puesta la vida. El corazón ortiba identifica adolescente con ladrón y decide que de una u otra manera, por adolescente o por ladrón igual son un problema eliminable. A Alex lo asesina la bestialidad humana alimentada en la lógica del capitalismo. Ese “campo argentino” que no va a compartir ni siquiera una liebre. A Alex lo recuerda el MTL donde militaba, lo recuerda y lo llora su club de rugby Las Cañas. Alex es otra pieza más del rompecabezas que nos falta. Edición: 4011    

Postales
Publicado: Lunes, 25 Mayo 2020 13:51
Postales

Por Carlos del Frade (APe).- El aislamiento preventivo social y obligatorio comienza a perforarse en los barrios de las grandes ciudades ex obreras. Sucede en el Gran Buenos Aires, Rosario y Córdoba. La actividad económica ilegal, como la otra, debe continuar con el flujo de dinero que impone el corazón del capitalismo. Ha comenzado el segundo tiempo en la disputa por los territorios. Hernán “Tiki” Gómez tenía veinte años y el 13 de mayo decidió matarse en su pieza del barrio Parque Casas, en el norte rosarino. Sus amigos, entonces, decidieron despedirlo tirando al aire con pistolas nueve milímetros. Lo filmaron y ocho de ellos fueron detenidos. Es un rito que se ha difundido en los últimos quince años. La cotidianeidad de las armas es llamativa. La impunidad del contrabando de armas merece un estudio profundo que todavía no parece haberse hecho no solamente en el Gran Rosario, sino también en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza o Tucumán, por citar las más grandes aglomeraciones urbanas. Las armas forman parte de los principios, desarrollos y finales de las existencias de muchas pibas y muchos pibes. Pero más allá de la cultura fetichista, los que manejan el negocio de esas armas saben que compraron una tranquilidad que les permite proyectar sus ganancias a futuro. Esas postales que reaparecen en el reinicio del segundo tiempo de 2020 vienen acunándose hace décadas. En el barrio Municipal, también en el mapa rosarino, Marta, de cuarenta años, recibió un balazo. -El ruido de la metra fue atronador. Fue como a las 18 y no resultó más grave porque hay mucha gente guardada por la cuarentena. Si no hubiera sido una masacre. Los de «Peladito» vinieron a tirar en moto y acá los estaban esperando con una metra. Primero les tiraron por Lamadrid y después los persiguieron por Alice hacia el Parque del Mercado (calle Sánchez de Thompson)… Esto arrancó con una venganza de «Peladito» contra Alan, un ex tira tiros de Alexis Caminos; pero ahora es contra Alan y todos en el barrio Municipal – dijo una vecina. Cuenta el periodista Leo Graciarena que “es histórica la rivalidad del barrio Municipal con el del Parque del Mercado, dos barrios separados por una calle. La bronca viene desde los tiempos en los que "Pimpi" se tiroteaba con "Chapita" Ungaro o viceversa, pero con códigos del hampa. Las nuevas generaciones tomaron aquellas banderas y se enfrentan sin ningún tipo de códigos y con una violencia descomunal. El Covid-19 llegó a la vida cotidiana del barrio y suavizó la violencia, pero sólo fue eso, la adormeció. Y como en otros puntos de la ciudad, en ese trozo de tierra del sudeste, la salida de prisión de un convicto o los berretines de un muchacho de armas tomar ponen en jaque la tenue paz de las calles bajo la ecuación de causar daño a la familia o los allegados al rival”, apunta con conocimiento y criterio. Pero también en este entretiempo impuesto por la pandemia, la otra cara de la violencia, la ejercida por los nichos corruptos de las fuerzas de seguridad siguió su trabajo sobre la pibada empobrecida de estos arrabales desangelados. En la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe repercutió el reclamo de organizaciones sociales y de derechos humanos por 39 hechos de violencia institucional contra chicas y chicos de los barrios rosarinos. “Desde el establecimiento del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, en fecha 20 de marzo del corriente año, hemos tomado conocimiento de más de una treintena de hechos que dan cuenta de actuaciones violentas y abusivas por parte de las fuerzas de seguridad provinciales y evidencian flagrantes violaciones a los Derechos Humanos, los cuales se detallan en planilla anexa para mayor abundamiento. Entendemos que desde la recuperación de la democracia ha habido muy pocos avances en cuanto a la internalización por parte de las diversas fuerzas de seguridad provinciales y nacionales de las normas que obligan a los agentes a respetar los derechos humanos de las/os ciudadanas/os”, dicen los fundamentos del pedido de informe. Agrega que “a contrapelo de lo que propugnan quienes se enrolan en ideologías vinculadas al populismo punitivo, sólo fuerzas de seguridad apegadas a los derechos humanos y alejadas de conductas ilícitas pueden contribuir a la tan anhelada paz de la población, siendo elocuente en ese sentido el llamado Acuerdo para la Seguridad Democrática suscripto oportunamente por numerosas fuerzas políticas. Es insoslayable, por tanto, el deber institucional y político de instruir a las fuerzas de seguridad en el respeto por los Derechos Humanos”, apunta el texto. El martes 19 de mayo de 2020, en tanto, el barrio Nuevo Alberdi, al norte de Rosario, hubo una lluvia de balas que terminó la existencia, muy antes de tiempo, de Joel Maximiliano Mansilla de solamente 18 años. Por un lado, “la banda de los Romero”, y por el otro, la de “los colombianos”. En el medio, la gente común. La que quiere un poco de tranquilidad para vivir. 52 vainas servidas encontraron en las calles. 52. Nada más y nada menos. Una clara señal de zona liberada. Las mismas fuerzas de seguridad que se ensañan contra el piberío no están a la hora del enfrentamiento entre bandas. La escenografía se completa con la presencia del Centro de Convivencia Barrial de Nuevo Alberdi. Convivencia barrial. Demasiado abuso de la realidad para mostrarnos su lógica hipócrita y supuestamente contradictoria. Dicen que ahí siempre hay un patrullero. En ese momento no estaba. -Ese es un patrullero que cuida a los narcos (una custodia ordenada para proteger a una familia en el marco de una disputa barrial) y cuando vos vas y le pedís ayuda los agentes te dicen que no pueden hacer nada porque no se deben mover de ahí. El martes a la hora de la balacera no estaban…Al final cuando los Romero estaban afuera (no estaban presos) nadie se atrevía a cagar a tiros el barrio así – dijo una señora. Postales del segundo tiempo después de la pandemia. Postales del segundo tiempo de un partido que empezó hace décadas y que, evidentemente, concentra muchas ganancias en unos pocos mientras socializa el dolor en muchas pibas y muchos pibes. Edición: 4009

Desaparición y muerte
Publicado: Viernes, 22 Mayo 2020 23:37
Desaparición y muerte

Por Silvana Melo     (APe).- Mientras las villas hacinadas de la CABA resisten inermes la invasión viral, el cuerpo de Luis Espinoza apareció en un precipicio, ahogado en una bolsa negra, muerto en Tucumán pero encontrado del lado de Catamarca. Mientras el Presidente visitaba la provincia que dicen que es el jardín de esta república, un peón rural había sido desaparecido por la policía de ese jardín hacía una semana. Sin que al gobernador se le moviera el barbijo. Mientras la política y las empresas mediáticas dirimen el poder tironeando de la cuarentena un tipo común terminó muerto, asesinado, tirado entre los pastos de la montaña de Andalgalá, aunque él vivía, trabajaba cuando había y fatigaba una vida durísima y anónima en Monteagudo, un pueblo tucumano. Ahí donde la policía los sorprendió, a Luis y a su hermano Juan, cuando habían ido a cobrar y pasaban a ver a la familia. El grupo venía cebado, de reprimir una carrera cuadrera por violación de la cuarentena. Y de paso y por las dudas empezaron a pegarle a Juan. “Cuando Luis intentó frenarlos se escuchó un disparo y un golpe desmayó a Juan. Cuando despertó su hermano ya no estaba”, relata Adriana Meyer. Y no lo vio más. Hasta ayer, que apareció en una bolsa negra. Entre las montañas empinadas. Del lado de Catamarca. Los que se quebraron dicen que el subcomisario de Monteagudo cargó el cuerpo en el baúl con la ayuda de cuatro policías. Mientras Tucumán se negaba a adherir a la Ley Micaela. El jardín donde se obliga a las niñas a parir, el jardín donde el hijo del genocida asegura que no conoce mujeres asesinadas por el hecho de serlo, el jardín donde fueron emperadores José Alperovich y Beatriz Rojkés. El jardín donde la misma policía que desapareció a un peón rural mató por la espalda a un niño de once años. Y al gobernador, tampoco se le movió el barbijo. Edición: 4008

