(APe).- Ana Zabaloy era directora de la Escuela N° 11 de San Antonio de Areco. Murió el domingo a la siesta, atravesada por un cáncer que había retrocedido hace años. Pero que volvió después de la atroz fumigación a su escuela con 2,4D. Y de las anteriores, constantes, que fueron horadando su salud. Ana se enfermó y sufrió junto a sus niños el veneno del modelo. El que usan para producir. Y para matar lo que resista. Ana es una referencia para las luchas ambientales de este tiempo. Que son sistémicas. Porque los agronegocios son la mejor ropa del capitalismo. La despedida de Meche Méndez, enfermera del Garrahan y luchadora irreductible por estas quimeras, tiene todas las palabras necesarias.

Querida Ana:

 

Domingo, mediodía de sol. Me entero de tu muerte que, no por anunciada, disminuye el dolor. Me invade una profunda tristeza, impotencia y enojo, mucho enojo por tu injusta y temprana partida.

Como pasa en estas situaciones, hago memoria. Recordar, dice Galeano, es volver a pasar por el corazón ¿no?. Y sí, allí estás, lugar que te ganaste cuando –creo-, allá por el 2014, Damián Marino nos presentó porque “nos teníamos que conocer”. Y estaba muy en lo cierto. Días mas tarde te contacte y fui a conocer tus pagos: San Antonio de Areco, tu Escuela - la N°11, José Manuel Estrada - y lo más valioso claro: los alumnos. Pero, sobre todo, a palpar “in situ” eso que más de uno se niega a hacer en persona pero de lo que luego habla soberbiamente desde la comodidad de un sillón: la grave y triste realidad de las escuelas fumigadas.

Una vez ahí, disfrute de la sabiduría sencilla de Toto y los demás niños que, gracias a vos, comprendían como nadie de qué se trata esto de defender la Vida. Conocí sus bellos dibujos, documentos inapelables del daño que puede producir en cuerpo y alma este sistema envenenador al que políticos, jueces, prensa y sociedades científicas siguen (en su mayoría) avalando y poniendo bajo la alfombra.

Pienso que la fumigación sobre las escuelas debe ser uno de los delitos más aberrantes que este sistema comete y entendiéndolo así es que busqué por todos los medios que las voces de los damnificados se difundieran, a través de aquellos dibujos, de entrevistas y de su testimonio. Y en ese andar nos encontramos.

Tuvimos el honor de escuchar tu voz amorosa y contundente en el Hospital Garrahan; en los ateneos que, sobre esta problemática, venimos realizando con la Junta Interna de ATE desde el año 2011 y exponer allí también las obras de tus alumnos.

La militancia por una vida sin saqueo ni venenos tiene también su cara positiva; por ejemplo, conocer seres tan valiosos y humanos como vos. El lazo de amistad me llevó a visitarte en esa bella casa de Areco, en medio de naturaleza, verduras y flores que amorosamente cuidabas mientras la salud lo permitió.

Supe de tu enfermedad oncológica, estable durante más de una década, y supe también de la recaída de la misma a poco tiempo no más de padecer varias fumigaciones junto a tus alumnos.

Siempre me pregunto ¿A quién le cobraremos las vidas que este modelo se sigue llevando?

No tengo la certeza que tu recaída se deba a los venenos que hicieron incorporar a tu cuerpo de manera prepotente; pero sí, sin duda, tengo la certeza que esos tóxicos/venenos que largamente está ya comprobado que aumentan el riesgo de enfermar y morir a las personas expuestas No debieron estar ahí: solo así podríamos no asociarlos.

Ana querida, seguro permanecerá a partir de hoy, en los que te conocimos, una sensación de vacío e impotencia que tal vez solo calme con el tiempo y con las distintas batallas que seguiremos disputándole –ganándole- al sistema capitalista envenenador, para que los alumnos y las docentes como vos, puedan estar finalmente a salvo, en la escuela y en sus casas.

Y gracias por toda tu entrega. Siempre seguirás enseñando querida y bella Ana Zabaloy.

Meche Méndez

Edición: 3895

Recién editado

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