Por Carlos del Frade

(APe).- “…La representación sindical se compromete a mantener la paz social absteniéndose de realizar los siguientes actos…celebración de asambleas dentro del establecimiento o en sus inmediaciones, paros, quites de colaboración, trabajo a reglamento y/o cualquier acto que pueda dañar a las personas, bienes o productos relacionados a la empresa, etc. Ello, dejando a salvaguarda el libre ejercicio de la actividad gremial de los delegados de empresa y su representación sindical de acuerdo a lo normado por la Constitución Nacional, los pactos internacionales incorporados a ésta, la ley 23.551 y su reglamentación…”, dice un fragmento del borrador que la empresa Carrefour quiso hacerle firmar al Sindicato de Empleados de Comercio a principios de 2018.

En pleno tercer milenio, la multinacional francesa prohibía el ingreso de la Constitución Argentina. Derogaba los derechos obreros que todavía forman parte del texto de la llamada Carta Magna.

Carrefour, a pesar de no imponer esta cláusula, logró su cometido y el mismísimo Ministerio de Trabajo de la Nación impulsó y celebró un proceso preventivo de crisis de tres años, nada menos, no solamente abriendo la posibilidad de retiros voluntarios, sino también del pago de salarios según el capricho de la multinacional.

La firma facturó, según su último balance publicado en 2017, 55.500 millones de pesos. A razón de 154 millones de pesos diarios; 6 millones y medio por hora y 107 mil pesos cada sesenta segundos. Es la sexta empresa que más vende entre las mil que más facturan en la Argentina crepuscular del macrismo.

Pero esta demostración de poder que busca el disciplinamiento laboral y elimina, puertas adentro, la Constitución de la Nación, no es más que una prueba de lo que sucede hoy con la mayoría de los trabajadores en estos arrabales del universo.

La proximidad del primero de mayo obliga a pensar estas maniobras de las grandes empresas en relación a lo que quieren arrancar de las conquistas laborales logradas, en la mayoría de los casos, con mucha sangre vertida.

Hay que recordar que la huelga en Chicago, aquel primero de mayo de 1886, marcaba la necesidad de tener ocho horas para el trabajo, ocho para el estudio y la alegría y ocho horas para el descanso y el amor.

El manifiesto de la convocatoria hablaba, además, de la explotación laboral de niñas y niños, mujeres y ancianos.

En la Argentina del presente, la mitad de los trabajadores está precarizada y el diez por ciento de más altos ingresos concentra el 31 por ciento del total de la riqueza que crean los ocupados y subocupados. Mientras en el subsuelo de la realidad, el diez por ciento que menos gana, apenas araña el 1,8 por ciento.

En la Argentina del presente, se sufren más de 402 mil accidentes laborales al año y un trabajador que busca ganarse la vida, la pierde cada veinticuatro horas.

En la Argentina del presente, la mayoría de los que no tienen trabajo son jóvenes menores de treinta años y la mayoría de los desocupados son mujeres.

En la Argentina del presente, la mitad de las chicas y los chicos están sumergidos en la pobreza, como también lo están la mitad de las jubiladas y los jubilados.

En la Argentina del presente, en medio de estas políticas que profundizan la concentración y extranjerización de las riquezas, la lucha de los trabajadores es la síntesis de la esperanza por una realidad distinta y mejor para los que son más en estos arrabales del mundo.

Por estos números, por esas intenciones de multinacionales como Carrefour, en cercanías del día internacional de los trabajadores, es imprescindible ratificar la plena vigencia de las banderas de aquella huelga en la construcción de un presente donde la igualdad, definitivamente, se ubique en el trono de la vida cotidiana de los argentinos.

Si no, el ejemplo de Carrefour se extenderá y los viejos derechos laborales serán condenados al olvido deliberadamente construido.

FUENTES: Documentos reservados del Ministerio de Trabajo de la Nación; Revista “Mercado”, número 1193. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Argentina, 2018.


Edición: 3604

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