El libro flaco de Petete
Publicado: Viernes, 22 Mayo 2020 15:22
El libro flaco de Petete

Por Alfredo Grande   (APe) Había resuelto continuar con mis elucubraciones sobre la identidad política autopercibida. Sin embargo, me desperté a las cuatro de la mañana con la convicción de que la siesta había sido demasiado prolongada y que la mañana del viernes se había esfumado. Tardé varios minutos -supongo que eran minutos- en volver ubicarme en tiempo y espacio. Eso que llaman “sentido de realidad”. Mi identidad autopercibida de psiquiatra fue duramente conmovida. Algunas horas más tarde, ubicado nuevamente en mi tiempo y en mi espacio, comencé a escribir. Supongo que para mí es un tipo de labor - terapia. Hay dos registros que necesito enfatizar: la ya mencionada “identidad política autopercibida” y lo que desde hace años denomino “el alucinatorio político social”. Hay un ejemplo demasiado cercano y atroz. He escuchado reportajes a Patricia Bulrich. Le preguntan sobre la cuarentena como si fuera un ser pensante. Vagamente creo que sugirió perseguir al virus con la gendarmería, con una tecnología más sofisticada que aquella utilizada para asesinar a Santiago Maldonado. Eran los tiempos de la materialidad histórica y política. A pesar de mi florida imaginación, no creo posible un 17 de octubre de 1945 por Zoom. Ni reemplazar el Cordobazo por un twittazo. La cuarentena en su dimensión política histórica no es apenas una forma de impedir la propagación del contagio por el “virus que no tiene rostro”, según el delirante texto de una propaganda de YPF. La cuarentena es una versión actualizada del “zapatero a tus zapatos”. Prohibición explícita para que no se meta con las medias. Y menos con pantalones o polleras. Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. Y para las personas – cosas el lugar natural/artificial es la casa. “Home sin virus Home”. Cavernas con pisos de pinotea o de tierra. Me tomo un ansiolítico y continúo. Lo mejor dicen, es estar cerca estando lejos, la virtualidad como nueva normalidad, el wifi como único garante de cierta forma residual de la sociabilidad. Si un “acontecimiento” es ampliar el horizonte de lo posible, la cuarentena es un acontecimiento capturado por la cultura represora. O sea: la cuarentena reduce el horizonte de lo posible a caminar 100 metros, pasear con las hijas y los hijos una vez por semana, o darse lustre de último consumidor virgen en negocios de cercanía. El salario mínimo vital y móvil ya no interesa. Se ha impuesto una vida tan invisible como el virus, de reducida vitalidad y que tiene a lo inmóvil. Por eso, pidiendo permiso a la memoria de García Ferré, emprendo la tarea de escribir “El libro flaco de Petete”. En una reunión de colegas dije que “también se respira con la cabeza”. Nada oxigena mejor que las ideas. Obviamente, la cuarentena es también cuarentena de ideas. Reemplazadas por esa forma bizarra de la idea que son las estadísticas al servicio de cualquier manipulación. No estoy en condiciones de dar demasiados detalles, pero adelantaré algunos ítems del Libro Flaco de Petete. Uno de los fundamentos de la cuarentena era tener tiempo para que el sistema de salud pudiera estar en condiciones de contener a los miles de infectados. Sin embargo, las empresas de medicina prepaga, que apenas son aseguradoras de riesgo de salud (ARS). Co-responsables del desguace de la salud pública, han sido premiadas con un aumento de las cuotas del 8%. Sigo escuchando a funcionarios del más alto nivel que la cuarentena es la vacuna. Es exactamente lo contrario. Las vacunas, más acá del debate sobre su manipulación, aumentan la inmunidad. La cuarentena tiene cero efectos sobre la inmunidad. Por eso, nadie se anima a salir de la cuarentena, como en su momento nadie sabía cómo salir de la convertibilidad. Un ejemplo de peso argentino con identidad autopercibida como dólar. Salir de la cuarentena será entrar en la realidad del aumento de contagios. Sin embargo, es mucho mayor la cantidad de curados que de fallecidos. Pero la mayoría de les periodistes insisten en informar con tono alarmista sobre fallecidos y nuevos contagios. Los despidos presenciales y virtuales aumentan en forma logarítmica. La uberización del empleo excederá la protesta del sindicato de taxistas. Pensamos que era un tema de autos de alquiler. Y era una modificación fundante de las condiciones de explotación del trabajo. El chancho burgués será una plataforma digitalizada programada para enviar mails de despido. El nombre que ha trascendido de la plataforma es “Porky”. La frivolización, banalización y superficialización de la cuarentena, se estrella contra el asesinato por abandono de persona de Ramona Medina y centenares de personas. Los cartoneros llegaron para quedarse, los que viven de changas, los que viven, duermen y mueren en la calle, no fueron cuidados antes de la cuarentena. Ni durante, ni después. Hoy cuidarse es quedarse en el molde, o sea en la casa. Recién se están dando cuenta de que hay millones sin casa. Y de que el aislamiento social obligatorio implica un daño psicológico inevitable. Que tampoco fue anticipado. Especialmente en niños y niñas, a los cuales se les somete a un lavado ensuciado de cerebro con el uso de la inteligencia artificial. Una vez más se tomaron medidas correctas pero sin prevenir los efectos secundarios. Incluso cuando son más graves que los males que supuestamente deberían evitar. Se regatea un aporte empresario cuando en la Constitución Nacional (en retiro cuasi efectivo) se establece la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas. Y no lo que hace la burguesía nacional que los hace participar de las pérdidas, vía despidos y disminución de salarios. Con la anuencia de la élite sindical. Por eso el Libro Flaco de Petete dirá en sus primeras páginas: “la cuarentena no es un virus. El virus es una política de Estado” De los Estados que han sostenido la destrucción del planeta para ahora ocuparse de recuperarlo con el eufemismo de la “nueva normalidad” cuando apenas han combatido a la “vieja anormalidad”. Los Estados hablan de pobres cuando son responsables de haberlos empobrecido. Hablan de ricos cuando son cómplices de haberlos enriquecido. Y los Estados sostienen al Mercado para que el alucinatorio político del capitalismo bueno pueda sostenerse. Lo más que se pueda. Hoy la Asamblea Nacional de Residentes y Concurrentes convoca a las 12 a las puertas del Ministerio de Salud de la Nación. La consigna: “urgente: nos estamos contagiando”. Y para esta situación no hay cuarentena que valga. Parafraseando al talento de García Ferré, y ya sostenido en mi tiempo y en mi espacio, al menos por algún tiempo, finalizo con este saludo: “El libro flaco te enseña, el libro flaco entretiene, y yo te digo contento, hasta la cuarentena que viene”. Edición: 4007  

La Otra Economía
Publicado: Jueves, 21 Mayo 2020 13:46
La Otra Economía

Por Raúl Zibechi (APe).- La semana pasada recibí una clase magistral de “economía política desde abajo”. Relataron las relaciones para cuidar y reproducir la vida, que se tejen en los canales invisibles de la sociedad. No es ninguna casualidad que fueran cuatro mujeres las encargadas de desvelar ese mundo, todas integrantes de asambleas territoriales nacidas durante la revuelta chilena. Dos de ellas viven en Valparaíso, donde la lógica de construcción no es barrial sino de cerros, que rubrican la geografía urbana. Además de unas 20 asambleas en otros tantos cerros, formaron cordones territoriales que las conectan, un nombre que remite a los “cordones industriales” de Santiago bajo el gobierno de Salvador Allende. Otras dos son integrantes de la Asamblea de Villa Olímpica y de la Red de Abastecimiento nacida en esa geografía, pero extendida a buena parte de Santiago. Una ciudad que ha visto nacer casi 200 asambleas que se mantienen activas, ya no en la calle sino enhebrando la vida de las comunas y barrios de una capital infestada de carabineros y militares. Lección 1: Hacernos cargo de la vida. - Todos los aspectos de la vida están en crisis, salud, educación, alimentación. La revuelta generó conciencia colectiva, defendernos entre nosotras, mucha creatividad organizativa, que bajo la pandemia nos permite activarnos de otros modos. Nos cuidamos juntos y juntas, cuidamos a los más vulnerables, con redes de abastecimiento, compras colectivas, huertos urbanos…(Nelly, de las asambleas territoriales de Valparaíso) - Este contexto evidencia cómo el gobierno asesino no se hace cargo de la vida del pueblo, sólo militariza para salvar sus negocios. La sostenibilidad de la vida está en nosotras, en nuestras organizaciones y cuerpos, porque ellos sólo nos van a reprimir, quieren naturalizar una dictadura en democracia. Sólo nos queda “el pueblo cuida al pueblo”, porque se nos viene algo grave, como la falta de agua (Beatriz, asamblea Villa Olímpica). - Lo que vivimos es una militarización desatada del territorio, en esta situación donde el gobierno sólo nos reprime, tenemos que hacernos cargo de la vida, de la sostenibilidad de la vida. (Pamela, comunicación de las asambleas territoriales de Valparaíso) Lección 2: Empatía con la tierra -Los huertos urbanos son un proceso muy lento, si se pretende alimentar todo un barrio no es posible. Pero crean una relación diferente con la naturaleza, con el consumo, porque generan experiencias de nuevo tipo, como el compostaje que lleva a que los vecinos clasifiquen la basura y se hagan cargo de sus desperdicios para llevar al huerto comunitario. Se va formando una relación de empatía con la tierra que es muy diferente a ir a comprar al supermercado. Además creamos vínculos entre nosotras, hacemos comunidad.(Pamela) Lección 3: Huir del super-mercado, haciendo comunidad -Las asambleas hacen una compra directa a los agricultores sin pasar por intermediarios, para el abastecimiento de los barrios. Hicimos un catastro de personas en riesgo, de adultos mayores y gente postrada o con problemas económicos, para que tengan acceso a una canasta básica. (Pamela) -La red de abastecimiento empezó hace cuatro años para colectivizar las compras, saltarse intermediarios para bajar los precios pero además para hacer comunidad en algo tan importante como alimentarse. Empezamos con compras colectivas de verduras. La red creció y nos contactamos con otras redes de la ciudad par proveer verduras, abarrotes, proteínas, carnes, artículos de aseo. Eso permite que la gente de la red no vaya al supermercado, que es un foco de contagio. En mi casa toda la alimentación se compra a través de la red, sin acudir al mercado. (Siujen, red de abastecimiento Villa Olímpica, Santiago) Lección 5: Redistribuir en vez de acumular -Como comunidad asumimos una cuota que nos permite ayudar a personas que no pueden pagar la cesta. Con la cuota vamos generando un ahorro pequeño, que nos transforma en una especie de mini banco para prestar a la gente que tiene más problema económico, porque pensamos que el momento más álgido será después, cuando no haya trabajo y todo sea precario. La mayor parte de los que integran la red trabajan en precario (Siujen). -La idea de que el pueblo ayuda al pueblo es lo primordial. Formamos un fondo común y rotativamente lo asignamos a la familia de la red que más necesita, la más vulnerable, luego de una discusión sobre los criterios. Ahora tenemos que pensar cómo vamos a apoyar a la gente que se enferma, porque ha habido una explosión de casos y el sistema no va a responder. Lo único que saben hacer es sacar a los militares a la calle (Beatriz). Lección 6: Las mujeres o la red de redes -Somos las mamás las cuidadoras y criadoras las que sostenemos todo, a través del trueque, del apoyo mutuo, sin dinero. En la red se cruzan tres o cuatro redes y la Villa Olímpica se convirtió en un zonal de distribución de toda una zona de Santiago (Siujen). Lección 7: Cara a cara, sin intermediarios -Hacemos la distribución de las redes La Canasta y Pueblo a Pueblo que reparten verduras sin intermediarios, en contacto directo con proveedores, con gente que produce fuera de Santiago y tiene que traer al conurbano. Decidimos que sólo sustentamos a los intermediarios cuyo único ingreso es esa compra-venta de productos. Buscamos ahora cosas nuevas, semillas, granos, algo que no teníamos hasta ahora (Siujen). Lección 8: Cuidar-nos en comunidad -Estoy contagiada de Covid desde hace dos semanas y en mi casa no falta nada, las compañeras y compañeros poniendo la cuerpa vienen hasta mi casa a dejarme los alimentos. Es un ejemplo de cómo la solidaridad y las redes amigas están permitiendo que la vida no se degrade tanto (Beatriz). Lección 9: Pobre es quien está sola -La real precariedad es la de aquellas personas que no están conectadas con redes solidarias, la soledad y el despojo, porque el dinero no te sirve de nada si no tienes una red que te lleve la comida (Beatriz). Lección 10: La revuelta, la madre del mundo nuevo -Le llamamos revuelta porque estallido lo acuñó la clase dominante, porque la protesta les estalló de sorpresa (Nelly). -Ay de nosotras si la revuelta no hubiera pasado por nuestras vidas multiplicando nuestros contactos y redes (Beatriz) -Agradecemos la revuelta porque sin ese proceso la pandemia hubiera sido muy cruda, no hubiéramos tenido los lazos de confianza ni conocido a otras organizaciones. La revuelta nunca acabó, tomó otros caminos. Generamos herramientas que no hubiéramos creado sin la pandemia. No hay forma de que en Chile la revuelta no siga (Siujen). -La revuelta nos pasó por el cuerpo, no nos hemos olvidado de los muertos y de los más de 400 mutilados oculares, algo que fue intencional. Lo que hacemos en las asambleas es cuestionar la vida que hemos sostenido hasta ahora. El otro mundo posible lo estamos haciendo ahora y nadie puede sacarnos de ese lugar, Chile está cambiando (Nelly). -En este contexto oscuro, lo que nos va a salvar es lo que siempre nos ha salvado como pueblo: la calidad de nuestros vínculos, el valor para enfrentar la adversidad, la profunda valentía que hay en cada mujer que sale a hacer la compra o a embolsar la harina que se compra a granel y se reparte en la red. Ni la pandemia ni la represión, ni las torturas ni los asesinatos, nos van a destruir ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones. La revuelta nos conectó con los siglos de resistencia profunda de nuestro pueblo (Beatriz). * * * “Agricultura alelopática”, exclama Doricel del otro lado del teléfono. Lo repite varias veces. Y nada. No queda otra que recurrir al diccionario. Bueno, a Wikipedia. Intenta explicar porqué en los barrios periféricos de Popayán, donde estudiantes y vecinos emprendieron la agricultura urbana y comedores populares, optaron por huertas circulares pese a la inicial resistencia de algunos. “Es el sistema que utilizan los pueblos originarios y nosotros lo hacemos porque es más eficiente y para abrir la mente a otras posibilidades que no sean la cuadrícula”, explica. Por un lado, permite aprovechar mejor el agua, ya que sólo se utiliza un 30% de lo que hacen otros cultivos lineales. “Además el nuestro es un sistema muy diverso, hortalizas, legumbres, aromáticas, la cebolla y el ajo, y eso nos permite podemos hacer un sistema alelopático. Las plantas que no resisten a los insectos, son protegidas por las aromáticas que cultivamos en el círculo siguiente. La diversidad repele a los insectos y las aromáticas atraen a los polinizadores. Buscamos la complementariedad”. Las huertas circulares se relacionan con la cosmovisión indígena que establece una conectividad entre la tierra y el universo. Por último, explica Doricel, “con esta técnica se afianza más el tejido social, porque permite a las comunidades trabajar de manera más cooperativa”. Varones y mujeres que cultivan las huertas de la periferia urbana de Popayán, llevan pequeños trapos y cintas rojas. En las grandes ciudades las autoridades pidieron a los pobladores que pasaban necesidades que colgaran un trapo rojo en las ventanas. “Aquí resignificamos los trapos rojos, al convertirlos en elementos de resistencia, de dignidad”, apunta Doricel, recordando que su ciudad el 84% de la población tiene trabajo informal. * * * La población volvió a las calles, en Santiago y en Puerto Príncipe, en Atenas y en Montevideo, en varias ciudades asediadas por la cuarentena y el hambre. Una oleada de dignidad está empezando a barrer nuestro continente. Masivos caceroleos en Santiago, barricadas y pedreas en El Bosque, La Victoria y La Legua, comunas cansadas del encierro y la miseria, denuncian la incompetencia del gobierno. El 18 de mayo se rompió el silencio, recuperando la calle. Edición: 4006

“Pedimos ayuda cuando había 2 casos y no nos escucharon”
Publicado: Martes, 26 Mayo 2020 13:29
“Pedimos ayuda cuando había 2 casos y no nos escucharon”

VILLA AZUL Y EL VIRUS EN EL CONURBANO     Por Claudia Rafael    Fotos: Franco Fafasuli (APe).- El fantasma agazapado estalló finalmente en el corazón del sur conurbano de la provincia. De un lado y otro del acceso Sudeste que divide las villas Azul (Avellaneda) e Itatí (Quilmes) los vecinos hablan con APe y coinciden: “pedimos que se interviniera antes y no lo hicieron”. En Villa Itatí dice una de las referentes barriales que “nosotros queríamos cerrar la villa. Pero tener nosotros, desde las organizaciones, el control y no generar un estado militarizado. Dejar un único acceso y controlar entradas y salidas. No nos escucharon”. Desde Villa Azul, Dante Rodríguez –uno de los hacedores del comedor “Los chicos del Azul” desde hace siete años- cuenta que “ya el martes de la semana pasada teníamos 2 casos confirmados. Pedimos que actuaran. Que llevaran a los vecinos. Pero no intervinieron. El miércoles reclamamos testeos. El viernes insistimos. Se cortó el acceso Sudeste desde los dos barrios y el sábado aparecieron. Se hicieron los testeos y hubo 53 confirmados. Demasiado tarde”. Los números se multiplican por decenas con el correr de las horas. Hoy hay un policía en cada entrada de pasillo. Un patrullero por cuadra. “En Villa Itatí queremos que se hagan los mismos testeos que se hicieron en Azul pero no nos hicieron caso”, se planta Itatí Tedeschi, histórica dirigente reconocida en la barriada. Saben de la potencia del virus y le temen. En Azul hay unas 400 familias, cuenta Dante. Conoce cada milímetro de ese barrio que lo vio nacer, 42 años atrás. Las últimas semanas fueron ganadas por una espesa densidad que llenó a los vecinos de miedo y angustia. A las 17 del domingo los referentes de los comedores barriales fueron recibidos por los intendentes de Quilmes y Avellaneda, los jefes policiales, referentes de Salud. En las últimas horas del domingo, entre las 19 y las 20, la barriada quedó aislada del resto del mundo. Allí donde cada uno fue encontrado, debió permanecer. “Me llamó una vecina. Es una mujer mayor que sólo viene a dormir al barrio porque cuida afuera a un hermano que está internado por otra enfermedad. Son ellos dos solos en la vida. Y cuando quiso volver al barrio no pudo entrar. Está en edad de riesgo y su salud es débil. Tuvo que dormir en la estación porque no tenía adónde. Y está muy angustiada. Si la dejan entrar, después no va a poder cuidar al hermano. Y si no la dejan, estará en el hospital con el hermano y después, deberá dormir en cualquier lado por ahí. Como ella, hay otra gente también”. Las últimas semanas se preparaban 200 viandas diarias en el comedor “Los chicos del Azul”. Todo a pulmón. Con ayudas entre organizaciones de un lado y otro del acceso. “Desde la Municipalidad (de Quilmes) nos daban carne, verdura, alimentos secos. Todo para preparar las viandas. Después, dejaron de mandar la carne y la verdura y sólo nos daban fideos, arroz, puré de tomates, aceite. Finalmente, el municipio decidió hacer módulos para las 80 familias que teníamos anotadas. Pero a la hora de entregar, mandaron sólo para 50 y hubo 30 familias que se fueron sin nada”, cuenta Dante con desesperación. “La municipalidad dijo que viéramos quiénes nos parecía que no necesitaban tanto para quitar 30 de la lista y les dijimos que no. Finalmente, llamamos nosotros a las familias. Les explicamos y les pedimos que se decidiera entre todos quiénes se creía que necesitaban más y quiénes un poco menos”. Hay entre cinco y seis comedores en Villa Azul. Hace apenas una semana, Dante e Itatí habían acordado que aunarían fuerzas para que el comedor de Azul pudiera volver a funcionar. Pero no en una casa, como habían hecho antes. El riesgo de contagio se potenciaba. “Pensábamos entregar las viandas en una plaza. Villa Azul tiene pocas calles. Son todos pasillos por los que puede andar de a una persona. Y si hay dos, ya tienen que tener necesariamente contacto porque es muy angosto. Cada pasillo, además, tiene zanjas. Y el agua que se junta ahí después va a parar a la rotonda de Bernal”. Hoy Villa Azul ocupa las tapas de los diarios y las radios y canales destinan horas y horas de cobertura. “Pero nuestro barrio es olvidado desde siempre. Cada gobierno que vino, hizo promesas pero nunca cambió nada. Tenemos agua corriente pero se corta todo el tiempo. Entonces hay que levantarse a las 2 ó 3 de la mañana para juntar de a poco, lo que se pueda en tachos. Para tomar hay que conseguir agua mineral. Hay inundaciones. Los problemas de electricidad son constantes. Hay palos de luz por caerse todo el tiempo. Los pozos ciegos se rebalsan y hay gente que no tiene baño. Todo va a la misma zanja que después termina en la rotonda de Bernal”. Muchos vecinos enfermos están hoy aislados en sus casas. Otros fueron llevados a la sede de la Universidad de Quilmes. Los vecinos respiran temor. Tienen miedo de no tener qué comer. Tienen miedo de enfermarse. Tienen miedo de perder lo poco que tienen. Tienen miedo de los 300 policías de las esquinas. Tienen miedo del mañana pero también de este presente que los exhibe desnudos y sin ropajes. Tienen miedo de que el encierro haya llegado para quedarse. Tienen miedo de que la vida ya sea definitivamente una película que se repetirá en blanco y negro para siempre. Tienen miedo de que el miedo los habite eternamente y ya no sepan cómo reconocerse en el rostro de otro, un igual. Tienen miedo de morir, como escribía Galeano. Miedo a lo que fue. Miedo a lo que será. Miedo de vivir. El fantasma agazapado ya estalló. Irrumpió en la 1.11.14 a mediados de abril. Deambuló por la Villa 31, en esos hacinamientos ghetizados en varios pisos de alto. En Zavaleta. En la 21-24. Se llevó y se sigue llevando vidas entre los eternos invisibles de la tierra. En los portadores de esos rostros surcados por el hambre de décadas. En los cuerpos fragilizados a puro olvido y marginación que descubren un espejo en el que nadie se quiere reflejar. Mientras tanto, los poderes mediáticos y de los otros debaten bajo que jurisdicción cayó cada contagiado. Y a qué distrito hay que adjudicarle cada una de las muertes. Edición: 4010  

A un año de Monte
Publicado: Miércoles, 20 Mayo 2020 12:05
A un año de Monte

Por Claudia Rafael (APe).- Exactamente un año atrás Danilo, Camila, Gonzalo y Aníbal sacrificaban violentamente su savia a la ferocidad policial en San Miguel del Monte. Cuatro pibes inmolados por la perversidad estatal en una persecución que terminó en ese múltiple homicidio de niños y jóvenes. Danilo Sansone, Camila López y Gonzalo Domínguez, de 13 y 14 años y Aníbal Suárez, de 22. Y Rocío Guagliarello que, desde sus 13, logró esquivar el golpe feroz de la muerte. La infancia y la juventud han ofrendado su sangre a infinitos tejidos de la crueldad a lo largo de la historia. Masacres que llevan hilvanados los nombres de chicas y chicos. A los que, de prepo, se les apagó el fuego eterno para conducirlos a una muerte temprana. Las masacres de Pergamino, de Esteban Echeverría, de Quilmes, de Bariloche; las masacres de Salta, de Corrientes, de Avellaneda, de José León Suárez, de Once, de Cromañón. Masacres que otoñaron el alma de la condición humana. Masacres que constituyen la cumbre más atroz del disciplinamiento hacia las semillas de rebeldía. Masacres como azotes para quien ose desplegar su grito de belleza creativa y de libertad en ciernes. Masacres dispuestas a aplastar ferozmente los esbozos de futuro que asoman de los cuerpos jóvenes y rebeldes. Danilo, Camila, Gonzalo y Aníbal salieron a las calles a reirse simplemente. A desplegar sus voces adolescentes entre las estrellas, desde la belleza de la candidez. Exactamente un año atrás. Cuando este presente de aislamientos no estaba en la agenda de nadie. Ellos subieron a un auto sin saber que las bestias feroces que disparan a mansalva en nombre del Estado disciplinador estarían allí. Al alcance de sus respiros. A distancia de indignidades para destrozarlos y pretender dibujar, entre encubrimientos y mentiras, un accidente allí donde hubo masacre. Mayo llega una vez e irrumpe en días en que la calle y las pancartas quedan lejos de los tumultos. Están ancladas con los rostros de la ternura con que asoma la niñez desde una fotografía. Para decir aquí estamos y somos memoria. Nadie tiene derecho a hundir esos cuatro nombres –que son fruto y semilla- en los arcones del olvido. Edición: 4005

Roro, segundo tiempo
Publicado: Martes, 19 Mayo 2020 14:27
Roro, segundo tiempo

Por Carlos Del Frade (APe).- La pandemia impuso un entretiempo, un descanso en la cancha grande de la realidad pero el regreso de la circulación de más gente en las calles rosarinas confirmó el reinicio de un extraño partido. El que define quiénes se quedan con los territorios en disputa por los dineros que mueven los negocios del narcotráfico y el contrabando de armas en la ciudad de Rosario. Desde el interior de los penales de la provincia, los jefes sobrevivientes de Los Monos y el clan Alvarado exigen la definición de ese partido. Qué pandilla impone condiciones a las otras siempre con el apoyo de los nichos corruptos de las fuerzas de seguridad, nacionales y provinciales. A partir de la cuarta fase de la cuarentena, en la ex ciudad obrera comenzó el segundo tiempo. El primer tiempo, los primeros tres meses del año 2020, habían terminado con 63 asesinatos en el Gran Rosario. Luego vino el descanso, el entretiempo impuesto por el COVID 19. Pero ahora, con una mayor circulación de gente en las calles, la disputa por los negocios de las calles fue reiniciada. Y no hay mayores sorpresas. Una vez más un pibe de diecinueve años recicla la perversión del sistema. Rodrigo “Roro” Soraire, en su barrio, “7 de Septiembre”, fue cosido a balazos por una banda conocida como “los colombianos”. La crónica de los diarios sostuvo que “desde una camioneta negra un hombre lo fusiló. Unos cinco tiros dieron en el paredón, otros cuatro perforaron el cuerpo de "Roro", quien corrió trastabillando hasta la puerta de la verdulería de los Martinotti, tal vez buscando refugio, y cayó sin vida”, apuntan las notas. Tenía problemas de drogas y la madre también. “Ella prácticamente vive en la calle y él era soldadito de «Toro» (Martinotti). Se sabía que iba a terminar mal. Dicen que hace unos días le robó la billetera a un muchacho del barrio al que no le tenía que robar", cuentan entre las tiras del viejo barrio. Instantes después del fatal ataque, un amigo de "Roro" avisó del hecho en la subcomisaría 21ª, pero cuentan que "nadie los atendió". Casi al mismo tiempo la vereda donde estaba el cuerpo de Soraire era invadida por policías y sobre la calle la familia del muerto se mostraba desconsolada. Cuando la madre del chico se acercó a sus otros hijos una hermana de la víctima le gritó: "¡Mamá, cambiá de vida! ¿A quién más querés que maten?", relataron los medios. -Dicen que el que disparó es un sicario de barrio Larrea y que el tema no es que «Roro» haya robado algo. El tema es la disputa por el barrio. «Toro» está preso y debilitado, y los que se quieren quedar con todo son de la banda «Los colombianos». Ellos están tirando en el barrio y van a bajar a los soldaditos de «Toro». Ya hay dando vueltas otros nombres de los pibes que podrían matar- dijeron voces anónimas. “Toro” Martinotti siempre estuvo vinculado a Los Monos y la muerte del “Roro” abre, de forma feroz, el segundo tiempo de un partido final que tuvo su entretiempo, su descanso, con la cuarentena. Ahora, cada vez más lejos del aislamiento, las calles asisten al reinicio de la disputa por los territorios. Mientras tanto, la circulación del dinero va mucho más allá de los barrios y parece no respetar ningún protocolo. “Roro”, de solamente 19 años, consumidor consumido, tal vez sea la señal de la continuidad de una disputa que volverá a aparecer en las páginas policiales. Chicas y chicos, en definitiva, víctimas, como siempre, de la perversión de un sistema que sigue girando en torno a los negocios impunes. Edición: 4004  

La isla virulenta
Publicado: Martes, 12 Mayo 2020 23:55
La isla virulenta

Por Ignacio PizzoFotos: Pandemia Fotográfica Sudaca (APe).- El aislamiento social, preventivo y obligatorio puertas adentro de un país cuyo voto es secreto universal y también obligatorio, ha sido en términos numéricos, y hasta el momento, una medida que contribuyó a disminuir la tendencia a la exponencialidad, en cuanto a contagios se refiere, por el virus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19. Sin duda que hasta la fecha la catástrofe se administra al filo de lo posible. Los números, como testigos estáticos del presente, se plasman en pantallas que son la imagen que nos devuelve un espejismo que será de variadas pulgadas según el caso: celular, televisión, monitor o tableta digital, al parecer para congraciarnos con nuestra conducta social. Hemos hecho una metamorfosis hasta reconvertirnos en pequeñas o medianas islas, potencialmente virulentas, y nuestra subjetividad se resignifica, de manera que se confunde si acaso somos islas de cooperación, de vigilancia, de sumisión o de miedo. El desconocimiento, el odio y la indiferencia hacia la otredad, trabajo sistémico que llevó años construir antes de un virus coronado de gloria, da sus frutos cada día. La cosecha se exhibe en emisiones de frases como: “en el país hay un aplanamiento de la curva de contagio, pero en las villas ha crecido el contagio de manera exponencial”. No es noticia que para los detentadores del llamado cuarto poder, las villas no sean consideradas parte del país. Tampoco merece especial mención quien haya sido el autor de esa frase. El punto está en la gravedad de esta degradación de la palabra con disminución de su valor hasta dejarla en negativo. Lugares como cárceles, geriátricos, villas, barrios populares, por mencionar algunos, parecen haberse convertido en un imaginario compartimiento estanco, a partir del cual, nuevamente la amenaza de lo diferente penetra en las islas del medio pelo, puras, occidentales y cristianas para inocularnos un virus que primero viajó en avión o en crucero, hecho que fue al parecer olvidado. Por cierto, el SARS-CoV-2, impresiona ser menos virulento que la indiferencia y la cultura del visitante interno o externo peligroso. El ocupante de la isla virulenta, llámese anciano, loco, recluso, villero o en fin persona, navegante solitario del naufragio sistémico, es la caricatura que precisamos dibujar para estrujarnos en nuestros triunfos y materiales de consumo, becerros de oro a los que nos aferramos y hemos creído merecer por la lógica del esfuerzo individual. Convertidos ahora, cada uno en islas cañoneras, abrimos fuego, y la solidaridad no es más que una caridad por estatuto. Mientras la bala del cañón mata en masa, derramamos mendrugos para los sobrevivientes. Nuestro cuerpo social enfermo de idolatría al consumo, se encontró indefenso frente a un microorganismo que ni siquiera es un ser vivo. Ante la aerosolización de partículas virales tuvimos como única respuesta posible un aislamiento sobre otro aislamiento previamente existente, el cultural individualista, triunfante en la era post-moderna. Claro está que estas palabras no menoscaban la cuarentena como medida en sí misma. No obstante, nuestro sistema mundo. Con la Pandemia preexistente del Hambre con sus sucursales, entre las cuales se encuentra Argentina cuyos números de pobreza por ingresos cercana al 40% y llega a tocar 60% en la franja etaria de la niñez y la adolescencia, no resulta inexperto ni mucho menos innovador en lo que al aislamiento se refiere. Hemos sido eficaces al implementar aislamientos de nuestros excedentes demográficos, pobres, locos, leprosos, tuberculosos, ancianos. Supimos, a lo largo de la historia armar rígidos apartheid urbanos, para cuidar la sacrosanta propiedad de los que se consideran portadores de ciudadanía. Marginalidad cuyo margen se ensancha. Historia de aislamientos Antecedentes históricos sobran: 1888, fue el año en el cual la Isla de Pascua fue anexada a la República de Chile. Según señala un informe del médico de la corbeta General Baquedano, los isleños tenían una alimentación y viviendas deficientes. Se presentaban casos de tuberculosis entre los jóvenes. Desde Tahití, en 1889 llegaron los primeros padecientes de lepra, lo que determinó la prohibición de que los isleños abandonaran la isla. No existía en aquel entonces ningún tipo de tratamiento, ni vacuna, ni medida de prevención. La enfermedad se extendió con celeridad, presentándose muchos nuevos casos en los años sucesivos. Se dictó la ley 3.220 por la cual se autorizaba la construcción de un leprosario y una escuela. Finalmente, a finales de la década de los setenta, se construyó un sanatorio, que reemplazó al antiguo leprosario. (1) “Una casa de alienados es un instrumento de curación; entre las manos de un médico hábil es el agente más potente contra las enfermedades mentales”. Así lo afirmaba el doctor Jean–Étienne–Dominique Esquirol (1772–1840), médico francés artífice de la ley de 1838 que obligó al Estado Francés a dar tratamiento a los “insensatos”, ya fuera a través de una red pública de asilos o bien apoyándose en los de carácter privado. Al amanecer del siglo XIX médicos como Esquirol, creyeron y alentaron la construcción de manicomios. Para la sociedad de entonces, ante la pérdida del juicio y la incapacidad de valerse por sí mismo, era "natural" auxiliar a los desvalidos, como se hacía con el resto de los enfermos, inválidos, tullidos o ciegos a quienes se daba abrigo y sustento. Sin embargo, la insensatez también instaba a la defensa contra cualquier sujeto que representara un peligro para sí mismo o para los demás. Pues así los sufrientes mentales podían ser segregados de la comunidad o sin ningún tipo de empacho eliminados, por ejemplo, entregándolos a los marineros para que se los llevaran lo más lejos posible, como en la enigmática Nave de los Locos. (Foucault, 1982:13–74; Tropé, 1997:141–143). (2). Zonas de no derecho Loïc Wacquant, profesor de Sociología de la Universidad de California, Berkeley, e investigador en el Centre de Sociologie, Européenne en París menciona que: “gueto en EEUU, banlieve en Francia, quartien periferici (o degradati) en Italia, Problemomrade en Suecia, favela en Brasil, villa miseria en Argentina, rancho en Venezuela” … “allí viven los parias urbanos del cambio de siglo” … “Se las conoce internamente y desde afuera como las zonas del no derecho”, “los sectores en problemas”, los barrios “prohibidos” o “salvajes de la ciudad”, como territorios de privación y abandono a los que se debe temer, de los que hay que huir y es necesario evitar pues constituyen focos de violencia, vicios y disolución social”. (3). En nuestro corriente 2020, se nos presenta la COVID-19 como una enfermedad que no distingue a qué sujeto infecta. Pero en un mundo donde la salud es un objeto de consumo, como cualquier mercancía, pobres, inmigrantes discriminados, marginalizados, explotados, son más vulnerables a la infección. Ignacio Ramonet en su nota de Página 12 del 29 de abril del 2020 pone el ejemplo de Singapur. En ese país las autoridades consiguieron en una primera instancia, controlar el brote epidémico. En esa ciudad-Estado sobreviven cientos de miles de migrantes venidos de países pobres, empleados en la construcción, el transporte, el empleo doméstico y los servicios. El país depende, para el funcionamiento de su aparato económico, de esos trabajadores. El aislamiento físico es prácticamente imposible en esos empleos. Muchos de esos inmigrantes tuvieron que continuar trabajando, aunque corrieran riesgo de infección. Una ley de ese país exige que los trabajadores extranjeros residan en "dormitorios", habitaciones para alojamiento de hasta una docena de hombres, con baño, cocina y ducha compartidos. A partir de esos núcleos, escribe Ramonet, el virus se volvió a dispersar, documentando que surgieron allí aproximadamente 500 nuevos casos de COVID 19. Un sólo "dormitorio" causó el 15% de todos los nuevos casos del país. (4). En Argentina, en cuestión de días, se focalizó la cuarentena, con dos consignas bien claras, una “quedate en tu casa”, otra “quedate en tu barrio”. Hemos incorporado la desigualdad sucumbiendo ante ella como parte del paisaje. Así el diseño urbano se decodifica en confinamiento en hogares y confinamientos barriales, hemos quizá admitido que los No-hogares de las periferias de nuestras ciudades son los espacios del desencanto, y por lo tanto lo que allí dentro ocurra, será en tal caso una implosión, un designio donde el excedente demográfico tendrá sobre sí el impacto demoledor del desprecio por parte de un lobo Hobbesiano desaforado. Un documento firmado por una cantidad importante de organizaciones y personalidades del campo social, artístico y organizaciones de derechos humanos, encabezado por Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel pone de manifiesto que al 4 de mayo la curva de contagios en la Villa 31 creció un 1900% sólo en cuatro días. Los barrios populares saltaron a 182 confirmados en la Capital Federal, de los cuales 107 corresponden al territorio que dejaron sin agua, cuando sólo tenía 3 infectados. En la Villa 1-11-14, murió una mujer sumergida en la pobreza crónica y tampoco se tomaron las medidas del caso, para evitar la proliferación del virus que ya infectó a 67 vecinos más. (5). Ni es ni será igual Se repite en el éter a modo de estereotipia que nada volverá a ser igual. Pero antes de conocer la existencia de esta enfermedad a gran escala nada era igual. La igualdad era un horizonte lejano antes del coronavirus y Argentina no era la excepción. Nada volverá a ser igual, porque la igualdad, proclama de la revolución francesa, no se conoce, y menos aún en nuestro tiempo. ¿Será peor, será más desigual? Nada volverá a ser igual, o nueva normalidad, eufemismos, en cualquier caso: ¿será peor aquello que era desigual? Las transformaciones sociales, no emergen de post-guerras o post-virus por generación espontánea. Existen en la historia ejemplos alcanzables de modificaciones que, aunque no persistieron a través del tiempo, podemos traer a nuestros días, para emprender una arremetida y arrolladora propuesta de subvertir la ordenada sociedad que mutila su propio futuro. 1-Fundación IO (One Health en Enfermedades Infecciosas, Medicina Tropical y del Viajero). 1 de abril del 2019.2-Cuicuilco vol.16 no.45 México ene./abr. 2009. La locura se topa con el manicomio. Una historia por contar.3-Wacquant, LoÏc. Los Condenados de la ciudad: Gueto, periferias y Estado 2da ed. Buenos Aires. (13-15).4- Página 12, 29 de abril de 2020 Ignacio Ramonet. Coronavirus: La pandemia y el sistema-mundo.5-Denunciaremos el crimen en la villa, frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos», lunes, 4 mayo, 2020. * Por Adolfo Pérez Esquivel y Nora Cortiñas, con el apoyo de todas y todos los abajo firmantes. Edición: 4001  

La parábola del Trinche
Publicado: Lunes, 11 Mayo 2020 12:38
La parábola del Trinche

Por Carlos del Frade (APe).- “Murió el Trinche Carlovich, el ídolo charrúa que fue golpeado en forma salvaje en un intento de robo”, titularon los diarios rosarinos el viernes 8 de mayo de 2020. Estaba internado en el Hospital de Emergencias “Clemente Alvarez” desde el miércoles 5 a la tarde. Tenía 74 años. El ídolo charrúa estaba internado luego de sufrir un brutal castigo en un intento de robo. "Carlovich ingresó con un traumatismo de cráneo grave, con algunas lesiones hemorrágicas, las medidas terapéuticas se fueron llevando hasta el tratamiento quirúrgico que pudo superarlo. Como suele ocurrir con ese tipo de lesiones, con el correr de las horas el hedema cerebrar y lesiones hemorrágicas tienden a aumentar de tamaño y condicionan la evolución del paciente", resumió la vicedirectora Andrea Becheruchi. El Trinche, emblema de Central Córdoba que tuvo fama nacional e internacional, sufrió graves heridas el miércoles a la tarde al ser sorprendido por ladrones cuando andaba en bicicleta en la zona de Eva Perón y Paraná. Uno de los delincuentes le asestó un feroz golpe con un palo en la cabeza y lo derribó al piso. Los maleantes se llevaron el rodado y Carlovich quedó gravemente lesionado, dicen las crónicas periodísticas. Hay en la historia individual del Trinche una ruta de la historia colectiva rosarina de los últimos cincuenta años. Como Olmedo, Carlovich repite un final absurdo, injusto. Figuras de los arrabales rosarinos que superaron las fronteras de la ex ciudad obrera y que en su trascendencia llevan señales de esta geografía tan particular y tan amada. El querido "Trinche" Carlovich no pudo gambetear el guadañazo artero que lo esperaba hace décadas. Desigualdades planificadas, violencias desbocadas. Ahora estarás en la bandeja de arriba esperando que las mayorías cambiemos las reglas de juego en la cancha grande de la realidad para que nadie, nunca más, mate para robar. Absurda, traicionera y dolorosa muerte que debe ser mucho más sentida en el querido barrio Tablada. La vida y la muerte del Trinche forma parte de la síntesis del barrio y la ciudad. El largo y doloroso viaje desde los años setenta al presente. Cancha chica del fútbol, cancha grande de la realidad. En aquella ciudad obrera, portuaria, ferroviaria e industrial y capital nacional del fútbol, el Trinche brillaba de una manera fenomenal. La planificada desindustrialización y desocupación cambió la piel de la ciudad. Piantó la ciudad obrera. Piantó la magia y también la pierna fuerte, si hacía falta, del Trinche. Y acá estamos. Mordiendo la bronca por el asesinato del Trinche, en una ciudad que debe, indefectiblemente, recuperar aquello que le fue robado para que el presente sea distinto. En el año 2014, escribimos: El 17 de abril de 1974 la selección rosarina de fútbol le dio un baile bárbaro a la Nacional.Fue en la cancha de Ñuls y en las tribunas convivían las siempre pesadas barras de canayas y leprosos. Pero ese día estaban juntas. Cuatro décadas después, ese idilio parece una ocurrencia demencial de un extraterrestre borracho. La Rosarina le ganó tres a uno al combinado que meses después disputaría el Mundial en Alemania bajo la dirección técnica de Vladislao Cap. La figura fue el número cinco, Tomás Felipe Carlovich, más conocido como “el Trinche”, el mejor jugador de todos los tiempos como suelen decir muchos. Era el emblema de Central Córdoba, el club surgido al costado del ferrocarril en el año 1906, en pleno corazón del barrio Tablada, tierra de laburantes donde floreció la experiencia cultural más notable de América del Sur: la Biblioteca Popular “Constancio C. Vigil”. Casi medio siglo después, el Trinche camina con problemas derivados de operaciones diversas y suele tener otros problemas para gambetear la marca a presión de empatarle al fin del día. Tablada, en tanto, se ha convertido en permanente referencia de las noticias policiales y Rosario, en líneas generales, sufre el saqueo de su vieja impronta productiva y laboral. La suerte individual de Carlovich parece reflejar el peregrinaje colectivo de la ciudad. Ahora, como la sonrisa de Olmedo, Carlovich estrenará nuevas historias, leyendas que no tendrán límites. Su vida, quizás, sea también la parábola de una ciudad que cobijó su magia cuando era obrera, portuaria, ferroviaria e industrial. Hoy que ya no lo es, fue víctima de una de las tantas violencias individuales que pueblan las noticias policiales. La parábola del Trinche, el vuelo definitivo de Olmedo, dicen algo de una suerte colectiva que todavía no quiere rebelarse contra los que imponen las reglas de juego a favor de las minorías. En la cancha chica y en la cancha grande de la realidad. Fuente: La parábola del Trinche (originalmente publicado en el libro “Soldaditos de nadie. Jere, Mono y Patom. Crónica de una lucha. Rosario, 2014); diarios rosarinos, viernes 8 de mayo de 2020. Edición: 3998  

Por Alberto Morlachetti y Miguel Angel Semán

(APe).- Caridad y represión. En el siglo XVI Europa se vio asolada por el hambre y las epidemias. Miles de campesinos marchaban hacia las ciudades en busca de alimentos,

porque sólo éstas poseían un sistema organizado de almacenamiento de provisiones.

Ante el avance de los andrajosos, las autoridades urbanas adoptaron medidas destinadas a dominar la situación y bajo el manto de la caridad pública comenzaron a funcionar los aparatos represivos.

En el año 1527 se dicta en Venecia una ordenanza o “primera ley de los pobres“ cuya finalidad esencial era el aislamiento de los menesterosos en hospicios provisionales, prohibiéndose su estacionamiento en las calles y en las plazas, so pena de azotes, prisión o expulsión de la ciudad. Un año más tarde prohiben el acceso a los mendicantes forasteros, a los propios se los obliga a trabajar en la marina por la mitad del salario normal y se recomienda a las comisiones parroquiales que pongan a las mujeres y a los niños a servir.

En 1534 frente al temor de nuevas epidemias y revueltas de pordioseros, fue creada en Lyon la "Limosna general", institución con facultades jurídico-policiales, encargada de distribuir las limosnas, controlar el orden y, fundamentalmente, combatir la mendicidad, la haraganería y el ocio, para lo cual contaba con seis servidores denominados “atrapa vagabundos“ y una torre enclavada en la muralla de la ciudad que cumplía la función de prisión de mendicantes. Los trabajos forzosos eran el medio educativo y punitivo aplicado en forma permanente a los pobres, a quienes se obligaba a trabajar encadenados por ninguna paga. Cuando en el año 1536 se introduce en la ciudad la manufactura de la seda, los niños e incluseros educados por la Limosna eran colocados en el sector. Lo significativo es que los mismos burgueses, promotores del trabajo forzoso como sistema de ayuda social, fueran los rectores de la Limosna General y, a la vez, los introductores de las nuevas ramas de producción en Lyon.

A fines del siglo en Norwich, Inglaterra, se organiza un sistema asistencial bajo formas represivas que tendrá consecuencias duraderas y prefigurará rasgos de una futura explotación capitalista. En 1570 se llevó a cabo un censo de pobres a fin de determinar quiénes eran aptos para el trabajo, incluyéndose entre ellos a niños entre siete y nueve años. Se creó entonces una casa de trabajos correccionales, con un régimen carcelario, administrada por el propio alcalde. Se trabajaba en ella desde el amanecer hasta el crepúsculo y quien no lo hacía no recibía comida. Para el empleo de las mujeres y los niños se designaban celadoras pagadas por la ciudad, que tenían la facultad de aplicar azotes a los tutelados. Todo este sistema era sufragado por un impuesto a favor de los pobres. Al cabo de un año de costearlo los ciudadanos de Norwich sacaron cuentas y observaron que el trabajo obligatorio de los ociosos había procurado a la ciudad un ahorro de 2.812 libras, un chelín y cuatro peniques. Aunque la evaluación de la miseria en términos de inversión de dinero resultara importante, la verdadera garantía de funcionamiento del sistema era la represión violenta, basada en la legislación regia contra la haraganería y aplicada por las autoridades ciudadanas mediante dispositivos locales de control.


La domesticación de la miseria


Han pasado casi quinientos años y el mundo cuasi virtual no sabe aún qué hacer con los hambrientos de la Plaza de San Marcos ni con los habitantes de la Villa 31. Nadie sabe cómo reducir a cenizas los cadáveres insepultos de la historia. Se le teme tanto a los ociosos del siglo XVI, con sus pestes y tumultos, como a los deportados del neoliberalismo. Los indígenas de Chiapas, el Movimiento de los Sin Tierra del Brasil, los ocupantes de asentamientos en el Gran Buenos Aires son las expresiones de resistencias organizadas ante las políticas de exterminio y domesticación de la miseria.

Los programas asistenciales de hoy, como ayer, proponen, la traza de una geografía domesticada del hambre, una organización represiva de la pobreza para impedir que irrumpa abruptamente con sus pústulas en medio de la bruñida sociedad que ha sustituido la realidad por su imagen. Para ello, desde los organismos de beneficencia se somete a los pobres a un asedio administrativo, humillante y perpetuo. Se les imponen juramentos y declaraciones que acrediten sus indigencias y enfermedades.

El sufrimiento infinito de los pueblos requiere de la firma de un funcionario público para hacerse verdad en los dominios de la burocracia y lograr apenas la excención de un sellado, un poco de leche o apenas un remedio que demore la muerte.

Subsiste, en este afán de hacer confesar al pobre su “maldita“ indigencia, un sedimento de añeja desconfianza, pero su finalidad última es la de obtener una clasificación de los menesterosos en propios y extraños, sanos o enfermos, inofensivos o peligrosos. Primitivo control de las disconformidades, censo de las tristezas, tomografía de lo marginal que permite evaluar a los gobernantes el gasto mínimo necesario, no para evitar muertes por carencia de alimentos, sino el estallido y la revuelta, el tumulto callejero que pueda alterar la calibrada injusticia del mercado y el orden público resguardado por custodias estatales o privados.

Mientras tanto, el hambre, tempestuoso como el mar, se niega a obedecer las disciplinas que pretenden someterlo al turno de los comedores escolares. Se enfurece y rompe los calendarios de la espera, corre por las calles y revuelve la basura, se lleva a la boca los mendrugos ajenos y los mastica “con sentimiento de ladrón“.


I


En el amanecer del siglo XXI la represión no precisa disfrazarse de caridad para salir a las calles vestida con sus mejores galas. La epidemia que traen consigo los desposeídos de nuestro tiempo no es la peste negra venida a Europa en el año mil, por la ruta de la seda y de la mano del progreso ni el mal de los ardientes, capaz de devorar a un hombre en una sola noche. Tiene otro rostro, tal vez menos espantoso, pero igualmente inquietante, y afecta el nervio más sensible de las sociedades contemporáneas. Es el mal de los derrotados, la pandemia que padecen los excluidos del sistema. Miles de enfermos portan el virus de la peligrosidad y el fracaso, constituyen en sí mismos, por el simple encadenamiento causal de sus existencias, un evidente riesgo social.

La queja de esa labil “opinión pública“, traída y llevada de la piedad al miedo y del miedo al odio, sensible a las variaciones bursátiles de los mercados remotos e indiferente a los horrores limítrofes, entonces deviene el reclamo, el encierro de los peligrosos y la segregación de los indeseables. Pero lo cierto es que nuestras sociedades ya han recluido y discriminado hasta el hartazgo y, luego de dos siglos de haber sido depositarios de la peligrosidad humana, las cárceles, los institutos de menores y los manicomios parecen haberse desfondado irremediablemente.

Ante la imposibilidad física de aplicar la prisión indefinida, las sociedades “evolucionadas“ se han cerrado sobre sí mismas, provocando en su repliegue la automática expulsión de los indeseables. Las cárceles están abarrotadas, pero la forma más novedosa y sutil de la prisión es esta condena a permanecer a la intemperie del mundo, del otro lado del espejo, en un calabozo de castigo cuyas paredes lindan con la nada. Tal vez el “remedio-sanción“ ideal para nuestros tiempos sea una vacuna cuya aplicación extirpe de raíz toda reminiscencia de dignidad humana, un anticuerpo que libre a los menesterosos de la tortura de la esperanza, los vuelva estériles e indiferentes a la belleza y los convenza para siempre, a ellos y a los hijos de sus hijos, que sólo han sido dotados para engendrar tristeza y parir desolación.


II


Como decía un personaje de Haroldo Conti: el mundo es grande, pero no tanto. Por eso los del lado de afuera, tarde o temprano, aparecen donde no deben. Entonces suenan las alarmas, las sirenas caen como una red sobre la noche y el Orden se defiende a sí mismo, a los tiros o “a duras penas“. Algunos se encuentran con la desmesurada injusticia de la muerte y otros reciben su cuota en un reparto de condenas que no persigue la punición modulada de ningún culpable sino “la inmunidad de los amenazados“, la protección absoluta “de los otros“, con independencia de toda noción de culpa.

Como medidas “preventivas“ se montan espectaculares operativos de rastrillaje, se inventan inverosímiles figuras como el “predelito“, la tolerancia cero, la mano dura. Es decir: se criminalizan las sospechas y se hace del prejuicio una tipificación penal. Luego se elaboran estadísticas -viejo vicio de los represores- que miden la superficie de la ciudad en metros cuadrados de peligrosidad humana y evalúan la eficiencia policial en horas-hombre de detención sin motivo. Estas cruzadas en la oscuridad son definidas por los funcionarios de la seguridad como procedimientos de rutina y, a decir verdad, conforman una rutina de la violencia que pretende recluir la exclusión dentro de cuarteles determinados, llámense Fuerte Apache, Villa Tranquila o Carlos Gardel, detrás de cuyos límites el homicidio, la violación y el robo no resultan alarmantes, en tanto y en cuanto la miseria y la monstruosidad igualan a los victimarios y a sus víctimas. De alguna manera, las calles, el barro, la droga y el miedo prolongan bajo el cielo abierto el esquema cerrado de las prisiones, adonde el mal debe ser confinado, como en los antiguos Hospitales Generales, dentro de su propia promiscuidad de mendigos, delincuentes, locos, desocupados y huérfanos.

Cuando alguno de los confinados rompe el cerco y mata, roba, secuestra o daña, el gran ojo mediático acude en busca de su presa y enfoca el fenómeno como producto de un encadenamiento de genéticas irreparables. La era digital nos permite ser tranquilos espectadores de estos retazos de realidad porque la pantalla del televisor no hiede como la piel de los humillados. El cerco de 24 pulgadas, como el espejo que guarda los horrores ajenos, conjura las presencias y desactualiza el mal, aunque los hechos estén ocurriendo en ese mismo instante a pocas cuadras de nuestra casa. Contemporáneamente, fuera de los noticieros y en el horario de las telenovelas, los mismos medios se encargan de difundir una versión “light“ de la marginalidad en esos indefinibles programas donde pobres disfrazados de pobres y maquillados de sí mismos representan el papel de héroes o víctimas de sus propios dramas. Así, la televisión logra una vez más sustituir la realidad por su imagen, y lo humano -despojado de su dimensión trágica- aparece exhibido como un simple muestrario de obscenidades. La miseria es visitada como la reserva natural del fracaso en el mundo del éxito excluyente.


III


Así como en la antigüedad, la espectacularidad y desmesura del castigo eran una manifestación del poder absoluto y arbitrario del Príncipe, y la aplicación de la pena buscaba restablecer el pacto jurídico-político que el delincuente con su conducta había dañado, nuestras condenas apuntan a quienes han quedado al margen de una sociedad sólo ensamblada por las leyes y conveniencias del mercado. Se castiga a los marginales, la “no pertenencia“, el desarraigo y el olvido a los que la misma exclusión económica los ha conducido, porque su presencia y sus actos atentan contra el nuevo pacto político de nuestro tiempo. La arbitrariedad de las penas actuales es el reflejo del cruel funcionamiento de un mercado que se alimenta, casi exclusivamente, de la despiadada eliminación del otro.

El neoliberalismo individualista castiga a los delincuentes que ha producido, a los que podría llegar a producir y a los que ya no lo serán jamás. Las víctimas predilectas del sistema penal son los heterogéneos y los vencidos del mundo, se persigue tanto a los “peligrosos“ como a los indefensos. Por eso encierra no sólo a los presuntos delincuentes, sino también a los ancianos y a los niños hambrientos. Cuando abandonamos a nuestros mayores detrás de las paredes de los geriátricos, dejamos con ellos no sólo el estorbo de unos cuerpos vencidos, sino también el sobrepeso de las memorias inútiles, la carga de las miradas que más secretamente nos conocen, las que nos vieron niños, enfermos, débiles o pobres y, al mismo tiempo, retiramos discretamente nuestras propias miradas del cruel espectáculo de sus agonías. Al encerrar a los niños con el pretexto de tutelarlos, lo hacemos porque no nos gusta que nos miren unos ojos ante los cuales siempre seremos culpables. El secuestro de la infancia en Institutos de Menores pretende abolir memorias aún no escritas, pero que presentimos terribles, historias que no deben andar sueltas porque pueden aparecerse mañana y cerrarnos el paso en cualquier esquina del futuro.


Epílogo sin fin


Un racismo bio-económico atraviesa la civilización posmoderna. Como en una imaginaria “Nave de los locos“, los pobres de la Era Digital han sido echados al mar de las ausencias y por allí navegan en busca de un puerto de aguas generosas, pero los vientos de la civilización los expulsan una y otra vez hacia sus patrias de origen: las islas de la desolación y el miedo. En el planeta de la economía global y el mercado sin límites sólo los capitales viajan sin restricción alguna, porque la tierra y el cielo, la dignidad y la brisa han sido vendidos y llevados muy lejos de aquí, a donde no puedan ser contaminados por el mal de la pobreza.

Pero nunca nada es demasiado afuera y nadie jamás ha conseguido ponerse a resguardo de la esperanza humana. Ya es hora de ir sabiendo, entonces, que los pasajeros ilegales, los hambrientos de siempre, los niños vagabundos y las mujeres perdidas, antiguos y eternos leprosos de la tierra, no son únicamente la muestra congelada de unas penas, son la imagen que algún día romperá el espejo y llegará al aquí. Entrarán en el mundo con sus nadas al hombro, los seguirá el aroma milenario de las lluvias y traerán el olor desenterrado de la tierra para enseñarnos de qué lado de la luz está la vida, en qué margen del exilio se ha refugiado el tiempo durante todos estos siglos de tristeza. Mientras tanto, como el viejo Mascaró en su lento carromato de desdichas, "nosotros los ustedes" seguiremos adelante, reclutando poco a poco la esperanza, contando pétalo por pétalo la fe recogida en los caminos.

 

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Galería fotográfica

 

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Hechos en imágenes

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Hambre

 Son siete los niños wichí que no llegaron a vivir dos años y que se murieron de hambre y de sed en este enero. 


Natalia Melmann

A 19 años de su secuestro, violación y asesinato, la familia de Natalia Melmann sigue reclamando justicia.


Colombia

Enero de 2020 es, hasta el momento, el mes más violento en contra de líderes sociales, políticos y comunales en los últimos cinco años en Colombia.


Lago Escondido

Comenzó la 5º Marcha por la soberanía del lugar que cercó Joe Lewis.Reclaman la apertura de los caminos que conectan la Ruta Nacional Nº40 con el lago.


Luciano

Se cumplieron 11 años desde el secuestro, desaparición y homicidio de Luciano Arruga. El pibe que le dijo que no a la policía.


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